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LIGA F · JOSÉ MERA CUEVAS

Los millones pueden construir una liga. También pueden desaparecer en ella

La primera liga profesional femenina de Estados Unidos gastó más de cien millones de dólares y cerró después de tres temporadas. La NBA demuestra que incluso los mayores negocios deportivos necesitan crecer desde el centro. Gasol16 ofrece a Liga F dinero y conocimiento para cubrir sus carencias. Ahora los clubes deben decidir si quieren construir una competición o proteger cada uno su parcela.

La primera gran liga profesional de fútbol femenino de Estados Unidos tenía dinero, campeonas del mundo, televisión y el impulso de un Mundial cuya final había reunido a más de 90.000 personas.

También tenía un plan.

La Women’s United Soccer Association esperaba gastar unos 40 millones de dólares durante cinco años. Hasta ahí estaban todos los ingredientes que hoy invitan al optimismo en España: talento, éxitos internacionales, exposición y capital.

Tres temporadas después, la liga había desaparecido.

Para entonces había consumido más de cien millones de dólares. La asistencia media había bajado de 8.116 espectadores en su primer curso a 6.667 en el tercero y la competición solo había conseguido cerrar dos grandes patrocinios nacionales.

No desapareció porque le faltara dinero. Desapareció después de recibirlo.

La WUSA gastó como si el mercado ya estuviera construido. Pagó una competición profesional, levantó una estructura y produjo un espectáculo, pero no generó a tiempo el negocio capaz de mantenerlos. El capital se agotó antes de que los ingresos pudieran sustituirlo.

Se puede tener dinero por castigo y meter la pata hasta el fondo.

Esa es la primera idea que conviene recordar ahora que Liga F ha aprobado una inversión de 55 millones de euros de Gasol16 Ventures y Fortified Partners para las próximas cuatro temporadas. La propia competición la presenta como la mayor inversión privada recibida por una liga de fútbol femenino.

El acuerdo puede cambiar Liga F.

También puede financiar cuatro temporadas más caras y no cambiar nada.

La diferencia estará en lo que permanezca cuando los 55 millones ya no estén.

El problema ya no es existir

Liga F no parte de cero.

En cuatro temporadas ha construido una organización propia, ha centralizado ingresos, ha encontrado patrocinadores y ha aumentado su audiencia televisiva hasta alcanzar 7,5 millones de espectadores acumulados en la temporada 2025/26.

La profesionalización ha permitido dar estabilidad a una competición que antes no disponía de una estructura independiente. Los apoyos públicos, la colaboración con la RFEF y el contrato de agencia con LaLiga fueron fundamentales para llegar hasta aquí.

Pero aquella fase tenía fecha de caducidad.

Durante la presentación del acuerdo, Beatriz Álvarez explicó que había llegado el momento de independizarse de esos primeros apoyos, crear un departamento comercial propio, vender el producto directamente y ayudar a los clubes a avanzar en su profesionalización.

Es una admisión importante.

Liga F ha construido una competición profesional. Lo que todavía no ha terminado de construir es el mercado que debe sostenerla.

Sigue jugando demasiados partidos ante gradas pequeñas. Sus clubes tienen capacidades comerciales y empresariales muy diferentes. La estructura central todavía debe desarrollar músculo propio y los éxitos de la selección, las jugadoras y los grandes equipos no siempre se convierten en consumo estable durante toda la temporada.

El problema ya no es conseguir que Liga F exista.

Es conseguir que funcione como una liga.

Los clubes no son la liga

La NBA es uno de los mayores negocios deportivos del planeta. Tiene marcas globales, contratos audiovisuales gigantescos, pabellones llenos y franquicias valoradas en miles de millones.

Aun así, no espera que cada equipo descubra por separado cómo vender entradas, conseguir patrocinadores o conocer a sus aficionados.

Su departamento de Team Marketing and Business Operations, conocido como TMBO, trabaja con los equipos de la NBA, la WNBA, la G League y la NBA 2K League en áreas como ticketing, acuerdos comerciales, marketing, digitalización, experiencia del público y análisis de datos. La oficina central acumula conocimiento y lo pone al servicio de las franquicias.

La enseñanza no es que Liga F deba copiar a la NBA.

