La firma de los acuerdos salariales para el fútbol femenino en España suele acaparar los titulares de los medios generalistas. Las cifras de los incrementos mínimos de las nóminas de las futbolistas profesionales se debaten de manera pública como el único termómetro del crecimiento de la competición. Sin embargo, para las protagonistas del juego, la verdadera batalla por la profesionalización y la dignidad laboral no se dirime únicamente en la cuantía mensual de sus cuentas bancarias, sino en la letra pequeña del convenio colectivo.

El fútbol femenino arrastra una inercia histórica de desamparo normativo. Aunque la Liga F ostente la categoría de liga profesional, muchas de sus estructuras laborales siguen ancladas en normativas obsoletas que no dan respuesta a las realidades biológicas, sociales y de transición vital de las futbolistas profesionales.

Conciliación, maternidad y derechos familiares

Uno de los puntos críticos y menos visibilizados es el derecho a la conciliación familiar y a la maternidad sin penalizaciones indirectas. Aunque los convenios recientes contemplan protecciones durante el embarazo, la realidad del día a día de una futbolista madre sigue enfrentando obstáculos insalvables. La ausencia de protocolos específicos de lactancia en los desplazamientos, la falta de guarderías en las instalaciones deportivas de entrenamiento o las dificultades para compaginar los horarios de viaje con el cuidado de menores evidencian una falta de perspectiva de género en la organización de la competición.

Ser madre y futbolista de élite sigue considerándose, de manera informal, una anomalía o un acto de heroísmo individual, cuando debería estar amparado por un marco normativo estructurado que garantice la continuidad y el apoyo institucional de los clubes.

"La verdadera profesionalización de la Liga F se mide en su capacidad para proteger a la futbolista como trabajadora y como madre."

Cobertura sanitaria integral y transición post-carrera

La salud física y mental de las deportistas representa otra brecha de derechos considerable. Las plantillas médicas de muchos clubes modestos de la competición siguen siendo insuficientes para atender la exigencia competitiva del alto rendimiento, limitando la disponibilidad de fisioterapeutas y psicólogos deportivos especializados. En un deporte con una incidencia de lesiones graves (como la rotura de ligamento cruzado anterior) muy superior a la masculina, contar con protocolos de rehabilitación estandarizados y cobertura médica a largo plazo es una necesidad existencial.

Asimismo, la transición post-carrera y la preparación para la jubilación activa siguen siendo asignaturas pendientes. El fútbol femenino profesional en España apenas ofrece programas coordinados de inserción laboral o cotizaciones complementarias, dejando a las jugadoras al borde del abismo profesional una vez cuelgan las botas. Es urgente legislar pensando en el día después del retiro de las canchas.