Febrero de 2022. La Arnold Clark Cup es un torneo amistoso de preparación para la Eurocopa y Athenea del Castillo no aparece en la convocatoria inicial de Jorge Vilda. Está concentrada con la selección sub-23, preparada para disputar otro partido, en otro lugar.
Entonces Mariona Caldentey se lesiona en el primer encuentro ante Alemania. Athenea recibe la llamada y viaja para incorporarse al equipo absoluto.
Juega la segunda parte frente a Inglaterra y es elegida mejor futbolista del partido. Vuelve a sobresalir ante Canadá. Al terminar la competición, recibe el premio a la mejor jugadora del torneo.
La lista inicial no la incluía. El torneo terminó eligiéndola como su mejor futbolista.
Pero así ha sido muchas veces su historia: el partido acaba encontrándola, aunque el once inicial no la incluya.
El regate como declaración de intenciones
Hay futbolistas que utilizan el balón para protegerse. Athenea lo emplea para exponerse.
Su juego comienza muchas veces con una situación sencilla de describir y difícil de resolver: una extremo frente a una defensora. Puede intentar alcanzar la línea de fondo, recortar hacia el interior o combinar con una compañera. Pero casi siempre existe una intención reconocible: provocar algo.
El regate contiene una contradicción. Es una de las acciones más celebradas del fútbol y también una de las que más fácilmente termina en pérdida. Para insistir en él hay que asumir que no todos los intentos funcionarán, que la defensa adivinará el movimiento o que el balón acabará fuera.
Que habrá que volver a pedirlo.
Esa insistencia explica buena parte de Athenea. No porque siempre supere a su rival, sino porque un error rara vez le impide buscar el siguiente duelo.
En una selección española construida sobre la asociación, la paciencia y la superioridad en el centro del campo, ofrece una herramienta diferente. Puede abrir el campo, acelerar una posesión que se había vuelto previsible y obligar a una defensora a abandonar su posición.
Su presencia introduce una pregunta que los equipos cuidadosos no siempre se atreven a formular: ¿qué sucede si alguien decide atacar ahora?
De Solares al Real Madrid
Athenea del Castillo Beivide nació el 24 de octubre de 2000 en Solares, Cantabria.
Comenzó a jugar con once años en la Sociedad Deportiva Reocín. Después pasó por el Ave Fénix Racing y por el Racing Féminas, con el que compitió en Segunda División. En sus dos temporadas con el primer equipo racinguista anotó 37 goles en 46 partidos.
En 2019 fichó por el Deportivo de La Coruña, recién ascendido a Primera División. Allí compartió equipo con Teresa Abelleira y encontró la oportunidad de debutar en la máxima categoría. El conjunto gallego fue una de las revelaciones de la temporada 2019/20, pero descendió al curso siguiente.
Entonces llamó el Real Madrid.
Athenea firmó en el verano de 2021 y desde entonces no se ha ido. Su identificación con el club tampoco admite demasiados matices. «Nunca jugaría en el Barça, ni aunque fuese el único equipo que quedara en el mundo, porque mi sueño es jugar en el Real Madrid», afirmó en una entrevista concedida a EFE en 2024.
En un deporte en el que las futbolistas rara vez hablan tan abiertamente de sus colores, ella lo dijo sin rodeos.
Su juego en el Madrid también ha ido ampliándose. Durante buena parte de su carrera se sintió especialmente cómoda partiendo desde la izquierda, donde podía recibir abierta y avanzar hacia la portería. Con el tiempo incorporó nuevos recorridos desde la banda derecha. Durante la Eurocopa de 2025 explicó que al principio no le gustaba jugar en ese costado. El trabajo con Alberto Toril y su cuerpo técnico la llevó a mejorar el golpeo con la pierna izquierda, ocupar posiciones interiores y disponer de más de una salida cuando recibía.
No abandonó a la futbolista que siempre había sido. Le añadió respuestas.
Su propio camino
En la zona mixta de Berna, después de marcar ante Italia en la Eurocopa de 2025, una periodista le pregunta por el gol. Athenea todavía no lo ha visto repetido. Pide el teléfono, le da al play y observa la jugada durante unos segundos. «Pensé que no la había ajustado tanto», dice.
Hay en esa frase una naturalidad difícil de fabricar. La de una futbolista capaz de decidir un partido internacional y sorprenderse después al contemplar lo que acaba de hacer.