Es que incluso una competición infinitamente más desarrollada considera necesario centralizar especialistas, información y buenas prácticas.

Los equipos se enfrentan en la pista. Fuera de ella cooperan para aumentar el valor del negocio que comparten.

Ese modelo exige una centralización que en el fútbol español siempre provoca resistencia.

Los clubes más poderosos tienen departamentos comerciales propios, millones de seguidores, estadios, patrocinadores y marcas internacionales. Pueden pensar que aportan más que los demás, que obtendrían mejores acuerdos negociando solos o que compartir sus activos fortalece a sus competidores.

Puede que tengan razón desde el punto de vista individual.

Pero una competición no puede organizarse únicamente alrededor de lo que conviene a sus dos o tres integrantes más fuertes.

Liga F no sobrevivirá como una suma de secciones independientes que coinciden treinta jornadas al año. Solo puede sobrevivir como liga.

El Barcelona puede llenar un gran estadio. El Real Madrid puede vender su escudo. El Athletic puede movilizar una identidad histórica. Pero Liga F necesita que también tengan valor un Tenerife–Eibar, un Espanyol–Granada y el partido de un recién ascendido.

Necesita vender una temporada, no tres enfrentamientos.

Para hacerlo, los clubes pequeños deben contar con herramientas para atraer aficionados y patrocinadores. También necesitan mostrar a sus futbolistas y construir historias que permitan reconocer la competición más allá de los grandes escudos.

FemGol nació, en parte, de una experiencia muy concreta: intentar seguir Liga F como aficionado y descubrir lo difícil que resultaba encontrar información suficiente sobre muchas de sus protagonistas.

En el fútbol masculino se entendió hace décadas que una competición no vende únicamente resultados. Vende futbolistas, rivalidades, trayectorias e historias.

Liga F todavía tiene una parte enorme de ese producto sin mostrar.

La fortaleza colectiva no es caridad de los grandes hacia los pequeños. Es el negocio de todos.

Sin rivales sólidos hay peores partidos. Sin una competición reconocible hay menos valor audiovisual. Sin un producto común es más difícil atraer patrocinadores dispuestos a pagar durante todo el año. Y sin ingresos colectivos, cada sección femenina queda expuesta a las prioridades económicas de su propio club.

Por eso la parte más interesante del acuerdo con Gasol16 quizá no sea la cifra.

Liga F pretende invertir en experiencia de partido, rendimiento deportivo, crecimiento digital, comercialización, infraestructuras, estructura y recursos humanos. También ha anunciado programas adaptados a las necesidades de cada club, con objetivos y seguimiento.

Eso no es repartir dinero.

Es intentar construir una liga.

La WNBA construyó antes de que llegara su momento

Pau Gasol ya había participado en otra apuesta de este tipo.

En 2022 formó parte del grupo de inversores de la primera ampliación de capital de la WNBA. La competición anunció que destinaría los recursos a reforzar su marca y su marketing, desarrollar productos digitales, ampliar el contacto directo con los aficionados, internacionalizarse, incorporar personal y abrir nuevas vías de ingresos.

No dedicó el capital únicamente a pagar los gastos de las siguientes temporadas.

Lo utilizó para mejorar su capacidad de aprovechar el crecimiento futuro.

Después llegó una generación de jugadoras capaz de cambiar la dimensión de la competición. Sería absurdo atribuir toda la explosión de la WNBA a aquella inversión. Las estrellas, el baloncesto universitario, la televisión y el momento cultural fueron decisivos.

Pero cuando apareció la oportunidad, la liga estaba mejor preparada para convertir atención en público, contenido, patrocinadores y negocio.

Liga F ya ha vivido varias olas que deberían haber transformado su mercado.

España ganó el Mundial. Sus futbolistas han encadenado Balones de Oro. El Barcelona se convirtió en una potencia europea. Algunos encuentros llenaron grandes estadios. Las audiencias continúan creciendo.

Sin embargo, buena parte de esa atención sigue funcionando mediante picos. Llega con un torneo, una final o un clásico y después disminuye.

La inversión de Gasol16 puede servir para que la próxima ola no termine únicamente en una cifra bonita de audiencia.

Puede dejar abonados, bases de datos, productos digitales, patrocinadores renovados y futbolistas conocidas más allá de los grandes acontecimientos.

