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JUGADORAS

Vero Boquete y el arte de marcharse: la capitana que abrió la puerta de fuera

Antes de que salir de España fuera una opción normal para una futbolista, Vero Boquete hizo carrera lejos de casa. Estados Unidos, Suecia, Alemania, Francia, Italia. A los 39 años, la compostelana acaba de capitanear el ascenso del Como 1907 a la Serie A y sigue recordando que muchas puertas se abren marchándose primero.

Vero Boquete posa con la chaqueta de entrenamiento del Como 1907, club al que capitaneó en su ascenso a la Serie A italiana.
Vero Boquete posa con la chaqueta de entrenamiento del Como 1907, club al que capitaneó en su ascenso a la Serie A italiana.Como 1907

Hay una forma injusta de contar a Vero Boquete: como si perteneciera únicamente al pasado. Como si fuera una fotografía en sepia del fútbol femenino español, una capitana histórica, una pionera útil para explicar de dónde venimos, pero no necesariamente dónde estamos.

El problema es que Vero no se deja guardar tan fácil.

A los 39 años, Verónica Boquete Giadáns sigue compitiendo, sigue cambiando de país, sigue eligiendo proyectos con algo de frontera y sigue obligando a escribir su carrera en presente. La última parada ha sido el Como 1907, un club que en el verano de 2025 preparaba su aventura en la Serie B femenina italiana y que ha terminado la temporada celebrando el ascenso a la Serie A con la gallega como capitana.

Otra mudanza. Otro vestuario. Otra puerta.

La que se fue cuando irse era raro

La carrera de Boquete se entiende mejor mirando un mapa que una tabla de estadísticas. Santiago de Compostela, Zaragoza, Barcelona, Estados Unidos, Suecia, Alemania, Francia, China, Italia. Hay futbolistas que hacen carrera acumulando títulos. Ella la hizo, además, acumulando caminos.

Cuando empezó, el fútbol femenino español no ofrecía todavía una estructura profesional capaz de sostener carreras largas, reconocidas y bien pagadas. Para muchas jugadoras, el techo estaba demasiado cerca. Para Boquete, la respuesta fue salir.

No fue una postal romántica ni una aventura exótica. Fue una decisión laboral. Irse donde se entrenaba mejor, donde se competía más alto, donde el fútbol femenino ya iba algunos años por delante. Irse, en su caso, no era escapar: era buscar el sitio en el que su talento tuviera una oportunidad real.

Con el tiempo, esa ruta acabó pareciendo normal. Hoy una futbolista española puede fichar por Inglaterra, Italia, México, Estados Unidos o Alemania sin que nadie lo viva como una rareza. Pero hubo un tiempo en que hacerlo era casi una declaración de intenciones. Antes de que la exportación de talento femenino español fuese tendencia, Vero ya estaba fuera enseñando que había mundo.

Un álbum internacional difícil de repetir

El pasaporte deportivo de Boquete tiene nombres que pesan. Portland Thorns, Tyresö, Frankfurt, Bayern de Múnich, Paris Saint-Germain, AC Milan, Fiorentina. Pocos currículos explican tan bien la historia reciente del fútbol femenino europeo y estadounidense.

En Suecia jugó en aquel Tyresö que reunió talento mundial. En Alemania alcanzó una cima que entonces parecía lejanísima para una futbolista española: la Champions League femenina. En 2015, con el Frankfurt, se convirtió en la primera española en conquistar el gran título europeo de clubes. Un año antes ya había sido incluida entre las candidatas de FIFA a mejor jugadora del mundo, cuando España todavía estaba aprendiendo a verse a sí misma como selección de primer nivel.

La paradoja de Vero es esa: muchas de sus conquistas llegaron antes de que el país estuviera preparado para celebrarlas del todo.

No era solo una buena futbolista fuera de España. Era una prueba incómoda. La demostración de que el talento español existía, pero demasiadas veces necesitaba marcharse para ser tomado en serio.

Capitana de una España que aún no ganaba

Boquete también fue capitana de una selección española que no se parecía a la actual. No la España campeona del mundo, ni la de los Balones de Oro, ni la de las finales asumidas como obligación. La suya fue la España que empezaba a abrirse paso, la que todavía peleaba por entrar en los grandes torneos y por ser tratada con el respeto mínimo que exige la élite.

Con la selección absoluta acumuló 62 partidos y 38 goles. Fue parte fundamental de la clasificación para la Eurocopa de 2013 y para el Mundial de Canadá 2015, el primero de la historia de España. Pero su papel no se entiende solo con partidos y goles. También se entiende con voz.

Después de aquel Mundial, las internacionales españolas pidieron públicamente un cambio. Reclamaron otra preparación, otra estructura, otra forma de tratar al equipo. Aquello tuvo coste. Como tantas veces en el fútbol femenino, levantar la voz no salió gratis. Pero también dejó una semilla.

La generación que hoy gana no apareció de la nada. Pisó un terreno que otras endurecieron antes. Y Vero Boquete fue una de las que lo pisaron cuando todavía estaba lleno de piedras.

Como 1907: otra frontera, otro ascenso

Lo fácil habría sido convertir el tramo final de su carrera en una despedida larga. Un último contrato tranquilo. Una temporada de homenaje. Una veteranía decorativa.

Boquete eligió otra cosa.

En julio de 2025 firmó por el Como 1907, un proyecto femenino que se preparaba para competir en la Serie B italiana después de adquirir el título deportivo del Chievo Women. No era el destino más obvio para una jugadora con su recorrido. Venía de cuatro temporadas en la Fiorentina y podía haber elegido un relato más cómodo. Pero el Como ofrecía algo que encaja mucho con su carrera: construcción.

El club no la presentó solo como una futbolista de experiencia. La presentó como una figura llamada a guiar a un equipo joven y ambicioso. Y eso fue exactamente lo que terminó ocurriendo.

El Como ganó la Serie B con tres jornadas de margen y consiguió el ascenso a la Serie A femenina. En la celebración, Boquete habló como capitana. No como invitada de lujo, no como nombre de cartel, sino como parte de un grupo que había asumido la presión de ganar y la había convertido en título.

A los 39 años, Vero volvió a hacer algo que ha hecho muchas veces: llegar a un sitio, leer lo que faltaba y ayudar a levantarlo.

La pionera que no quiere ser estatua

La palabra pionera tiene un peligro: puede sonar a museo. Sirve para reconocer, pero también para apartar. Coloca a una futbolista en una vitrina, le da las gracias y la deja allí, quieta, como si su función principal fuera haber existido antes que las demás.

Con Boquete no funciona.

Sí, fue pionera. Sí, abrió camino. Sí, ayudó a normalizar que una futbolista española pudiera salir, competir, ganar, liderar y volver a salir. Pero reducirla a eso sería quedarse corto. Porque no solo abrió una puerta: siguió cruzándola.

Cada nueva generación de jugadoras españolas que ficha fuera sin pedir permiso tiene algo de aquella decisión inicial. Cada futbolista que entiende el extranjero no como exilio, sino como oportunidad, camina por un terreno que Vero ayudó a hacer menos extraño.

Pero su historia no termina ahí. No termina en la Champions de Frankfurt, ni en el brazalete de España, ni en los años de Fiorentina, ni siquiera en el ascenso del Como. Mientras siga compitiendo, la frase correcta no es “Vero Boquete fue”.

La frase correcta es más sencilla.

Vero Boquete sigue.

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Redacción · FemGol

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