En 2024, una encuesta de Adecco preguntó a más de 1.100 niñas y niños de entre 4 y 16 años qué querían ser de mayores. Las niñas respondieron: profesora, en primer lugar. Futbolista, en segundo.
El dato no procede de Liga F ni de la RFEF. Es la respuesta que dieron las propias niñas cuando les preguntaron cómo imaginaban su futuro.
Liga F difundió hoy los datos de licencias correspondientes a la temporada 2025/26: 127.242, un 15,8% más que el año anterior y casi el doble que en 2021, antes de la profesionalización. La patronal tiene un interés evidente en relacionar el crecimiento con la competición profesional. Pero el crecimiento es real: en cuatro años, el fútbol femenino español ha sumado más de 60.000 licencias. Pasó de 67.149 a 127.242. Casi se duplicó en el tiempo que una generación tarda en pasar de alevín a cadete.
No es una subida estadística cualquiera. Es un cambio de escala.
El contexto que falta en la nota de prensa
El número impresiona más aún si se mira desde fuera del comunicado.
El fútbol es la federación con más licencias totales de España, pero dentro de ella las mujeres siguen siendo aproximadamente una de cada diez personas federadas. Y en el conjunto del deporte federado español, las mujeres representan el 25,5% de las licencias: tres de cada cuatro siguen perteneciendo a hombres.
Hay otro dato que la nota de Liga F no menciona: el baloncesto cerró 2025 con 163.770 licencias femeninas, por encima de las del fútbol. El deporte que se reivindica como el mayor de España todavía no lidera entre las mujeres.
Nada de esto convierte el crecimiento en menos importante. Lo coloca en su sitio.
Crecer no es solo conseguir que entren
El otro ángulo que el comunicado no aborda es el de la permanencia.
Celebrar las altas es fácil. La pregunta más difícil es cuántas de esas 127.242 futbolistas renovarán su licencia dos, tres o cinco años después. Porque entre la inspiración y la continuidad hay una cadena de condiciones concretas —como detallamos en nuestra guía para inscribir a una niña en el fútbol— que no siempre está garantizada: un club cerca, plaza en la categoría correcta, horarios compatibles con el colegio, instalaciones que no sean las que sobran y un entorno que tome en serio al equipo femenino en lugar de tratarlo como un añadido.
Un sistema diseñado para 67.000 futbolistas no se convierte automáticamente en uno capaz de atender a 127.000. La demanda puede crecer mucho más rápido que los campos disponibles, las entrenadoras formadas o las competiciones territoriales con estructura suficiente. Y la adolescencia continúa siendo uno de los momentos más delicados para la permanencia en la práctica deportiva: ese problema no desaparece solo porque haya más niñas entrando.
El siguiente gran indicador no debería medir únicamente cuántas empiezan. También cuántas permanecen.
Lo que sí explica el número
La profesionalización importa en este crecimiento, pero no lo explica todo. Durante estos cuatro años España también ganó un Mundial, el Barcelona consolidó uno de los mejores equipos de Europa y una generación entera creció viendo a futbolistas españolas en televisión, en los periódicos y en los estadios. La visibilidad abre una puerta que antes estaba cerrada: es difícil imaginarse en un lugar que nunca aparece delante de ti.
Eso es lo que cuenta realmente el dato de Adecco. Las niñas no dicen que quieren ser futbolistas porque una liga profesional exista. Lo dicen porque ahora tienen a alguien a quien mirar.
Liga F tiene razón en celebrar el número. También es su trabajo. El nuestro es recordar que detrás de cada licencia hay una niña que encontró una razón para jugar, y que esa razón no puede depender únicamente de que la profesionalización funcione en la cima.
127.000 licencias. Casi el doble que hace cuatro años. Y una niña de ocho años en algún lugar de España que, cuando le preguntan qué quiere ser de mayor, dice futbolista.
Eso sí que es un cambio. El reto ahora es estar preparados para recibirlo.