Puede construir la máquina antes de que vuelva a llegar el momento.

El mercado termina en cada ciudad

La centralización no significa dirigirlo todo desde Madrid ni convertir a los clubes en sucursales sin identidad.

La liga debe reunir conocimiento, datos, estándares y capacidad negociadora. Los clubes tienen que convertirlos en público, comunidad y negocio local.

Bay FC sirve como ejemplo.

El club de la Bahía de San Francisco agotó las 18.000 entradas de su primer partido como local. En su temporada inaugural superó los 13.000 espectadores de media, reunió cerca de 10.000 abonados, consiguió catorce patrocinadores y lideró la NWSL en venta de merchandising, según los datos publicados por la entidad. También trabajó con más de 75 organizaciones comunitarias de la región y anunció un centro de entrenamiento propio.

Bay FC no demuestra que Liga F pueda reproducir esas cifras. California tiene otra economía, otra cultura deportiva y otro modelo de competición.

Demuestra algo más sencillo: el mercado local no aparece por colocar un equipo sobre el césped.

Hay que buscar al público, conocerlo, venderle entradas, ofrecerle una experiencia, producir contenido, construir una identidad y relacionarse con las empresas de la zona.

Liga F puede ganar seguidores nacionales mientras muchos de sus clubes continúan jugando ante gradas pequeñas. Puede multiplicar reproducciones digitales sin saber quién está detrás de ellas. Puede abrir un gran estadio una vez al año sin conseguir que el público regrese dos semanas después.

Gasol16 ha identificado la experiencia de partido y el desarrollo individual de los clubes como áreas prioritarias.

Es el camino adecuado.

Pero la ejecución tendrá que adaptarse a cada lugar. Lo que necesita el Barcelona no es lo que necesita el Tenerife. Lo que funciona en Bilbao no tiene por qué funcionar en Madrid. Un club independiente no dispone de las mismas herramientas que una sección integrada en una gran estructura masculina.

Centralizar conocimiento no significa aplicar la misma receta.

Significa evitar que dieciséis entidades tengan que inventarla solas.

El dinero solo compra una oportunidad

Gasol16 no es un patrocinador que paga por colocar un logotipo ni una institución que subvenciona la existencia de la competición.

Es un socio.

Su inversión tiene sentido si Liga F crece, genera más ingresos y aumenta su valor. Gasol ha explicado que su equipo pretende aportar experiencia, contactos internacionales y conocimiento de otros proyectos deportivos, pero no llegar para decirle a la competición cómo debe hacer las cosas.

Esa alineación es una fortaleza.

Pero el dinero no hace el trabajo.

Los 55 millones pueden contratar especialistas, crear herramientas, formar departamentos, mejorar instalaciones, atraer público y desarrollar nuevos productos.

También pueden diluirse en gastos ordinarios, campañas aisladas, estructuras sobredimensionadas y proyectos que nadie podrá sostener cuando terminen las cuatro temporadas.

La cuestión no es si la inversión es suficientemente grande.

La WUSA ya respondió a eso.

La cuestión es si Liga F y sus clubes aceptarán utilizarla para construir el producto común del que depende el futuro de todos.

Para lograrlo, los clubes más fuertes tendrán que aceptar que no todo puede negociarse por separado. Los más débiles tendrán que utilizar la inversión para crear capacidades, no solamente para pagar facturas. Y la organización central deberá demostrar que puede exigir resultados, compartir conocimiento y tomar decisiones pensando en la competición completa.

Dentro de cuatro años no importará cuánto dinero se haya repartido ni cuántas campañas se hayan presentado.

Importará lo que siga funcionando cuando el dinero se haya terminado.

Si quedan clubes mejor preparados, público habitual, profesionales capaces de vender la competición, futbolistas reconocibles y una estructura central que continúe ayudando a crecer al conjunto, Gasol16 habrá dado a Liga F el impulso que necesitaba.

Si cada uno utiliza el dinero para proteger su parcela, los millones también desaparecerán.

Y esta vez no podremos decir que nadie había avisado.

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JM

José Mera Cuevas

Fundador y Editor

Fundador y editor de FemGol. Aficionado al fútbol de toda la vida; simplemente cambió de canal y no piensa volver.

contacto@femgol.com