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JUGADORAS

Teresa Abelleira aprendió a jugar antes de recibir el balón

El fútbol de calle, tres años en el Poio Pescamar y una comprensión del juego que ya sorprendía a sus entrenadores con 16 años explican a la centrocampista que fue titular en los siete partidos de la España campeona del mundo.

Teresa Abelleira, antes de un Vålerenga-Real Madrid de la Champions en octubre de 2023.
Teresa Abelleira, antes de un Vålerenga-Real Madrid de la Champions en octubre de 2023. MichaelEmilio, CC BY 4.0, via Wikimedia Commons

Debajo de la casa en la que creció Teresa Abelleira había un campo.

Allí jugaba con su hermano Tomás, su padre Milo, su primo y los amigos. El balón también los acompañaba a las playas de Covelo y A Lanzada, donde los dos hermanos podían pasar horas intentando que no cayese al suelo.

Abelleira lo resume sin darle demasiadas vueltas: «Siempre digo que soy del fútbol de la calle».

Aquel campo de A Caeira fue su primer espacio de aprendizaje. El segundo estuvo en la pista.

Entre ambos empezó a formarse una centrocampista que no necesita conducir demasiado para avanzar, que recibe con el cuerpo preparado para continuar la jugada y que suele saber dónde está su siguiente pase antes de que le llegue el balón.

La única niña del AJ Lérez

Teresa Abelleira Dueñas nació en Pontevedra el 9 de enero de 2000. Su padre, Milo Abelleira, desarrolló una larga carrera como entrenador en clubes como el Pontevedra, el Celta B, el Ourense o la Cultural Leonesa. Su hermano también fue futbolista y pasó, entre otros equipos, por el Pontevedra y el Compostela.

Teresa creció acompañándolos a partidos y entrenamientos. Su padre aconsejaba cuando ella se lo pedía, pero la familia nunca convirtió el fútbol en una obligación.

Empezó con cinco años en el AJ Lérez. Era la única niña del equipo y continuó jugando con chicos hasta que, una década después, apareció la posibilidad de incorporarse al Deportivo.

Durante tres de aquellos años compaginó el fútbol once con el fútbol sala en el Poio Pescamar. Con el club pontevedrés fue campeona de España en categoría cadete.

Aquella etapa no es un detalle secundario de su biografía. La propia Abelleira explicó cómo influyó en su juego: en la pista tenía menos espacio, debía decidir antes y necesitaba ser más precisa.

Sus referentes también ayudan a entenderla. De pequeña se fijaba en Andrea Pirlo y en Vero Boquete, la gran futbolista gallega de la generación anterior. Conoció a Vero en uno de sus campus en Santiago y creció observando a una jugadora que había tenido que abandonar España para desarrollar su carrera profesional.

El Deportivo creció con ella

En 2016, Teresa aceptó la propuesta de un Deportivo que acababa de crear su equipo femenino. Tenía 16 años.

Buena parte de aquella primera plantilla procedía de la selección gallega cadete. No era un equipo construido alrededor de futbolistas consagradas, sino un proyecto que debía crecer al mismo tiempo que sus jugadoras.

Manu Sánchez, su entrenador durante las cuatro temporadas que pasó en A Coruña, la utilizaba principalmente como interior. Lo que más le llamó la atención no fue un regate ni un golpeo, sino su manera de interpretar cada recepción.

Con 16 años, Abelleira ya buscaba primero la asociación con una compañera. Comprendía el juego como una futbolista mucho más experimentada y asumía responsabilidades que no correspondían a su edad.

Seis meses después de su llegada, en enero de 2017, Teresa y Raquel Béjar firmaron los primeros contratos profesionales concedidos por el Deportivo a jugadoras de su equipo femenino. Fueron también las primeras futbolistas con ficha profesional en un club gallego.

La precisión es importante. No fueron las primeras gallegas que recibieron dinero por jugar al fútbol: Irene González ya había cobrado por hacerlo durante los años veinte. Lo que representaron aquellos contratos fue el comienzo de otra etapa dentro de la estructura de un club profesional.

El Deportivo necesitó tres temporadas para ascender. En la campaña 2018/19 terminó invicto, con 25 victorias y un empate, y superó las eliminatorias contra el Alhama y el Femarguín.

