España no sabe jugar un Europeo femenino sub-19 sin terminar levantando la copa. Ha ganado los cinco celebrados desde que el torneo regresó en 2022. Ha cambiado de generación, de futbolistas y de seleccionador, pero no de destino. En Sarajevo, ante la Alemania que durante años fue la referencia de la categoría, un gol de Irune Dorado convirtió una nueva final en el octavo título de su historia.
El partido necesitó algo de tiempo para parecerse a España. Alemania salió con fuerza, fue agresiva en cada disputa y trató de impedir que el balón empezara a correr. Durante unos minutos lo consiguió. La selección española no encontraba la posesión y las alemanas imponían el tipo de final que habían imaginado: física, incómoda y con cada recepción discutida.
También tuvieron la primera gran ocasión. Felicia Sträßer remató de cabeza a bocajarro en el segundo palo y Laia López respondió sobre la línea. La parada sostuvo a España cuando todavía no había entrado del todo en el partido. Alemania no volvería a acercarse tanto al gol.
España comprendió pronto que no debía competir en el terreno que proponía su rival. Hizo correr el balón, aceleró después de cada recuperación y obligó a las alemanas a perseguir pases en lugar de cuerpos. Dos salidas rápidas bastaron para que Alemania comenzara a replegarse. A partir de ahí, la final cambió de dueña.
Rosalía empezó a aparecer desde la izquierda, Alba Cerrato amenazó continuamente la espalda de la defensa y Elene Gurtubay encontró espacios para llegar al remate. Celia Segura y Ainoa Gómez acompañaban cada ataque, mientras Irune sostenía la presión y daba continuidad al juego. Alemania, que había comenzado buscando a España arriba, terminó encerrada alrededor de su propia área.
Solo Janne Krumme evitó que esa superioridad llegara al marcador antes del descanso. La portera alemana se anticipó cuando Celia podía quedarse sola, cerró el paso a Rosalía y sostuvo a su equipo mientras las ocasiones españolas se acumulaban. A veces fue Krumme; otras, la falta de precisión en el último toque. España encontraba casi todo menos el gol.
El descanso no modificó demasiado el paisaje. Alemania volvió a salir con decisión, pero España ya sabía cómo desmontar su presión. Alba Cerrato recuperó en campo contrario y perdonó ante la portería. Gurtubay volvió a encontrarse con Krumme. Rosalía rompió líneas con un caño y convirtió cada aparición por la izquierda en una amenaza.
El gol llevaba demasiado tiempo anunciándose cuando llegó Irune.
Rosalía puso el balón en el área tras un saque de esquina e Irune Dorado apareció desde atrás, justo donde Alemania no la esperaba. No controló. Remató de primeras con la izquierda y envió el balón al fondo de la red. Después de una hora de dominio, España había encontrado por fin la única jugada que Krumme no podía detener.
El gol también explicaba el partido de Irune. Había recuperado, presionado y ayudado a España a salir de los minutos de mayor exigencia física. Cuando el encuentro reclamó una llegada desde segunda línea, fue ella quien ocupó el espacio. No necesitó mandar en todas las jugadas para decidir la más importante.
Alemania intentó reaccionar desde el banquillo y mediante el balón parado, pero España no defendió su ventaja escondiéndose. Siguió atacando. Alba volvió a correr hacia Krumme, Rosalía estuvo cerca de marcar un gol extraordinario después de superar a dos defensoras y Gurtubay rozó la sentencia. Incluso Irune buscó el segundo desde fuera del área.
Laia solo tuvo que aparecer de nuevo para alejar un córner en el tramo final. El resto del tiempo se consumió cerca del área alemana, entre la ambición española por sentenciar y la incapacidad de Alemania para recuperar el control que había tenido durante los primeros minutos.
España terminó la final como la había dominado: con el balón, en campo contrario y obligando a su rival a defender. El resultado fue corto. La distancia futbolística no lo había sido.
La selección española suma ya ocho títulos, dos más que Alemania, y ha ganado todas las ediciones disputadas desde 2022. Cinco finales consecutivas, cinco victorias. Lo extraordinario no es solo haber llegado hasta aquí. Es que, después de tanto ganar, España continúe jugando cada final como si todavía tuviera que conquistar su lugar.
La quinta también es de oro. Y lleva la firma de Irune Dorado.
