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JUGADORAS

Alexia Putellas: la futbolista que cambió el tamaño del sueño

Llegó al Barcelona cuando el equipo femenino todavía peleaba por ocupar espacio. Se marcha catorce años después como máxima goleadora histórica del club, cuatro veces campeona de Europa y dos veces Balón de Oro. Entre ambas imágenes, Alexia Putellas no solo construyó una carrera: ayudó a transformar lo que una niña podía imaginar.

Alexia Putellas durante la final de la UEFA Women's Champions League.
Alexia Putellas durante la final de la UEFA Women's Champions League.Attribution: MichaelEmilio, CC BY 4.0, via Wikimedia Commons

El último pase

El último partido de Alexia Putellas con el Barcelona no terminó con uno de sus goles. Terminó, de alguna manera, con algo todavía más apropiado.

Minuto 34 ante la Real Sociedad. Alexia recibió el balón, levantó la cabeza y encontró a Aitana Bonmatí. La jugada acabó en el 2-1 —el primer gol de Aitana tras volver de una lesión—. Fue la última asistencia de la capitana con la camiseta azulgrana: un pase entre dos futbolistas que han compartido el centro del campo, los grandes títulos y el reconocimiento de ser consideradas las mejores del mundo.

En el minuto 81, Alexia abandonó el terreno de juego por última vez. Sus compañeras y las jugadoras de la Real Sociedad formaron un pasillo. El Estadi Johan Cruyff se puso en pie. No había una final en juego ni un trofeo esperando sobre el césped. Solo quedaba despedir a la futbolista que había acompañado al equipo desde que empezaba a ganar en España hasta que aprendió a gobernar Europa.

La escena contenía toda su carrera. Alexia no se marchaba porque ya no pudiera jugar. Pocos días antes había levantado su cuarta Liga de Campeones y había sido elegida mejor futbolista de la competición. Se marchaba porque había decidido que su historia con el Barça debía terminar arriba, cuando todavía podía elegir el momento.

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Antes de que existiera el trono

El apodo de la Reina resulta cómodo. Resume los premios, la autoridad, el brazalete y las celebraciones levantando trofeos. Pero también puede ocultar la parte más importante de su recorrido: Alexia no heredó ningún reino construido.

Nació en Mollet del Vallès el 4 de febrero de 1994. Pasó por el CE Sabadell, por las categorías del Barcelona y por el Espanyol, y jugó una temporada en el Levante antes de regresar definitivamente al Barça en 2012, con 18 años.

Era otro fútbol femenino. Había talento, competiciones y futbolistas capaces de llenar estadios si alguien les ofrecía el escenario, pero faltaban estructuras, recursos y atención. El equipo azulgrana todavía no era la potencia global que conocemos: no dominaba Europa, no reunía a más de 90.000 personas en el Camp Nou y sus jugadoras no protagonizaban campañas publicitarias ni recibían el Balón de Oro.

Alexia llegó antes de todo eso. En sus primeras temporadas ganó ligas y copas, creció junto a futbolistas como Melanie Serrano, Vicky Losada, Marta Torrejón o Jenni Hermoso y fue asumiendo más responsabilidad en cada etapa. No apareció un día para transformar por sí sola al equipo: permaneció mientras el equipo se transformaba. Esa continuidad explica buena parte de su importancia. Muchas futbolistas han sido decisivas en el gran Barcelona; Alexia fue, además, el hilo entre el conjunto que intentaba abrirse paso y el que terminó marcando la referencia mundial.

Una futbolista difícil de encerrar

Definir a Alexia únicamente como centrocampista siempre ha resultado insuficiente. Podía iniciar la jugada cerca de la base, recibir entre líneas, aparecer como mediapunta o terminar dentro del área. No vencía a las rivales con una velocidad extraordinaria, sino ocupando antes el espacio que iba a ser importante.