Su estreno en Primera División confirmó que el equipo no había llegado únicamente para sobrevivir. El Deportivo ocupó el liderato durante varias jornadas y terminó cuarto cuando la pandemia obligó a detener la competición.

Aprender la parte menos natural

En el verano de 2020 dejó A Coruña para incorporarse al Real Madrid en la primera temporada oficial de su equipo femenino.

La adaptación no fue inmediata. Teresa había vivido toda su carrera en Galicia, llegaba a un proyecto con más competencia y todavía debía desarrollar una parte de su juego.

Podía actuar como interior o como pivote, pero su talento se manifestaba principalmente con el balón. Ella misma reconocía entonces que le costaba más defender. En Madrid añadió trabajo físico, análisis de vídeo y una mejor comprensión de los espacios que debía ocupar cuando no tenía la posesión.

No dejó de ser una centrocampista asociativa. Aprendió a proteger mejor aquello que organizaba.

Esa evolución amplió sus posibilidades. Podía aparecer cerca del área, jugar como interior o retrasar su posición para iniciar los ataques por delante de la defensa. Su orientación corporal, el giro bajo presión y el desplazamiento largo le permitían acelerar el juego sin necesidad de correr con el balón.

Terminó su etapa en el Real Madrid después de seis temporadas, 170 partidos y 13 goles, según las cifras oficiales del club.

De entrar por una lesión a jugar todo el Mundial

Su crecimiento también puede seguirse a través de la selección española.

Abelleira fue subcampeona de Europa sub-17 en 2016. Dos años después ganó el Europeo sub-19, marcó desde fuera del área el único gol de la semifinal contra Dinamarca y fue incluida por la UEFA en el equipo del torneo.

Debutó con la selección absoluta el 27 de noviembre de 2020. Entró en el minuto 60 por Aitana Bonmatí durante una victoria por 10-0 contra Moldavia.

Su presencia todavía no estaba asegurada cuando llegó la Eurocopa de 2022. Jorge Vilda la descartó en el último corte, pero la lesión de Salma Paralluelo abrió de nuevo la convocatoria. Teresa se incorporó al equipo y acabó siendo titular en los cuartos de final contra Inglaterra.

Un año después ya no necesitó una baja de última hora.

Fue titular en los siete partidos que disputó España en el Mundial de Australia y Nueva Zelanda. Ocupó una posición más retrasada que la que había desempeñado durante buena parte de su carrera y se convirtió en la pieza que conectaba la salida del balón con las interiores.

También marcó uno de los goles del campeonato. Contra Zambia recogió un balón fuera del área y lo colocó en la escuadra con un golpeo que reunió dos rasgos presentes desde sus inicios: poco tiempo para decidir y precisión para ejecutar.

Sus estadísticas describen mejor su influencia que el gol. Abelleira completó 461 pases y creó 24 ocasiones, más que cualquier otra jugadora del torneo, según los datos de la FIFA.

España terminó levantando su primera Copa del Mundo. Teresa añadió después la Liga de Naciones de 2024 y disputó los Juegos Olímpicos de París.

La lesión que interrumpió su carrera

El 25 de febrero de 2025, durante un entrenamiento de la selección en Wembley, Teresa sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco externo de la rodilla izquierda.

La lesión la apartó del final de la temporada y de la Eurocopa de 2025. Su recuperación se prolongó durante más de un año.

En marzo de 2026 volvió a trabajar con sus compañeras del Real Madrid después de 393 días, pero no llegó a disputar otro partido oficial antes de que terminara su contrato. El club anunció su salida el 12 de junio.

A 13 de agosto de 2026 no se ha comunicado oficialmente su próximo destino. Se ha informado de propuestas e interés desde España, Inglaterra, Italia, Alemania y Estados Unidos, pero ninguna de esas posibilidades se ha convertido todavía en un fichaje confirmado.

Esa incertidumbre explica por qué vuelve a hablarse de Teresa Abelleira. No explica quién es.

Su próximo club cambiará la última línea de su trayectoria. El resto comenzó a escribirse mucho antes: en el campo situado debajo de su casa, en los espacios reducidos del fútbol sala y en aquella futbolista de 16 años que recibía el balón pensando primero en dónde estaba su compañera.

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