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PIONERAS

Noruega 1995: 23 goles, uno en contra y el mundo a sus pies

El 18 de junio de 1995, Noruega derrotó a Alemania bajo la lluvia de Solna y se proclamó campeona del mundo. No fue una sorpresa ni un milagro: fue la culminación de una generación que aprendió a perder finales, entrenó hasta sentirse invencible y convirtió a un país pequeño en la mayor potencia del fútbol femenino.

La selección de Noruega celebra con el trofeo tras proclamarse campeona del mundo en 1995.
La selección de Noruega celebra con el trofeo tras proclamarse campeona del mundo en 1995.FIFA

UN DÍA COMO HOY · 18 DE JUNIO DE 1995

Llovía sobre el estadio de Råsunda cuando Hege Riise recibió el balón cerca del área alemana.

Era el minuto 37 de la final del Mundial de 1995. Riise avanzó, dejó atrás a una rival y golpeó con la pierna izquierda. El disparo cruzó el césped mojado, superó a la guardameta y terminó junto al poste. Noruega se adelantaba a Alemania.

Tres minutos después, Marianne Pettersen se lanzó entre varias defensoras para empujar el segundo gol. Tenía 20 años. Alemania disponía todavía de toda la segunda parte, pero la selección noruega ya había encontrado el lugar hacia el que llevaba cuatro años caminando.

Cuando terminó el partido, el marcador seguía mostrando un 2-0. Noruega era campeona del mundo.

No había ganado resistiendo durante noventa minutos ni sobreviviendo a una tanda de penaltis. Había llegado a la final tras marcar 21 goles en cinco partidos y acababa de derrotar con claridad a la campeona de Europa. El Mundial de 1995 no fue la historia de una selección pequeña que aprovechó una oportunidad: fue la de un equipo que llegó convencido de ser el mejor y se pasó dos semanas demostrándolo.

La derrota que empezó a construir a las campeonas

Cuatro años antes, Noruega había disputado la final del primer Mundial femenino organizado oficialmente por la FIFA. Estados Unidos ganó 2-1 en Guangzhou con dos goles de Michelle Akers. Para las noruegas, aquella derrota significó quedarse a un paso del primer gran título mundial de la historia.

Pero el equipo no se deshizo después de aquella final. Even Pellerud continuó como seleccionador, buena parte del grupo permaneció junto y fue acumulando experiencia en una época en la que el fútbol femenino internacional todavía estaba construyendo sus competiciones y su lugar dentro de las federaciones.

Noruega ya había sido campeona de Europa en 1987 y volvió a ganar el torneo continental en 1993, derrotando a Italia en la final. Cuando llegó el Mundial de Suecia de 1995, aquella selección no era una aspirante exótica ni una sorpresa escandinava: era uno de los equipos más fuertes del planeta. Las jugadoras llegaron en el mejor estado físico de sus carreras y con una sensación compartida: sobre el campo, nada parecía capaz de detenerlas. El torneo confirmó que aquella confianza no era arrogancia. Era información.

Diecisiete goles antes de recibir el primero

Noruega quedó encuadrada en un grupo con Nigeria, Inglaterra y Canadá. Su primer partido terminó 8-0; el segundo, 2-0; el tercero, 7-0. Tres encuentros, tres victorias, diecisiete goles marcados y ninguno encajado.

El equipo de Pellerud podía atacar de muchas maneras: el remate de Ann Kristin Aarønes, la inteligencia de Riise en el centro del campo, la experiencia de Linda Medalen y una estructura defensiva liderada por Gro Espeseth. No necesitaba monopolizar el balón para dominar; podía presionar, atacar con velocidad, buscar directamente a sus delanteras y convertir las segundas jugadas en nuevas ocasiones. El juego era intenso, vertical y colectivo, y cada futbolista parecía construida para amplificar las virtudes de las demás.

Dinamarca consiguió marcarle en cuartos de final. Fue la única selección que lo hizo en todo el Mundial. Noruega ganó 3-1 y avanzó a semifinales con veinte goles a favor y solo uno en contra.

Allí esperaba Estados Unidos.

Ganar a quien te había quitado el Mundial

El partido contra Estados Unidos no era una semifinal cualquiera: era el reencuentro con la selección que había derrotado a Noruega en la final de 1991. Las estadounidenses defendían el título y presentaban a futbolistas como Michelle Akers, Mia Hamm y Carin Jennings.

Noruega se adelantó con un cabezazo de Ann Kristin Aarønes y, después, tuvo que resistir. Estados Unidos empujó en los últimos minutos —“en los minutos finales creo que estrellaron tres veces el balón en el larguero”, recordaría la propia Aarønes—, pero la pelota no entró. El partido terminó 1-0.

Noruega no podía recuperar la final perdida cuatro años antes. Sí podía impedir que Estados Unidos defendiera su título. La autora del gol terminaría el torneo con seis y se llevaría la Bota de Oro como máxima goleadora: Aarønes era una delantera dificilísima de contener, poderosa en el juego aéreo y capaz de convertir cualquier envío al área en una amenaza.

Pero reducir aquella Noruega a su físico sería no entenderla. El centro del equipo estaba en Riise.

Hege Riise, el fútbol antes del fútbol

Hege Riise no necesitaba correr más deprisa que las demás porque solía comprender antes lo que iba a ocurrir. Recibía, levantaba la cabeza y encontraba el siguiente pase. Podía incorporarse al ataque, ordenar la presión o frenar el ritmo cuando el partido empezaba a romperse.

