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SELECCIÓN ESPAÑOLA · JOSÉ MERA CUEVAS

España al ritmo de Rosalía

El 2-2 ante Suiza puede leerse como dos puntos perdidos, pero el estreno de la selección española en el Europeo sub-19 dejó algo más importante: un equipo con personalidad, un plan reconocible y futbolistas capaces de interpretar lo que necesitaba el partido. La entrada de Rosalía Domínguez cambió el ritmo; los movimientos de Ainoa Gómez hicieron el resto.

Foto de la selección española sub-19 en Bosnia y Herzegovina. Rosalía Domínguez (dorsal 22, de pie, segunda por la izquierda), Emma Moreno (dorsal 17, de pie, quinta por la izquierda) y Ainoa Gómez (dorsal 10, sentada, tercera por la izquierda) fueron las grandes protagonistas ante Suiza.
Foto de la selección española sub-19 en Bosnia y Herzegovina. Rosalía Domínguez (dorsal 22, de pie, segunda por la izquierda), Emma Moreno (dorsal 17, de pie, quinta por la izquierda) y Ainoa Gómez (dorsal 10, sentada, tercera por la izquierda) fueron las grandes protagonistas ante Suiza.RFEF

En el empate de España ante Suiza se puede ver un mal resultado. La selección remontó, tuvo ocasiones para sentenciar y terminó encajando el 2-2 desde un penalti muy discutible cuando la victoria parecía cerca.

Pero, cuando el partido se mira con detenimiento, también aparecen otras cosas.

Se ve un equipo capaz. Un equipo que se estrenaba en el campeonato y que, aun así, mostró personalidad. La personalidad que aparece cuando recibes un gol y respondes inmediatamente. La que se demuestra cuando te señalan un penalti discutible en el tramo final y, en lugar de hundirte, atacas con todavía más ímpetu en busca de la victoria.

España no ganó, pero dejó motivos para confiar.

Un equipo trabajado

Más allá de esa reacción emocional, se vio un equipo trabajado. Y no es sencillo conseguirlo en una selección de categorías inferiores, donde los periodos de preparación suelen ser reducidos y el tiempo para construir automatismos resulta limitado.

España comenzó el encuentro con un teórico 4-4-2 que se transformaba claramente cuando recuperaba el balón.

En fase ofensiva, el equipo se organizaba en un 3-2-4-1. La lateral derecha, Emma Moreno, se descolgaba de la defensa y ocupaba toda la banda para proporcionar amplitud y profundidad. Durante muchos minutos apareció más como una extrema que como una defensora.

En el lado contrario, la lateral izquierda cerraba su posición y completaba una línea de tres junto a las dos centrales. Por delante quedaban dos centrocampistas encargadas de sostener la posesión y proteger al equipo ante una posible pérdida.

La estructura permitía a España instalar muchas futbolistas en campo contrario y disponer de una jugadora abierta en la derecha desde la que ensanchar el terreno.

Suiza tenía un plan claro: acumular jugadoras en la zona central, reducir los espacios entre líneas y dificultar que España pudiera progresar mediante pases interiores. Quería convertir el centro del campo en una maraña y obligar a la selección española a jugar donde menos daño pudiera hacer.

Pero España no se estrelló contra el muro.

Simplemente lo rodeó por la derecha.

Emma Moreno fue una salida constante. Su posición adelantada le permitió recibir por fuera, avanzar y generar centros hacia el área. España entendió que no podía insistir permanentemente por dentro y encontró otra forma de acercarse a la portería.

No siempre consiguió rematar las jugadas, pero sí demostró algo relevante: tenía un plan y sabía modificar el camino sin abandonar la idea.

Llegó Rosalía y llegó el ritmo

En la segunda parte llegaron los cambios. Y con ellos llegó el ritmo.

Llegó Rosalía.

Sería injusto decir que el juego de España dependió de ella. La selección ya dominaba antes de su entrada, ya había generado ocasiones y ya había demostrado que podía someter a Suiza.

