El 28 de marzo de 2026, el RCD Espanyol derrotó al Levante por 1-0 en la Ciudad Deportiva Dani Jarque y aseguró matemáticamente su permanencia en Liga F.
La fecha parecía escogida por alguien con afición a las simetrías.
Exactamente 55 años antes, el 28 de marzo de 1971, un grupo de futbolistas vestidas de blanquiazul había salido al césped del Camp Nou para disputar la final de la Copa Pernod. Delante tenían a la Penya Femenina Barcelonista, el embrión del actual Barça femenino. En las gradas, más de 30.000 personas —las semifinales, disputadas en Sarriá, habían llegado a reunir unas 40.000—. El Espanyol ganó 2-1.
Aquel partido fue el primer derbi femenino de la historia. También fue el primer título de una sección nacida apenas unos meses antes y el comienzo de una trayectoria que acabaría convirtiendo al club perico en una de las instituciones fundamentales del fútbol femenino español.
Más de medio siglo después, el Espanyol no estaba celebrando una copa. Estaba asegurándose el derecho a continuar un año más en Primera División.
La distancia entre ambas escenas contiene la historia completa.
Antes de que el fútbol femenino tuviera un lugar
No existe un acta fundacional perfecta. La historia de los primeros años del fútbol femenino español rara vez ofrece esa comodidad documental.
La sección perica comenzó a tomar forma alrededor de 1970. La fecha exacta y la autoría de su creación admiten distintas versiones. Algunas fuentes señalan a Lluís Oliva, empresario y figura decisiva en los primeros pasos del equipo. Otras recuerdan el papel de Fina Torres, que posteriormente ejercería como presidenta. Lo indiscutible es que Julián Arcas, antiguo delantero del Espanyol, fue su primer entrenador.
Lo demás pertenece a una época en la que casi todo debía construirse desde cero.
Las jugadoras utilizaban camisetas prestadas por el equipo masculino, pagaban parte del material y afrontaban de su bolsillo algunos desplazamientos. El club femenino todavía no era una estructura asentada dentro de la institución. Era un grupo de mujeres abriendo un espacio donde apenas existía terreno firme sobre el que caminar.
La victoria de 1971 en el Camp Nou no llegó después de años de preparación. Llegó prácticamente al principio.
El Espanyol superó al Atlètic Sabadell en semifinales y derrotó después al conjunto barcelonista ante una asistencia hoy difícil de imaginar incluso para muchos encuentros de la Liga F. Durante los años siguientes se convirtió en una referencia del fútbol catalán y comenzó a levantar una historia que no puede reducirse a una nota al pie dentro del relato masculino del club.
Aquellas futbolistas no estaban ocupando una sección secundaria.
Estaban fundando una tradición.
Un pasado que no cabe en una vitrina
La dimensión histórica del Espanyol no depende únicamente de su antigüedad.
El club ganó su única Liga en la temporada 2005/06 y completó aquel curso con la Copa de la Reina. También conquistó el torneo copero en 1996, 1997, 2009, 2010 y 2012. Seis Copas en total.
Durante una parte importante de la historia del fútbol femenino español, el Espanyol no fue un superviviente entrañable ni una institución respetable por su pasado. Fue uno de los equipos que aspiraban a ganar.
Esa diferencia importa.
La memoria deportiva corre el riesgo de deformarse cuando se contempla únicamente desde el presente. El dominio contemporáneo del FC Barcelona puede hacer pensar que la distancia entre ambos clubes siempre fue la misma. No lo fue. Antes de que la profesionalización transformase la escala del fútbol femenino, el Espanyol construyó una de las trayectorias más importantes del país y convirtió el derbi barcelonés en algo más complejo que un partido con un favorito evidente.
No se trata de reclamar un regreso imposible a otro tiempo.
Se trata de comprender qué se perdió por el camino.
Tres años fuera de Primera
El descenso de la temporada 2020/21 no fue solamente una mala campaña. Fue la señal visible de un deterioro prolongado.
El Espanyol pasó tres temporadas en la segunda categoría. Para un club con su palmarés, la palabra histórico dejó de funcionar como reconocimiento y comenzó a adquirir un significado peligroso: el de institución que conserva una importancia simbólica mayor que su peso competitivo real.
El regreso llegó en mayo de 2024, después de superar al AEM en semifinales y a Osasuna en la eliminatoria decisiva del playoff. En la vuelta de la final, disputada en la Dani Jarque, el Espanyol remontó el resultado adverso de la ida y recuperó la máxima categoría con un 3-1.
La celebración era necesaria. La nostalgia, insuficiente.
Volver a Primera no reparaba automáticamente lo ocurrido durante los años anteriores. Tampoco devolvía al Espanyol a la zona noble de la clasificación. Abría una etapa distinta y bastante menos cinematográfica: la reconstrucción lenta de un proyecto capaz de no caer otra vez.
En ese terreno, los avances se miden de otra manera.
Aprender a sobrevivir antes de intentar crecer
El Espanyol ha cerrado la temporada 2025/26 en undécima posición con 31 puntos: siete victorias, diez empates y trece derrotas. Marcó 28 goles y encajó 44.
