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TORNEOS

Los clubes europeos amenazan con no jugar el primer Mundial de Clubes femenino si la FIFA vende sus derechos sin ellos

La EFC exigió que la empresa conjunta pactada con la FIFA esté operativa antes de sacar al mercado los derechos televisivos del torneo de 2028. La carta llegó un día después de que las 55 federaciones de la UEFA aprobaran una amenaza de boicot y horas antes de que Infantino retirase el proyecto que desencadenó la crisis. Dos semanas después, la UEFA mantiene formalmente su amenaza y la condición de los clubes sigue vigente.

Final de la Champions femenina, Berlín 2015.
Final de la Champions femenina, Berlín 2015. Lienhard Schulz, CC BY-SA 3.0, via Wikimedia Commons (recortada)

El primer Mundial de Clubes femenino puede quedarse sin los principales clubes europeos antes de saber siquiera en qué país se jugará.

European Football Clubs (EFC), la asociación que representa a los clubes del continente, avisó a la FIFA de que sus clubes no disputarán la edición de 2028 si las dos organizaciones no ponen antes en marcha la empresa conjunta que ya tienen pactada para explotar comercialmente los torneos mundiales de clubes.

La carta fue enviada el 31 de julio al secretario general de la FIFA, Mattias Grafström, y está firmada por Charlie Marshall, director ejecutivo de la EFC. The Guardian reveló su contenido dos semanas después.

La exigencia es concreta y tiene un plazo. La sociedad debe estar plenamente operativa —y con autoridad exclusiva sobre todos los asuntos comerciales y operativos— antes de que comience la comercialización de los derechos televisivos del torneo femenino. Si no ocurre, la EFC retirará su apoyo y sus clubes no participarán.

La EFC no pedía nada inédito. Con la UEFA ya tiene en marcha desde 2025 una sociedad de ese tipo, UC3, para las competiciones europeas de clubes masculinas y femeninas.

El ultimátum no se limitaba al campeonato femenino. La carta advierte de que sus clubes no participarán en «ninguna edición futura» del torneo, y nombra expresamente las de 2028 y 2029, la femenina y la masculina. Pero la fecha límite que fija es la del torneo femenino.

Hay una segunda advertencia, menos comentada y de más alcance. Sostiene que la conducta del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, podría constituir un «incumplimiento sustancial» del memorando de entendimiento que rige la relación entre las dos organizaciones, e incluso motivo para rescindirlo. Y ese memorando, vigente hasta el 30 de diciembre de 2030, es justamente donde los clubes aceptan el calendario internacional de partidos y las normas que los obligan a ceder futbolistas a las selecciones.

Tres días de julio

La carta llegó en medio de la peor crisis institucional entre la FIFA, las federaciones y los clubes.

El 28 de julio, la FIFA presentó FIFA Forward Enterprise, una filial controlada por el organismo que reuniría sus derechos comerciales —televisión, patrocinios, entradas y licencias— y parte de la organización de sus competiciones.

El proyecto partía de una valoración inicial de 20.000 millones de dólares y contemplaba captar hasta 4.200 millones mediante la venta de participaciones minoritarias sin derechos de control.

El 30 de julio, las 55 federaciones de la UEFA aprobaron por unanimidad no participar en ninguna competición de la FIFA mientras la propuesta siguiera adelante. La Concacaf, en representación de sus 41 federaciones, rechazó también el proyecto.

El 31 de julio salió la carta de la EFC. Horas después, Infantino retiró FIFA Forward Enterprise.

Conviene leer los acontecimientos en ese orden. La EFC no tumbó el proyecto por sí sola. Se sumó, con una reivindicación propia, a una revuelta que ya estaba en marcha.

La diferencia es que su condición no consistía únicamente en retirar FIFA Forward Enterprise. Los clubes exigían constituir la empresa conjunta prometida por la FIFA. Por eso su ultimátum sobrevivió a la retirada del proyecto.

La retirada no cerró nada

La FIFA pidió disculpas a los integrantes de su Consejo y a las federaciones miembro por haberlos dejado al margen del proceso que condujo a la presentación de FIFA Forward Enterprise.

La UEFA respondió el 6 de agosto que esas disculpas no resolvían el conflicto. Las federaciones europeas habían planteado dos condiciones —la retirada de la propuesta y garantías vinculantes de que no se volvería a intentar una operación semejante— y solo se había cumplido la primera.

Su amenaza de no participar en las competiciones de la FIFA continúa vigente.