Pero existen futbolistas capaces de añadir al partido exactamente aquello que le falta. David Aznar entendió lo que necesitaba su equipo y Rosalía Domínguez interpretó perfectamente el encargo.

Entró con las mismas ganas que sus compañeras, o quizá con alguna más. Se abrió en la banda izquierda para terminar de ensanchar el campo desde el lado opuesto a Emma Moreno. España pasó a amenazar por los dos costados y obligó a Suiza a defender muchos más metros.

Rosalía no se limitó a pegarse a la línea de cal y esperar el balón.

Cada movimiento de sus compañeras era una información. Si alguien arrastraba a una defensora, ella ocupaba el espacio liberado. Si la jugada pedía amplitud, permanecía abierta. Si encontraba el pasillo interior, conducía hacia dentro y amenazaba con el disparo.

Se ofreció, desbordó, aceleró, golpeó desde fuera, atacó el espacio y levantó la cabeza para asistir.

Lo hizo prácticamente todo y de todas las maneras.

Su influencia se vio con claridad en el segundo gol. Después de varios intentos de disparo, recibió cerca del pico del área. La defensa suiza esperaba otra acción individual y centró su atención en ella. Rosalía controló, observó la llegada de Ainoa y envió un pase medido para que su compañera completara la remontada.

No fue únicamente una asistencia. Fue la consecuencia de todo lo que había sucedido antes. Suiza temía el disparo de Rosalía y dejó de mirar a quien llegaba desde atrás.

Ahí apareció Ainoa Gómez.

Dos goles y mucha intención

Ainoa fue la otra gran protagonista del encuentro, y no solo por marcar los dos goles de España.

Su partido fue también una demostración de cómo interpretar los espacios.

Partía desde una posición cercana a la mediapunta, por detrás de la delantera. En teoría, era precisamente la zona que Suiza quería cerrar con su acumulación de jugadoras. Permanecer allí, rodeada y esperando el balón al pie, habría supuesto desaparecer dentro de la estructura defensiva helvética.

Ainoa eligió otra cosa.

En lugar de insistir en recibir entre líneas, atacó una y otra vez los espacios. Se cruzó con la delantera, apareció a la espalda de las centrocampistas y llegó desde segunda línea cuando las defensoras estaban pendientes de otras amenazas.

Sus dos goles fueron importantes. Su intención durante todo el partido, todavía más.

En el primero reaccionó inmediatamente al tanto de Suiza y encontró el golpeo necesario para restablecer el empate. En el segundo entendió dónde debía aparecer mientras Rosalía atraía a la defensa.

Dos goles, sí. Pero también un encuentro lleno de movimientos inteligentes.

Algo más que un empate

España terminó empatando. Puede lamentar las ocasiones que no convirtió, el penalti señalado en el tramo final y una victoria que tuvo durante muchos minutos entre las manos.

También deberá corregir cosas. Su presión alta dejó espacios a la espalda y Suiza consiguió generar peligro cuando superó la primera línea. La ambición ofensiva exige precisión y una buena respuesta tras pérdida, porque cualquier error puede dejar a las centrales defendiendo muchos metros.

Pero este equipo no se escondió.

Quiso proponer, presionar, instalarse en campo contrario y ganar. Cuando encajó el primer gol, respondió. Cuando le empataron al final, volvió a atacar. En el tiempo añadido lo hizo quizá con más corazón que cabeza, pero nunca se resignó.

El partido terminó 2-2.

Sin embargo, esta España ganó algo en su estreno. Demostró que tiene una idea, que sabe competir y que posee futbolistas capaces de comprender lo que ocurre sobre el campo.

Al menos, se ganó mi confianza.

Ánimo, chicas. Esto acaba de empezar.

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JM

José Mera Cuevas

Fundador y Editor

Fundador y editor de FemGol. Aficionado al fútbol de toda la vida; simplemente cambió de canal y no piensa volver.

contacto@femgol.com