Cuando los demás niños corrían detrás del balón, Rose Lavelle esperaba fuera del grupo.
Tenía cinco años y jugaba en una liga mixta de la YMCA. Los dos equipos se desplazaban juntos, formando una multitud alrededor de la pelota. Rose era demasiado pequeña para imponerse allí dentro, así que empezó a observar desde la periferia.
El balón siempre terminaba saliendo.
Cuando lo hacía, ella aparecía.
Su madre, Janet, recordaría años después que Rose parecía saber desde entonces dónde estaba el espacio.
Aquella solución infantil contiene buena parte de la futbolista que llegaría después: una centrocampista que no necesita chocar para superar una presión, que cambia de dirección antes de que la defensora pueda ajustar el cuerpo y que encuentra caminos donde un instante antes solo parecía haber rivales.
Aprender a engañar
Rose Lavelle nació en Cincinnati, Ohio, el 14 de mayo de 1995. Es hija de Marty y Janet Lavelle y creció junto a sus hermanas Nora y Mary y su hermano John.
Empezó a jugar al fútbol porque quiso hacerlo. Marcó en su primer partido y trató de contener la sonrisa, como si celebrar demasiado pudiera revelar cuánto le había gustado aquella sensación.
A los ocho años conoció a Neil Bradford, un entrenador inglés al que siempre atribuyó su enamoramiento definitivo del juego.
Bradford no le pidió que compensara su tamaño aumentando la fuerza. Le enseñó a protegerse de otra manera.
Trabajaron el dominio del balón, los cambios de dirección y la capacidad de mantener la vista levantada mientras conducía. Rose empezó a llamar «trucos» a aquellos recursos porque le permitían engañar a sus rivales.
Con once años ya aparecía en los vídeos que Bradford utilizaba durante sus cursos para entrenadores. En una de aquellas grabaciones realizaba ejercicios de control con distintas partes del cuerpo y terminaba intentando una chilena en el jardín de su casa.
Lavelle pesaba alrededor de 36 kilos cuando empezó el instituto. Algunos padres preguntaban si era realmente de la misma edad que las demás jugadoras. Al terminar los partidos, la pregunta solía ser otra: cómo podía una futbolista tan pequeña resultar tan difícil de detener.
La futbolista que otros tardaron en ver
En el Mount Notre Dame High School de Cincinnati, Lavelle terminó convertida en la máxima goleadora histórica del equipo. Después aceptó una plaza en la Universidad de Wisconsin.
Allí estudió Sociología, fue elegida cuatro veces en el primer equipo de la Big Ten y se convirtió en la primera futbolista que ganó dos años consecutivos el premio a la mejor centrocampista de la conferencia.
También fue la primera jugadora de Wisconsin que recibió tres reconocimientos All-America consecutivos.
Su progresión universitaria la llevó a la selección estadounidense sub-20. Fue elegida mejor jugadora del Campeonato de la Concacaf de 2014 y disputó todos los minutos de Estados Unidos en el Mundial de la categoría de aquel año.
En enero de 2017, Boston Breakers la eligió con el número uno del draft de la NWSL. Dos meses después debutó con la selección absoluta contra Inglaterra.
La trayectoria parecía avanzar sin interrupciones hasta que su cuerpo empezó a detenerla.
En junio de 2017 sufrió la primera de tres roturas musculares diferentes en los isquiotibiales. Regresó, volvió a lesionarse y, cuando pensaba que la recuperación había terminado, una resonancia mostró una tercera rotura.
El problema no desapareció al terminar el dolor. A su regreso evitaba conducir, soltaba el balón demasiado pronto y prefería entregárselo a compañeras que consideraba más importantes.
Megan Rapinoe insistió en que aquella prudencia no ayudaba al equipo. Para ser útil, Rose debía volver a asumir riesgos.
El gol que la presentó al mundo
Lavelle llegó al Mundial de 2019 como una jugadora conocida dentro del fútbol estadounidense, pero todavía secundaria para buena parte del público internacional.
Salió de Francia como una de las figuras del torneo.
Fue titular en seis de los siete partidos de Estados Unidos y marcó tres goles. Su conducción ofrecía al equipo una forma de progresar diferente a la potencia por las bandas o al juego directo de sus delanteras.