Su fútbol se apoyaba en una zurda excepcional, pero sobre todo en el tiempo: sabía cuándo acelerar y cuándo obligar al partido a esperar. Podía filtrar un pase entre dos defensoras, atraer una marca, girarse en un espacio mínimo o llegar desde atrás cuando la atención estaba puesta en la delantera. No era una número 10 ajena al trabajo colectivo ni una interior limitada a hacer circular el balón: era las dos cosas. Creaba y terminaba.

El Barcelona recuerda dos momentos que resumen su relación con los espacios que el fútbol femenino iba conquistando. El 7 de septiembre de 2019 marcó el primer gol del equipo en el recién inaugurado Estadi Johan Cruyff. El 6 de enero de 2021 se convirtió en la primera mujer que anotaba un gol oficial en el Camp Nou. Alexia aparecía en los lugares nuevos y dejaba su nombre escrito en ellos.

El año en que dejó de ser solo una estrella del Barça

La temporada 2020/21 cambió la dimensión del Barcelona y también la de su capitana. El equipo conquistó su primera Liga de Campeones goleando 4-0 al Chelsea en la final de Gotemburgo; Alexia marcó de penalti el segundo tanto y participó en la jugada del tercero. Después completó el triplete con la Copa de la Reina, en cuya final anotó dos goles ante el Levante.

Ya era una futbolista extraordinaria. A partir de entonces pasó a ser una figura mundial. Ganó el Balón de Oro de 2021, el premio The Best de la FIFA y el reconocimiento de la UEFA a la mejor futbolista europea; el club le atribuye 42 goles y 32 asistencias en aquel año natural. La campaña siguiente fue incluso más contundente: marcó 34 goles con el Barça y terminó como máxima goleadora de la Liga de Campeones con 11 tantos y, aunque el equipo perdió la final europea ante el Lyon, la UEFA la eligió mejor jugadora del torneo. En 2022 repitió Balón de Oro y The Best. Nadie podía ya explicar el fútbol femenino mundial sin nombrar a Alexia Putellas.

La rodilla

El 5 de julio de 2022, en un entrenamiento de la selección previo a la Eurocopa, Alexia sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. Ocurrió en la cima, y a pocos días del torneo: España perdía a su capitana y la mejor futbolista del mundo desaparecía del campo durante casi diez meses. Había alcanzado los 100 partidos con España apenas unos días antes —la primera futbolista española en lograrlo—; la lesión llegó casi a continuación.

Aquella ausencia cambió su carrera y también la forma de mirar sus años posteriores. Volvió a competir en la primavera de 2023 y, unos meses después, formó parte de la selección que ganó el Mundial de Australia y Nueva Zelanda. No llegó en plenitud física ni tuvo el protagonismo que habría imaginado antes de romperse la rodilla, pero obtuvo el título que el fútbol español femenino llevaba décadas persiguiendo. Su regreso no consistió en recuperar exactamente a la jugadora de 2021, sino en construir otra versión.

Volver no era regresar

Durante un tiempo se habló de Alexia como si su mejor fútbol perteneciera al pasado. La irrupción de Aitana Bonmatí, el crecimiento de otras compañeras y las secuelas físicas modificaron su lugar en el equipo. Alexia respondió sin intentar detener el tiempo.

En la final de la Liga de Campeones de 2024 entró desde el banquillo y, en el descuento, remató dentro del área un pase de Claudia Pina para certificar el 2-0 ante el Lyon en San Mamés. La temporada 2024/25 confirmó que seguía siendo una futbolista de élite —39 partidos, 22 goles y 16 asistencias—, y con España fue nombrada mejor jugadora de la fase final de la Liga de Naciones de 2025, que el equipo conquistó por segunda vez.

Pero su demostración más rotunda llegó en la Liga de Campeones 2025/26. Sumó siete goles y siete asistencias —más participaciones de gol que ninguna otra jugadora del torneo—, el Barcelona derrotó 4-0 al Lyon en la final de Oslo y Alexia fue elegida mejor futbolista de la competición por segunda vez en su carrera. No era un premio de nostalgia: casi cuatro años después de romperse el cruzado, seguía siendo capaz de decidir la mayor competición de clubes del mundo.