No son cifras deslumbrantes. No deberían maquillarse.
El equipo de Sara Monforte no ha dado todavía un salto competitivo que permita imaginar un regreso inmediato a los tiempos de los títulos. Continúa formando parte de la franja de equipos cuyo primer objetivo consiste en asegurar la permanencia. La diferencia con respecto a la temporada anterior es que esta vez consiguió hacerlo con margen: certificó la salvación cuando aún quedaban seis jornadas.
La permanencia no se construyó mediante una gran racha inesperada ni gracias a un golpe de fortuna en el último partido. Se sostuvo sobre una cualidad menos vistosa: el Espanyol fue capaz de reconocer cuáles eran sus encuentros decisivos y competirlos como tales.
Cuando aseguró matemáticamente su continuidad en Primera, buena parte de sus siete victorias habían llegado ante los equipos que luchaban en la zona baja de la tabla. Ganó los partidos decisivos y rascó puntos vitales ante rivales directos para garantizar la tranquilidad.
No dominó la competición.
Entendió su lugar dentro de ella.
Ese pragmatismo puede parecer modesto cuando se compara con el palmarés del club. En realidad, constituye una base necesaria. Los proyectos no se reconstruyen fingiendo que continúan donde lo dejaron. Primero deben aceptar desde dónde vuelven a empezar.
Romane Salvador y las costuras del equipo
Existe un dato que ayuda a comprender tanto la fortaleza como los límites de la temporada.
Romane Salvador terminó el curso como la portera con más paradas de toda la Liga F: 101 intervenciones en 26 partidos.
Su rendimiento fue una garantía. También revela cuánto trabajo tuvo que asumir.
Un equipo que necesita tantas intervenciones de su guardameta posee una futbolista decisiva bajo palos, pero todavía no controla los partidos como desearía. La portería puede convertir derrotas en empates y empates en victorias mínimas. No debería convertirse en el único mecanismo estable de supervivencia.
El Espanyol ha demostrado que sabe resistir.
El siguiente paso consiste en reducir la cantidad de veces que necesita hacerlo.
Recuperar la memoria sin refugiarse en ella
En abril, la Fundació RCDE presentó L’Espanyol en femení, un cuaderno dedicado a recuperar la historia de las mujeres que han formado parte del club. El gesto tiene sentido. Una institución no debería recordar a sus pioneras únicamente en los aniversarios redondos o cuando necesita construir una campaña de comunicación.
Durante demasiado tiempo, gran parte de la memoria del fútbol femenino permaneció dispersa en fotografías familiares, recortes de prensa y testimonios que podían desaparecer sin dejar rastro. Documentarla es una obligación cultural.
Pero existe una frontera delicada.
La historia puede funcionar como raíz o como escondite.
El Espanyol no puede conformarse con ser el club que estuvo allí antes que muchos otros. Tampoco con reivindicar un palmarés que ningún resultado contemporáneo puede borrar. La tradición posee valor cuando establece un nivel de exigencia, no cuando proporciona una coartada sentimental.
Las pioneras de 1971 no salieron al Camp Nou para construir una vitrina.
Salieron para competir.
El lugar que todavía debe recuperar
La Liga F no necesita al Espanyol por caridad histórica.
La competición puede continuar sin él, del mismo modo que continuó durante sus tres temporadas en Segunda. Los clubes no conservan una plaza en Primera por antigüedad, número de títulos o importancia cultural. La conservan ganando los puntos suficientes.
Eso no significa que todas las presencias sean intercambiables.
Una liga se vuelve más rica cuando sus instituciones conocen su propia historia, cuando existen rivalidades con memoria y cuando los proyectos femeninos no parecen haber aparecido de repente después de la profesionalización. El Espanyol aporta todo eso. Aporta un linaje que conecta los campos precarios de los años setenta, las camisetas prestadas, el primer derbi ante más de 30.000 personas en el Camp Nou, la Liga de 2006 y las futbolistas que continuaron sosteniendo la sección cuando el foco mediático apenas existía.
Pero su futuro no se resolverá apelando a ninguna de esas imágenes.
Después de dos permanencias consecutivas, la pregunta cambia. Ya no consiste en saber si el Espanyol puede regresar a Primera. Tampoco si es capaz de sobrevivir durante una temporada.
La pregunta es cuánto quiere crecer.
Convertir la Dani Jarque en una base competitiva estable. Desarrollar talento sin resignarse a perderlo demasiado pronto. Construir una plantilla que no dependa tanto de la resistencia. Acortar la distancia con la clase media de la liga. Decidir si la sección femenina forma parte central del proyecto deportivo del club o continúa viviendo en una zona intermedia entre el orgullo institucional y la inversión prudente.
El pasado no garantiza ninguna respuesta.
Solo impide fingir que la pregunta carece de importancia.
El RCD Espanyol ya ha demostrado que sabe volver.
Ahora debe demostrar que no ha vuelto únicamente para quedarse.
Conversación
Únete al debate (verificación segura con Google)Cargando conversación...
Debes iniciar sesión con Google para participar en la conversación de manera segura.