La de los clubes, también. Según The Guardian, la FIFA habría respondido a la carta comprometiéndose a convocar pronto una reunión para avanzar en la empresa conjunta, aunque el diario no lo presenta como confirmado. Ninguna de las dos organizaciones ha anunciado un acuerdo.

No hay, por tanto, un boicot confirmado al Mundial de Clubes femenino de 2028. Hay un ultimátum vivo cuyo desenlace depende de una negociación comercial que deberá cerrarse antes de que empiece la venta de sus derechos.

Europa tiene seis de los diecinueve participantes

La primera edición del Mundial de Clubes femenino se disputará entre enero y febrero de 2028, con diecinueve clubes y en una sede neutral que la FIFA todavía no ha anunciado.

Trece equipos accederán directamente a la fase de grupos: cinco de la UEFA y dos de la AFC, la CAF, la Concacaf y la CONMEBOL.

Los seis restantes —uno por cada confederación, incluida la OFC— disputarán una eliminatoria previa. Los tres vencedores completarán una fase de grupos de dieciséis equipos, repartidos en cuatro grupos de cuatro. Los dos primeros de cada grupo avanzarán a las eliminatorias.

Europa tendrá, por tanto, seis representantes: cinco con plaza directa y uno obligado a superar la fase previa.

La FIFA no ha publicado todavía el criterio con el que se repartirán esas plazas. Pero la amenaza de la EFC obliga a sus miembros, y una competición creada para reunir a los mejores clubes del mundo pierde su sentido si faltan los europeos.

Más de 140 clubes femeninos pertenecen a la EFC

La EFC no es una organización nueva. Es la antigua European Club Association, que cambió su nombre el 7 de octubre de 2025.

La asociación agrupa a más de 800 clubes de 55 países y territorios y está presidida por Nasser Al-Khelaïfi, presidente del Paris Saint-Germain. Cuando se produjo el cambio de nombre contaba con 139 clubes femeninos; su directorio actual habla de más de 140.

Ese es el dato que conviene retener, y también su límite. La amenaza no procede de una organización ajena al fútbol femenino: los clubes que podrían quedarse fuera del primer Mundial de Clubes están dentro de la que amenaza con retirarlos. Pero pertenecer y decidir no son lo mismo. La asociación multiplicó por más de tres su tamaño en pocos años abriendo la puerta, y de esos más de 800 socios solo una minoría tiene derecho de voto pleno.

Las dos palancas son torneos femeninos

Hay dos frentes abiertos contra la FIFA y cada uno ha elegido su punto de presión.

Las federaciones europeas amenazan con retirar a sus selecciones. La primera competición a la que eso afecta es el Mundial femenino sub-20 de Polonia, que comienza el 5 de septiembre y para el que se han clasificado seis selecciones europeas: la anfitriona, España, Francia, Inglaterra, Italia y Portugal.

Por ahora la amenaza no se ha ejecutado. Francia fue la primera federación en confirmar su participación, Nueva Zelanda anunció después que enviará a su selección, y la federación polaca asegura que no ha recibido ninguna comunicación de baja y que los preparativos siguen su curso.

Los clubes europeos, por su parte, amenazan con retirar a sus equipos, y han puesto como fecha límite el Mundial de Clubes femenino de 2028.

No hay que buscar necesariamente una intención en esa coincidencia. Hay calendario. El sub-20 es la próxima competición que la FIFA organiza, y el Mundial de Clubes femenino, al jugarse en enero de 2028, es el primero cuyos derechos salen al mercado.

Nadie ha tenido que elegir deliberadamente el fútbol femenino. Es lo siguiente que toca.

Eso no hace la situación menos grave. La hace más precisa.

Durante años, uno de los argumentos utilizados contra el fútbol femenino fue que no generaba dinero suficiente para entrar en las grandes negociaciones. Ahora ya está dentro de ellas. Y lo que se aprende al llegar es que formar parte de las cuentas importantes significa también servir de garantía cuando dos partes se enfrentan por un negocio que no se decide sobre el terreno de juego.

Lo que todavía no se sabe

No se sabe si la FIFA y la UEFA alcanzarán un acuerdo antes del 5 de septiembre, ni si alguna federación europea llegará a ejecutar la amenaza.

Tampoco se conoce el criterio con el que se repartirán las cinco plazas europeas directas y la de la fase previa del Mundial de Clubes. La FIFA no lo ha publicado.

No se sabe cuánto valen los derechos audiovisuales y comerciales de la nueva competición: ni la FIFA ni los clubes han puesto una cifra sobre la mesa. Y esa cifra es, exactamente, el objeto de la discusión.

Ni dónde se juega. Faltan alrededor de diecisiete meses y la sede sigue sin anunciarse.

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