El Barça creció con ella

Alexia cierra su etapa azulgrana con 508 partidos oficiales y 232 goles —máxima goleadora de la historia del Barcelona femenino— (513 partidos y 234 goles si se añaden los amistosos que contabiliza el club). En catorce temporadas conquistó diez Ligas, diez Copas de la Reina, seis Supercopas de España y cuatro Ligas de Campeones, además de las Copas Catalunya: en total, 38 títulos.

Los números explican la magnitud, pero no toda la historia. Alexia fue capitana cuando el Barcelona dejó de conformarse con participar en Europa y empezó a exigirse ganarla. Estuvo en la primera final continental perdida ante el Lyon en 2019, en la primera Champions conquistada en 2021, en las derrotas que obligaron al equipo a mejorar y en los títulos que lo convirtieron en referencia. La curva de su carrera y la del Barcelona femenino avanzan casi en paralelo: cuando ella llegó, el equipo construía una hegemonía nacional; cuando se marcha, es cuatro veces campeón de Europa y juega ante decenas de miles de personas. No fue la única responsable —ningún cambio de esa dimensión pertenece a una sola futbolista—, pero es imposible contarlo sin ella.

La selección y el peso de representar

Alexia debutó con la absoluta en 2013 y, como queda dicho, en 2022 se convirtió en la primera futbolista española en alcanzar los 100 internacionalidades, superando el registro de Marta Torrejón hasta convertirse en la jugadora con más partidos en la historia de España. Su recorrido contiene casi toda la transformación reciente de la selección: las primeras citas mundialistas, las eliminaciones tempranas, la lesión que le costó la Eurocopa de 2022, el Mundial de 2023, las Ligas de Naciones y la final europea de 2025, perdida ante Inglaterra en los penaltis.

También ha tenido que ejercer de referente en años en los que la conversación alrededor de la selección excedió ampliamente el césped. Y sigue siendo decisiva: en junio de 2026, ya anunciada su salida del Barça, marcó dos goles en la victoria por 4-0 ante Inglaterra rumbo al Mundial de Brasil, y España selló después su billete goleando a Islandia. El final del Barça no era el final de Alexia.

Lo que queda después de los trofeos

En su despedida, Alexia anunció que seguirá ligada al club a través de la Fundación FC Barcelona con la puesta en marcha de una academia para más de 400 niñas con menos oportunidades. Quizá ahí se encuentre una parte esencial de su legado.

Cuando Alexia empezó a jugar, una niña podía amar el fútbol, pero tenía muchas menos referencias cercanas, menos caminos visibles y menos pruebas de que aquel deseo pudiera convertirse en una profesión. Durante su carrera, el fútbol femenino español pasó de reclamar atención a producir campeonas del mundo, Balones de Oro, estadios llenos y futbolistas reconocibles por su nombre. Alexia no hizo sola esa transformación: antes que ella hubo mujeres que jugaron sin contratos, sin focos y, demasiadas veces, sin reconocimiento; a su lado hubo una generación irrepetible; después llegaron futbolistas que llevaron el juego aún más lejos. Su lugar está en medio de todas ellas.

Fue la jugadora que recibió una historia construida con muchas renuncias y la entregó convertida en algo mucho más grande. La que estuvo antes de los estadios llenos y se quedó para escucharlos corear su nombre. La que ganó cuando casi nadie miraba y siguió ganando cuando ya la observaba el mundo entero.

Durante años, muchas niñas dijeron que querían jugar como Messi, Iniesta o Xavi, porque eran los nombres que el fútbol les había enseñado. Ahora también pueden decir que quieren ser Alexia. Y nadie necesita preguntar de quién hablan.

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Redacción · FemGol

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