Noruega era una selección directa, pero no elemental: necesitaba una jugadora capaz de conectar la fuerza del equipo con una idea. Esa jugadora era Riise, y en Suecia firmó el mejor torneo de su carrera. “Fue, sin ninguna duda, el mejor momento de mi carrera”, resumiría ella misma. La FIFA la reconoció con el Balón de Oro a la mejor futbolista del Mundial; Gro Espeseth recibió el Balón de Plata como segunda mejor, y Aarønes sumó la Bota de Oro a sus seis goles. Los grandes premios individuales del campeonato se quedaron, casi en bloque, en el vestuario noruego. La entrega solo confirmó lo que había ocurrido sobre el césped: el Mundial había sido de Noruega.

Alemania nunca se rendía

La final se disputó el 18 de junio de 1995 en Solna. Alemania llegaba como reciente campeona de Europa —había conquistado el título continental apenas tres meses antes— y era, además, una rival especialmente dolorosa: en las dos finales europeas anteriores, las de 1989 y 1991, había goleado a Noruega por un global de 7-2.

El partido comenzó bajo una lluvia constante que convertía cada control y cada giro en un pequeño riesgo. Pero Noruega no se desordenó. En el minuto 37 apareció Riise: tras una conducción que dejó atrás a la defensa, marcó desde fuera del área con un disparo cruzado. Es uno de los dos únicos goles anotados desde fuera del área en toda la historia de las finales del Mundial femenino —el otro, el de Carli Lloyd desde el centro del campo en 2015—. Fue el gol de la mejor futbolista del torneo en el partido más importante.

Tres minutos más tarde llegó el segundo. Marianne Pettersen atacó un balón dentro del área y se adelantó a la defensa alemana para empujarlo a la red. Con 20 años y 67 días, se convirtió en la goleadora más joven de una final de un Mundial femenino, una marca que sigue vigente.

Noruega se fue al descanso con dos goles de ventaja y no celebró antes de tiempo: conocía demasiado bien a Alemania. Defendió el resultado hasta el final y mantuvo la portería a cero. Después de seis partidos, el balance era casi absurdo: seis victorias, veintitrés goles a favor, uno en contra, Estados Unidos y Alemania eliminadas, y una Copa del Mundo.

El regreso de las campeonas

A su vuelta, Noruega recibió a aquellas futbolistas como lo que eran: campeonas del mundo. “Hasta tuvimos dos aviones militares escoltando el nuestro de vuelta a casa, donde nos esperaba una gran celebración en el aeropuerto”, recordaría Riise años después a la FIFA. Regresaban con el primer Mundial conquistado por una selección europea y con uno de los mayores títulos deportivos de la historia del país.

El logro era todavía más extraordinario por la dimensión de Noruega. Estados Unidos y Alemania disponían de poblaciones, estructuras y recursos mucho mayores. El país escandinavo había construido, a base de continuidad, formación y una generación excepcional, una selección capaz de derrotarlas.

Y no sería su último gran éxito. En los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, Noruega volvió a ganar a Estados Unidos y conquistó el oro, convirtiéndose en la primera selección femenina que reunía los títulos mundial, europeo y olímpico. Entre 1987 y 2000 ganó cuatro grandes campeonatos. No fue una aparición fugaz: fue una dinastía.

Antes de Hegerberg y Graham Hansen

Hoy, el fútbol noruego se asocia a nombres como Ada Hegerberg, Caroline Graham Hansen, Guro Reiten o Frida Maanum: algunas de las mejores futbolistas de su generación, en los clubes más poderosos de Europa. Pero son la continuación de una historia, no su comienzo.

Antes de que existieran grandes contratos, estadios llenos o millones de personas siguiendo el fútbol femenino, Noruega ya había construido una selección campeona. La generación de 1995 no tuvo la exposición de las profesionales de hoy —su Mundial reunió solo a doce selecciones y se disputó cuando el torneo todavía buscaba su sitio—, pero aquellas jugadoras no eran versiones primitivas de las actuales. Eran las mejores de su tiempo. Riise, Aarønes, Espeseth, Pettersen, Medalen y sus compañeras no ganaron porque el fútbol femenino estuviera menos desarrollado: ganaron porque, dentro de aquel fútbol, nadie estuvo a su altura.

El mundo fue de Noruega

Han pasado 31 años desde aquella tarde lluviosa de Solna. Noruega no ha vuelto a ganar un gran torneo desde el oro olímpico de 2000: crecieron otras estructuras, aparecieron nuevas potencias y el centro del fútbol femenino se desplazó hacia países capaces de invertir mucho más.

Pero ninguna evolución posterior puede reducir lo conseguido en Suecia. Noruega llegó al Mundial de 1995 con la memoria de una final perdida, un seleccionador con seis años de continuidad y una generación que había aprendido a competir junta. Se marchó sin ceder un solo punto, tras marcar 23 goles y recibir uno.

Durante dos semanas, un país pequeño jugó como si el tamaño no importara. Y durante dos semanas tuvo razón.


Datos de la final y del torneo vía Wikipedia y FIFA. El récord de precocidad de Pettersen, en los registros de la Copa del Mundo.

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Redacción · FemGol

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