UN DÍA COMO HOY · 15 DE JUNIO
La efeméride del día en el fútbol femenino. Porque para saber dónde estamos conviene recordar de dónde venimos.
Hay fechas que parecen históricas el mismo día en que suceden. El 15 de junio de 2021, hace hoy exactamente cinco años, la Comisión Directiva del Consejo Superior de Deportes aprobó la profesionalización de la primera categoría del fútbol femenino: la convertía en la primera competición femenina profesional de España, a la altura legal de las masculinas. El entonces presidente del CSD, José Manuel Franco, lo resumió con una frase que se quedó: se saldaba “una deuda histórica” con unas futbolistas “discriminadas simplemente por su género”.
Conviene, eso sí, deshacer un equívoco. Aquel día no nació el fútbol femenino español. Ya había jugadoras extraordinarias, clubes serios, ligas disputadas y títulos. La profesionalización no creó nada: reconoció lo que el césped llevaba años demostrando. Las instituciones, sencillamente, aceptaron por fin una realidad.
Qué cambió aquel día
La decisión abrió la puerta a crear una entidad propia que organizara la competición de forma independiente de la Real Federación Española de Fútbol. De ahí nacería, ya en la temporada 2022-23, la primera edición profesional de la liga, hoy Liga F. Por primera vez, las dieciséis primeras del país competían con estatus profesional, convenio colectivo y un marco laboral que dejaba atrás la precariedad de los contratos a tiempo parcial.
Trajo, además, el final de un episodio bochornoso: el apagón televisivo. Durante tres temporadas, buena parte de los partidos no se habían podido ver por ningún lado, atrapados en un conflicto por los derechos de emisión. Que un país no pudiera ver a sus campeonas resumía mejor que ningún discurso el lugar en el que se tenía al fútbol femenino. Aquello se acabó.
Lo que vino después
El calendario ayudó. Menos de un año después de aquel acuerdo, en marzo de 2022, el Camp Nou se llenó dos veces para ver al Barça femenino, con más de 91.000 personas: récord mundial de asistencia en un partido de fútbol femenino. En la 2022-23, la primera ya profesional, el estadio azulgrana firmó el mejor promedio de público de su siglo. Y en el verano de 2023, España se proclamó campeona del mundo, una conquista que multiplicó patrocinadores, audiencias y nombres propios: Alexia, Aitana, Jenni, Olga Carmona dejaron de ser referencias de nicho.
En lo laboral, el avance es menos épico pero más estructural: los convenios colectivos han ido elevando el suelo. El salario mínimo garantizado pasó de los 16.000 euros del primer convenio a los 23.500 de la temporada 2025-26. La comparación con el fútbol masculino sigue siendo demoledora —y conviene no maquillarla: ese mínimo es un suelo con grietas, con un techo de 28.000 euros que nunca se ha activado y todavía un buen puñado de inscritas por debajo de la cifra—. Pero la pregunta correcta no es esa. Es si una futbolista profesional está hoy más protegida que hace cinco años. Y la respuesta es que sí.
Quizá el cambio más profundo, sin embargo, no aparezca en ninguna hoja de cálculo. Por primera vez, una niña que empieza a jugar puede imaginarse una carrera profesional entera sin que la idea suene a fantasía. Crece viendo partidos televisados, camisetas de Alexia o Vicky López en el paisaje cotidiano y una selección campeona del mundo. Los referentes son infraestructuras invisibles, y esa es una de las victorias que peor se miden y más pesan.
El suelo y el techo
No todo son buenas noticias, y negarlo sería hacer un flaco favor. Profesionalizar una competición no garantiza su sostenibilidad. La mayoría de los clubes siguen dependiendo de las estructuras masculinas que los sostienen; las diferencias de presupuesto son enormes, con un Barça que ha elevado el nivel a cotas que casi nadie puede seguir; y la asistencia media aún queda lejos de las grandes ligas europeas. La profesionalización mejoró el suelo. Todavía no ha equilibrado el techo. Pasos como la entrada de la Liga F en la Quiniela a partir de 2026-27 —con derecho a un porcentaje de la recaudación— apuntan hacia un modelo menos dependiente, pero el negocio aún no camina solo.
La estructura, otra vez en disputa
Y el aniversario llega con una nota agridulce. La casa que se empezó a construir aquel 15 de junio vuelve a tener grietas: el II Convenio Colectivo caduca el 30 de junio de 2026 y la negociación del III ha arrancado judicializada. AFE, avalada por más del 85% de las futbolistas en las elecciones del 3 de junio, se sienta a negociar mientras los firmantes del convenio anterior impugnan ese respaldo ante la Audiencia Nacional. La conquista de 2021 no fue un punto final, sino un punto de partida que cada temporada hay que volver a defender.
Por eso conviene recordar la fecha. No para celebrar que todo está hecho —no lo está—, sino para medir el trecho. Hace cinco años se discutía si el fútbol femenino merecía ser profesional. Hoy se discute cómo hacerlo crecer y, ahora mismo, quién tiene derecho a negociarlo. Son problemas más difíciles. También son los problemas de un deporte que ya ha superado la fase de tener que justificar su existencia. La línea de salida ya no se discute: se cruzó un día como hoy.