Rose recibía entre líneas, atraía una rival y aceleraba con una frecuencia de pasos que dificultaba anticipar el momento exacto del regate. Su pie izquierdo podía continuar la jugada con un pase o llevarla directamente hacia el área.
La acción que terminó definiendo su Mundial empezó cerca del círculo central.
Estados Unidos ganaba 1-0 a los Países Bajos en la final cuando Lavelle recibió con campo por delante. Condujo hacia el área, esperó el retroceso de las defensoras y golpeó desde la frontal.
El balón entró junto al poste. Era el 2-0.
Lavelle terminó el campeonato como campeona del mundo y recibió el Balón de Bronce como tercera mejor futbolista del torneo.
El gol no creó a aquella jugadora. Solo permitió verla en el escenario más grande.
Sus cambios de dirección y su capacidad para reconocer un espacio antes de que se abriera procedían de mucho más atrás.
Una carrera entre interrupciones
En agosto de 2020, Lavelle dejó Estados Unidos para incorporarse al Manchester City. Disputó 26 partidos y marcó cinco goles durante su única temporada en Inglaterra.
También ganó la FA Cup. Fue titular en Wembley durante la final aplazada de la temporada 2019/20, en la que el City derrotó al Everton por 3-1 después de la prórroga.
En 2021 regresó a la NWSL para jugar con OL Reign. Un año después fue titular en los 17 partidos de liga que disputó, marcó cinco goles y ayudó al equipo a conquistar el NWSL Shield.
La continuidad volvió a romperse en 2023. Un problema de rodilla limitó su temporada regular a cuatro encuentros y la obligó a disputar con restricciones el Mundial de Australia y Nueva Zelanda.
Lavelle regresó a tiempo para los play-offs de la NWSL. OL Reign alcanzó la final y ella marcó el único gol de su equipo, pero Gotham FC ganó por 2-1.
Dos meses después, Gotham la contrató como agente libre.
La jugadora que marcó en las dos finales
La primera temporada de Lavelle en Nueva York comenzó con otra lesión, pero terminó con siete goles en la fase regular, su mejor registro en la NWSL. Entre medias, ganó el oro olímpico con Estados Unidos en París.
Un problema persistente en el tobillo la obligó a pasar por el quirófano en enero de 2025. No volvió a competir hasta junio.
Cinco meses después de su regreso, Gotham alcanzó la final de la NWSL.
El partido contra Washington Spirit permanecía empatado cuando, en el minuto 80, Lavelle recibió cerca de la frontal y marcó con la izquierda el único gol del encuentro.
Había anotado en la final de 2023 y volvía a hacerlo en la de 2025, esta vez para ser campeona. Fue elegida mejor jugadora del partido y se convirtió en la única futbolista que ha marcado en dos finales de la NWSL y en una final de la Copa del Mundo.
La temporada terminó con el primer premio a la mejor futbolista estadounidense del año de su carrera.
Lo recibió después de haber pasado casi medio año aprendiendo otra vez a confiar en su cuerpo.
Un futuro que Gotham intenta asegurar
Lavelle continúa jugando para Gotham durante la temporada 2026. A 13 de agosto suma 122 partidos, 29 goles y 29 asistencias con la selección de Estados Unidos, según los registros oficiales de U.S. Soccer.
Su contrato termina al finalizar el año.
Desde el 1 de julio figura en la lista oficial de jugadoras elegibles para la agencia libre de 2027. Puede negociar su próximo contrato con Gotham o con cualquier otro equipo, aunque seguirá vinculada al club hasta que concluya la temporada.
La presidenta de operaciones deportivas de Gotham, Yael Averbuch West, ha reconocido que el club trabaja diariamente para renovarla. También admitió lo evidente: cualquier equipo querría fichar a Rose Lavelle.
Por ahora no existe un próximo destino confirmado.
El equipo que consiga su firma incorporará a una campeona del mundo, campeona olímpica y dos veces goleadora en una final de la NWSL.
Pero también a la misma futbolista que empezó a comprender el juego cuando era demasiado pequeña para entrar en la multitud y descubrió que, si sabía esperar, el balón siempre terminaba encontrando el espacio en el que estaba ella.