El convenio colectivo de la Liga F se muere el 30 de junio. No es una metáfora: el artículo 4 del texto publicado en el BOE fija ese día como fin de su vigencia. Y a tres semanas de esa fecha, la pregunta importante no es qué pedirá cada parte en la próxima negociación. Es otra más incómoda: ¿alguien puede demostrar que lo firmado la última vez llegó a existir fuera del papel?
Lo que el convenio promete
Conviene empezar por reconocer lo que el II Convenio, firmado en enero de 2025 por la Liga F con FUTPRO, Futbolistas ON y CCOO, puso por escrito. Sus artículos 42 a 45 recogen derechos que el fútbol femenino español llevaba años reclamando: guardería durante entrenamientos y partidos hasta los tres años del bebé, salas de lactancia tanto en el campo de entrenamiento como en el de juego, personal especializado para acompañar el embarazo y el posparto, un grupo de trabajo sobre maternidad y el compromiso de desarrollar iniciativas en salud mental. La cobertura de la firma destacó también las mejoras en los desplazamientos largos.
Sobre el papel, era el convenio más ambicioso de la historia de la competición en materia social. El problema es que, año y medio después, lo social sigue viviendo casi exclusivamente ahí: sobre el papel.
Lo que se puede comprobar
De todo el bloque social, la única aplicación que la propia Liga F ha cuantificado públicamente son 27 becas de estudio, citadas por su presidenta, Beatriz Álvarez, en la gala inaugural de esta temporada.
Del resto no hay rastro verificable. Ningún club ha anunciado una guardería en sus instalaciones. Ninguna sala de lactancia ha aparecido en una nota de prensa, en una foto, en una visita a un estadio. Tampoco existe, que se sepa, denuncia formal por su ausencia. Los derechos estrella del convenio habitan un limbo extraño: nadie puede demostrar que existen y nadie ha certificado que no.
Hay, eso sí, dos indicios que apuntan en una dirección concreta. El primero: en septiembre de 2025, FUTPRO —sindicato firmante del convenio— creó sus propias «Becas de Maternidad», que cubren, entre otros gastos, la matrícula en guarderías y la contratación de personal cuidador. Es decir: el sindicato paga de su bolsillo aquello que el artículo 43 obliga a garantizar a los clubes. El segundo: cuando AFE presentó en marzo su pliego para el próximo convenio, una de sus peticiones era un «protocolo específico para embarazos, incluyendo asistencia pre y posparto». Estaba pidiendo algo que el convenio vigente ya promete. Nadie pide lo que ya tiene.
“Un convenio no se mide por lo que firma. Se mide por lo que una futbolista puede señalar con el dedo.”
El dinero, sin trampantojos
El salario mínimo de esta temporada es de 23.500 euros brutos. La cifra de 28.000 euros que circuló al firmarse el convenio no es un derecho: es un techo condicionado a que los ingresos comerciales de la Liga F superen los diez millones de euros y generen un beneficio neto que debe certificar una auditora al cierre de cada temporada. No consta que ese variable se haya activado ninguna temporada. Mientras tanto, según datos publicados por Marca el pasado verano, unas 130 de las 370 jugadoras inscritas en la competición cobran menos de 23.000 euros.
Y donde el convenio sí es exigible, ha habido que exigirlo. En marzo de 2025, tras denuncia de FUTPRO, la Inspección de Trabajo concluyó que el Granada había vulnerado derechos de sus futbolistas: impago de la retribución mínima pactada, un descuento ilegal del 1% del salario destinado a la fundación del club y una cláusula nula de renuncia a indemnización. En junio de 2025, la capitana del Levante Badalona, Michele Vasconcelos, denunció públicamente impagos a diez compañeras; el club lo negó y anunció acciones legales.
La mesa vacía
Con este balance, el 30 de junio debería abrir la negociación más importante de la historia laboral de la Liga F. Lo que ha abierto, de momento, es un pleito.
AFE —que no firmó el II Convenio— lo denunció formalmente el 27 de marzo, dentro del plazo que el propio texto exige. Hubo una mediación en el SIMA que terminó sin acuerdo. El 3 de junio se celebraron elecciones para decidir quién se sienta en el banco sindical de la mesa: las futbolistas respaldaron a AFE con 177 de los 208 votos válidos, el 85%. Ese mismo día, FUTPRO, Futbolistas ON y CCOO —los tres sindicatos firmantes del convenio que expira— impugnaron el proceso ante la Audiencia Nacional, alegando que se hizo de forma unilateral, sin reglamento electoral consensuado y sin pasar por los vestuarios de FC Barcelona, Real Madrid, Athletic Club, Eibar y Badalona Women. AFE defiende que el proceso fue «totalmente legal, transparente y democrático». La Liga F, recién revalidada Beatriz Álvarez en la presidencia hasta 2030, no ha hecho público su posicionamiento al cierre de este artículo.
Resultado: a tres semanas del vencimiento, la mesa del III Convenio no está constituida. El convenio viejo no desaparecerá —seguirá vigente en ultraactividad mientras se negocia, con una subida ligada al IPC a cuenta del siguiente—, pero el fútbol femenino español llega a su cita laboral más importante con sus representantes en los tribunales.
La brecha que nadie discute
Hay un terreno en el que el papel ni siquiera llegó a prometer gran cosa: el día después. El II Convenio incluye el compromiso de desarrollar un programa de recolocación para las futbolistas que terminan su carrera; no hay noticia de que se haya desarrollado. No existen cotizaciones complementarias que compensen carreras cortas y salarios bajos. La petición de AFE de adecuar la actividad deportiva a la carrera dual apunta a ese mismo vacío: una futbolista de la Liga F puede retirarse a los 33 años con la vida laboral prácticamente por estrenar.
Ese es el orden correcto de la conversación que viene. Primero, verificar lo firmado: que guarderías, salas de lactancia y apoyo al posparto dejen de ser artículos de un PDF y alguien —la comisión de seguimiento, los sindicatos, esta prensa— pueda comprobar club a club que existen. Después, cubrir lo que nunca estuvo: la transición post-carrera y la jubilación. Y solo entonces, la cifra del salario mínimo, que volverá a llevarse todos los titulares.
Porque esa es la lección del convenio que ahora expira: en el fútbol femenino español ya no faltan derechos escritos. Falta poder señalarlos con el dedo.
Nota de la redacción: una versión anterior de este artículo, publicada el 3 de junio, afirmaba que el convenio de la Liga F no contemplaba guarderías, protocolos de lactancia ni medidas de apoyo al embarazo. No era exacto: esos derechos figuran en los artículos 42 a 45 del II Convenio desde enero de 2025. La cuestión, como recoge esta versión reescrita y ampliada, es su cumplimiento.