Durante aquella Eurocopa también apareció con el libro Trae, que lo hago yo, idiota, de Julio Iliarte, una obra sobre liderazgo, trabajo en equipo y creación de entornos positivos. No era un detalle completamente casual. Athenea había comenzado a hablar de su deseo de asumir más responsabilidad dentro de sus equipos. «No necesito ningún brazalete para demostrar cómo soy. Digo lo que pienso y doy mi opinión siempre que tengo que hacerlo, siempre desde el respeto y la madurez», explicó durante el torneo.
Esa forma de entender el liderazgo no siempre la ha situado en la postura mayoritaria.
Pocas semanas después de proclamarse campeona del mundo en 2023, 39 futbolistas españolas firmaron un comunicado reclamando cambios más profundos en la Federación tras lo ocurrido con Luis Rubiales y Jenni Hermoso. Athenea fue una de las dos campeonas del mundo que no lo suscribieron. Publicó su propio texto: condenó lo sucedido con Jenni, rechazó el comportamiento de Rubiales y recordó que había participado en la primera denuncia colectiva. Sin embargo, después de la salida de Rubiales y del cese de Jorge Vilda, consideraba satisfecha una parte importante de las demandas y no contemplaba renunciar a una convocatoria. «Somos futbolistas. Nos debemos a nuestra profesión y tenemos que cumplir con nuestro deber», escribió.
No fue una postura cómoda. Tampoco fue la postura mayoritaria. La sostuvo.
La Eurocopa que la confirmó
Athenea llegó a la Eurocopa de 2025 sin tener asegurado un lugar en el once. El ataque español reunía futbolistas con jerarquías establecidas y perfiles especialmente adaptados al juego asociativo de la selección. Ella ofrecía otra cosa.
Fue suplente en los dos primeros partidos y titular ante Italia en el cierre de la fase de grupos. La selección española comenzó perdiendo, pero Athenea respondió apenas unos minutos después. Recibió en la derecha, avanzó hacia el interior y combinó con Alexia Putellas. Alexia devolvió el balón de tacón y la cántabra remató de primeras desde la frontal para colocar el empate en la escuadra. España terminó ganando por 1-3.
Una semana después, la selección se encontró con un problemático final. Suiza había resistido durante más de una hora en los cuartos de final y el marcador continuaba 0-0. Athenea entró en el minuto 62. Cuatro minutos después, Aitana Bonmatí recibió dentro del área y dejó el balón de tacón. Athenea apareció para marcar el 1-0. España terminó venciendo por 2-0 y avanzó a las semifinales.
La jugada condensaba buena parte de su carrera. Había esperado desde el banquillo, recibido una oportunidad y necesitado cuatro minutos para cambiar el partido.
Pero Athenea no quería quedar reducida a esa función. «Soy más que una revulsiva. He demostrado durante toda mi carrera que tengo muchísimas otras cosas y que puedo aportar tanto saliendo desde el banquillo como de inicio», dijo durante el campeonato.
En la final contra Inglaterra fue titular. España se adelantó, las inglesas empataron y el título se decidió en la tanda de penaltis. Athenea no levantó la Eurocopa, pero había llegado hasta el último partido después de comenzar el torneo sin un lugar garantizado en el equipo.
Volver a encarar
La temporada 2025/26 no empezó como las anteriores. El cambio de entrenador en el Real Madrid modificó jerarquías y Athenea atravesó varios meses con menos protagonismo.
La respuesta llegó en enero.
Marcó en la semifinal de la Supercopa de España frente al Atlético de Madrid, anotó dos goles contra el Levante y dio una asistencia ante el Sevilla. Sus actuaciones le permitieron ser elegida mejor jugadora de enero de la Liga F.
El 11 de febrero, en el Stade Charléty de París, volvió a aparecer. El Real Madrid perdía ante el Paris FC cuando Caroline Weir consiguió el empate. Poco antes del descanso, el equipo blanco lanzó un contraataque. Athenea entró en el área desde la derecha y cruzó el balón ante la portera para marcar el 1-2. Era su partido número 200 con el Real Madrid, convirtiéndose en la segunda futbolista que alcanzaba esa cifra con el equipo femenino, después de Misa Rodríguez. El Madrid terminó ganando el encuentro por 2-3.
La secuencia no convierte los meses anteriores en irrelevantes. Al contrario: les da sentido. Una carrera no se construye únicamente con los periodos en los que todo funciona. También se reconoce en la reacción cuando los minutos disminuyen, aparece otra competidora o el entrenador busca soluciones diferentes.
Athenea respondió como juega.
Recibió el balón. Levantó la cabeza. Observó a la defensora.
Y volvió a intentarlo.
Redacción · FemGol
