El 30 de mayo, con las entradas agotadas en el Antonio Puchades de Paterna, el Valencia perdía 0-1 contra el Villarreal desde el minuto 21 y veía cómo el regreso a Liga F se le escapaba entre los dedos. No era un descenso, pero empezaba a parecerse peligrosamente a una condena: una segunda temporada en la categoría de plata. En el minuto 99, Leyre Monente armó la pierna desde fuera del área y clavó el empate que valía un ascenso: con la eliminatoria igualada (0-0 en la ida), la mejor clasificación liguera de las valencianistas decidía. La prórroga dejó de ser una persecución y se convirtió en una resistencia. «Este es el día más feliz de mi vida», dijo Monente, que dedicó el gol a su abuela, fallecida dos semanas antes, y a su compañera Andrea Recio, lesionada de gravedad durante el curso.
«Este equipo nunca está muerto», resumió Mikel Crespo. Y la frase sirve para el partido, para la temporada y para el año entero de un club que el 11 de mayo de 2025, en la penúltima jornada, había consumado el primer descenso de su historia tras dieciséis temporadas seguidas en la élite. Hay ascensos que se celebran por lo que conquistan. Este se celebró también por lo que evitaba.
Las que se quedaron
Los descensos suelen contarse por las que se van. Hubo salidas, claro: el técnico Cristian Toro y la portera internacional Enith Salón pusieron rumbo al Servette. Pero la historia de este ascenso se explica mejor por las que se quedaron: las cuatro capitanas — Pauleta, Yasmin Mrabet, Sara Tamarit y Marina Martí — decidieron bajar a Primera Federación con el escudo. Alrededor de ese núcleo, el club construyó una plantilla nueva con trece fichajes, la canterana Marta Mascarell y Esther, dos jugadoras asentadas en el primer equipo. Después de caer, no bastaba con reunir talento: había que reconstruir un grupo.
Para el banquillo llegó Mikel Crespo (Galdakao, 1991), que sabía exactamente a lo que venía: en 2021 ya había ascendido a Primera al Alavés — el mismo Alavés que, en un guiño del calendario, ha subido este año por la vía directa como subcampeón. «Somos el Valencia y tenemos que mirar siempre hacia las cotas más altas», dijo en su presentación.
Una temporada para un partido
El plan funcionó por acumulación de orden: terceras en la liga regular con 46 puntos (12 victorias, 10 empates, 4 derrotas), 35 goles a favor y solo 18 en contra, la segunda mejor defensa de la categoría. No fue una máquina de atropellar rivales: fue un equipo difícil de romper, y en una temporada hecha para volver cuanto antes, conceder poco también fue una forma de tener prisa. El Puchades se convirtió en fortín y la portería en argumento: Jana Xin sostuvo al equipo hasta que una lesión en la vuelta de la semifinal la apartó del tramo decisivo, y Marina Llàcer respondió jugando la final entera. Arriba, los siete goles ligueros de Danielle Marcano lideraron el ataque.
Esa regularidad compró la ventaja que acabó decidiéndolo todo. «Todo el año para un partido», explicó Crespo. «Sabíamos que durante siete meses habíamos conseguido una ventaja: poder jugar aquí, que nos valiese el empate». Antes hubo que sobrevivir a una semifinal de infarto contra el Alba Fundación: 0-0 en Albacete y un 4-3 en la vuelta con expulsión en el minuto 43, media hora larga con diez, la lesión de Jana y un golazo de Mrabet desde cuarenta metros.
Volver a un sitio conocido
El Valencia no regresa a un territorio extraño. Su femenino, nacido en 1998 en el Colegio Alemán y vinculado al club desde 2009, llegó a ser tercero de la Liga Iberdrola 2016/17, rozando la Champions. El ascenso, además, no ha llegado solo: la estructura femenina del club ha firmado un curso histórico con cuatro ascensos, del primer equipo a la base, incluido el del filial, que su plantilla dedicó a Fernando Martín, su entrenador, fallecido en diciembre. El Valencia vuelve un año después de irse, que es el plazo de los que se van con intención de regresar.
Volver no es quedarse
La historia podría terminar aquí, porque el fútbol tiene debilidad por los finales redondos. Pero el Valencia no necesita un final: necesita un principio mejor que el anterior.
La próxima temporada será otra cosa. Liga F no concede demasiado tiempo para aprender: los márgenes se reducen, los errores se castigan más y la distancia entre competir y descender puede medirse en unas pocas jornadas mal gestionadas. El equipo necesitará refuerzos para afrontar el salto, como ha reconocido el propio Crespo. Todo apunta a que el técnico seguirá en el banquillo, aunque su renovación todavía no está cerrada. De la categoría del grupo, en cambio, no le quedan dudas: «Si algo ha demostrado este equipo es que es de Liga F».
El contexto añade responsabilidad: con el descenso del Levante, por primera vez en su historia, el Valencia queda como único representante de la Comunitat Valenciana en Liga F. No hereda el legado granota ni ocupa su lugar — cada club carga con su propia historia —, pero aterriza en una competición donde tendrá que sostener una presencia que el fútbol valenciano daba por sentada hasta hace muy poco.
El gol de Leyre Monente compró algo más que una prórroga. Compró tiempo: para reforzar una plantilla que ya ha demostrado carácter y para decidir qué quiere ser el Valencia CF Femenino cuando la emoción del ascenso deje de protegerlo. El minuto 99 servirá para recordar cómo volvió. Lo importante empieza en el minuto siguiente.
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