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En tiempos del six-seven, en FemGol somos más de one-two-one. Porque, en el caso de Celia Segura, 121 sí significa algo.
Son los goles que marcó durante la temporada 2018/19 con el alevín del Barcelona, en una competición contra equipos masculinos. Ciento veintiuno. Nadie en toda La Masia, ni entre los niños ni entre las niñas, anotó más que ella aquel curso.
Celia tenía doce años y ya había producido una de esas cifras que dejan de ser únicamente un dato. El 121 se convirtió en una presentación, en una etiqueta y en una pregunta que habría de acompañarla durante las siguientes etapas de su formación: ¿qué sucede después de marcar más goles que nadie?
La respuesta fácil sería seguir marcando.
La verdadera era aprender a ser otra futbolista.
Durante el Mundial sub-17 de 2024 volvieron a preguntarle por aquella temporada. Segura reconoció que se la recordaban muchas veces, pero cortó rápidamente cualquier intento de instalarla en el pasado:
—Es algo que ya es pasado, así que da igual.
No era desprecio por lo conseguido. Era una manera de protegerse de ello. Los 121 goles podían explicar a la niña que había sido, pero no podían garantizar nada sobre la jugadora en la que pretendía convertirse.
Crecer en una cantera también consiste en comprobar que aquello que te hacía extraordinaria deja de ser suficiente. Los campos se hacen más grandes, las defensas más rápidas y los espacios duran menos. Ya no basta con llegar al área antes que las demás. Hay que entender cuándo salir de ella, cómo relacionarse con las compañeras y desde qué lugar puede hacerse daño.
El perfil de Segura se ha ido ensanchando durante ese recorrido. Puede ocupar la posición de nueve, pero también partir desde cualquiera de las bandas y acercarse desde allí a la portería. No es únicamente una rematadora esperando la última acción. Puede participar en la construcción, intercambiar posiciones y aparecer en diferentes zonas del ataque.
Sus referentes también cuentan parte de esa evolución. De pequeña se fijaba en Alex Morgan, una de las grandes delanteras de su generación. Con el paso de los años comenzó a observar especialmente a Claudia Pina, una futbolista más cercana a las posiciones que ella ocupa y a la manera en la que se mueve entre el área y los espacios exteriores.
El gol, en cualquier caso, nunca desapareció.
Con España fue campeona de Europa sub-17 en 2024. Meses después, en la final del Mundial de la categoría, adelantó a la selección ante Corea del Norte en el minuto 61. Parecía el tanto que podía completar otro torneo perfecto para aquella generación, pero el conjunto norcoreano empató y terminó conquistando el título en la tanda de penaltis.
España volvió a casa como subcampeona. Celia lo hizo, además, con el Balón de Bronce y la Bota de Bronce del campeonato. Había marcado en una final mundialista y demostrado que su relación con la portería no pertenecía únicamente a una temporada extraordinaria de fútbol base.
En 2025 añadió a su palmarés el Europeo sub-19. Fue uno de los nombres de una generación que prolongó el dominio español en las categorías inferiores y enlazó los títulos continentales sub-17 y sub-19. Para alcanzar el torneo de 2026 volvió a aparecer allí donde se la esperaba: fue la máxima goleadora de España en la clasificación, con cinco tantos.
La selección le ha permitido competir por títulos mientras en el Barcelona continúa recorriendo un camino mucho más estrecho. Segura pertenece al filial de un club cuya primera plantilla reúne a algunas de las mejores atacantes del mundo. Llegar hasta su puerta ya es difícil. Encontrar un espacio estable dentro resulta todavía más complicado.
Su debut oficial llegó el 5 de febrero de 2025, en las semifinales de la Copa Catalunya ante el AEM. Pere Romeu hizo debutar aquella noche a seis jugadoras del filial, pero Celia fue la única que apareció en el once inicial. Disputó la primera mitad en el Camp d’Esports de Lleida, ante casi 10.000 espectadores, y comenzó a transformar en presente algo que hasta entonces había sido una promesa.
Al descanso dejó su lugar a Vicky López. En ese mismo momento entró Claudia Pina, la futbolista en la que Segura dice fijarse ahora para estudiar posiciones y movimientos cercanos a los suyos. Pina marcó dos de los seis goles del Barcelona.
La coincidencia resumía, casi sin pretenderlo, la distancia que Celia trataba de recorrer: una de sus referentes entraba en el campo justo cuando ella terminaba sus primeros cuarenta y cinco minutos con el primer equipo.
Después llegó una segunda aparición oficial. Todavía no son suficientes minutos para saber qué lugar podrá ocupar en el Barcelona, pero sí para entender cuál es ahora el desafío.
A los doce años, Celia Segura tuvo que aprender a convivir con una cifra descomunal. A los diecinueve necesita algo bastante menos espectacular y mucho más importante: continuidad, partidos y un espacio en el que convertir todo lo aprendido en fútbol sénior.
Los 121 sirven para recordar de dónde viene. El gol de una final mundialista, los cinco tantos de esta clasificación y sus primeros pasos con el Barça explican hacia dónde intenta avanzar.
La one-two-one hace tiempo que puso el contador de nuevo a cero.