Cuando Marta Díaz de Lope Díaz empezó a trabajar en Pioneras. Solo querían jugar, sabía que tenía entre manos una historia compleja. Una película deportiva que no podía dirigirse solamente a los futboleros. Una historia de mujeres atravesada por la política y por los derechos conquistados frente a quienes se empeñaron en mantenerlas en los márgenes. Un relato que, además, debía reconocer el papel de un hombre sin permitir que se apropiara de una historia que no le pertenecía.
«Sabíamos que estábamos trabajando con material inflamable», reconoce la directora.
Pero la película terminó abriendo también una puerta que Marta quizá no esperaba. De niña jugaba al fútbol en el patio del colegio. Era la única. Después dejó de hacerlo y dejó incluso de ver fútbol. Lo que encontró años más tarde, mientras reconstruía la historia de aquellas pioneras que se enfrentaron a una España mucho más hostil, lo cuenta ella misma casi al final de esta conversación.
El interés por el legado de estas pioneras ha cobrado una fuerza inusitada en los últimos días tras el paso de Carmen Arce ‘Kubalita’ y María Ángeles Pérez ‘Quilla’ por el plató de La Revuelta con David Broncano, donde recordaron la dureza y el barro de aquellos primeros partidos en la España de los setenta. Una conversación que conecta directamente con los temas que Marta Díaz de Lope aborda en su largometraje.
A las puertas del estreno de Pioneras. Solo querían jugar, que llega a los cines este viernes, Marta Díaz de Lope habla con FemGol sobre la memoria del fútbol femenino, la violencia de algunas imágenes del NO-DO, el delicado equilibrio de la película y la historia que le habría gustado poder ver cuando tenía doce o trece años.
Entrevista editada mínimamente para facilitar su lectura.
El impacto del cine frente a la actualidad deportiva
—Después de casi tres años desde que arrancaste el proyecto, ¿con ganas de que suene ya el pitido inicial?
—Pues sí. La verdad es que estoy muy contenta. Estamos orgullosos, de alguna manera, de la peli que hemos hecho. Estoy nerviosa por el estreno, con muchas ganas de que la gente pueda verla y esperando que se anime a ir al cine.
Llevamos tres años desde que empezamos a escribirla. Para una peli realmente no es tanto tiempo. Quizás es, sin duda, la película que he hecho más rápido. Pero ha sido todo bastante fluido. Ya tenemos muchas ganas de estrenarla y estamos muy ilusionadas con que por fin la pueda ver la gente.
—La película llega en un momento en el que el fútbol femenino ha crecido muchísimo. España ha sido campeona del mundo, la Liga F tiene cada vez más presencia y empezamos a recuperar la memoria de quienes quedaron fuera del relato durante décadas. Pero los éxitos deportivos duran lo que dura la actualidad. ¿Qué puede aportar una película que no puede conseguir una victoria en el campo?
—Cuando empezamos a pensar la película, antes incluso de escribirla, yo pensaba mucho si tenía sentido hacerla y sacarla ahora. Nosotros empezamos en el 23 y justo cuando comenzábamos a escribirla ganaban el Mundial.
Por lo que he investigado y por la gente con la que hemos ido hablando, realmente sí: creo que era importante hacer esta película, dentro, obviamente, de que hay cosas muchísimo más importantes en el mundo.
El fútbol femenino está en un momento en el que se está reconociendo el talento que ya estaba, pero que no había tenido la oportunidad ni el proyecto ni el foco para que pudiera emanar de alguna forma.
Creo que es bueno mirar hacia atrás y ver de dónde venimos, cuál ha sido todo el recorrido que, empezando por estas mujeres a principios de los setenta, se ha hecho para llegar al momento en el que estamos.
Obviamente, la diferencia es abismal. Pero la película, aparte de hablar de fútbol, habla precisamente del papel de la mujer en esos primeros años setenta. Creo que es una historia que puede recorrer muchas generaciones. No solo la de aquellas mujeres de finales del franquismo. Yo crecí en los noventa escuchando «marimacho»; crecí en un patio de colegio donde era la única niña que jugaba al fútbol.
Sí creo que tiene sentido que se vea ahora, en este momento.
La mirada del NO-DO frente a la cámara moderna
—Durante la documentación encontraste imágenes del NO-DO que miraban los cuerpos de las futbolistas de una forma profundamente denigrante. Después tuviste que colocar tu propia cámara delante de otras jugadoras. ¿Pensaste conscientemente dónde ponerla para no repetir aquella mirada?
—Realmente, esas imágenes eran tan tremendas, tan poco sutiles, que en ningún momento podía tener la duda de que yo pudiera hacer algo así. Es impensable.
Varios de los NO-DO más importantes que encontré están en la película, sobre todo al final. Y, más que las imágenes incluso, eran los comentarios del comentarista, que eran realmente humillantes, muy machistas, y que dan cuenta de la mirada de la época.
Yo creo que también dan cuenta de la pretensión que había en aquel momento de hundir —aunque parezca una palabra fuerte— el fútbol femenino; de que se quedara en algo completamente anecdótico, circense, que fuera algo en los márgenes.
Estaban en un momento en el que había una lucha importantísima con la Federación para que, de alguna manera, lo reconociera. Y creo que precisamente esa mirada de los periodistas del NO-DO tenía mucha inquina.
Había un plano que hemos puesto también en la película porque nos parecía importante: un plano que lo que hacía era recorrer los culos de las chicas. O algunas preguntas en el vestuario que no venían a cuento, como si se casarían con un futbolista o qué cocinaban mejor.
Esas imágenes fueron de las primeras que vi cuando me hablaron de la historia de estas pioneras. Y realmente dije: «Pero es que aquí hay algo, claro». Esto resultaba marciano. Y no hace tantos años: no llega a sesenta años ahora mismo.
El equilibrio de los personajes y la figura del promotor
—Has hecho cine deportivo sin dirigirte únicamente a futboleros; hablas de derechos de las mujeres y de política sin convertir la película en un panfleto; y das una posición importante a Javier Poga dentro de una historia que sigue perteneciendo a las pioneras. ¿En algún momento pensaste que te estabas metiendo en demasiados jardines? ¿Marta Díaz de Lope es una suicida?
—Bueno, sabíamos que estábamos trabajando con material inflamable. Éramos conscientes.
La figura de Javier Poga era peliaguda, obviamente. Pero es que realmente era muy real. Javier Poga, el personaje de Daniel Ibáñez, está inspirado en Rafael Muga, que era este joven promotor que, de alguna manera, acompañó a estas chicas e hizo posible que ellas jugaran. Era quien organizaba los partidos, intentó organizar la primera selección española y se enfrentó a la Federación.
Quiero decir: si las chicas eran muy jóvenes y no eran tan conscientes de lo que suponía lo que estaban haciendo, él sí que lo sabía. Y eso era una realidad.
Para nosotros era muy importante encontrar el equilibrio: que la figura de Javier Poga tuviera el sitio que realmente tuvo —porque negarlo sería absurdo— y que se entendiera que realmente había hombres o gente joven que ya estaban en una España más adelantada que la del momento que estaban viviendo, o en la España que iba a venir; pero siempre siendo conscientes de que el alma de la película eran las chicas.
Creo que se ve bien en la película: él consigue hacer que, de alguna forma, las cosas pasen, pero el alma de la peli, con lo que tú te quedas, es con estas pioneras. Era complicado.
—Ahora una pregunta un poco egoísta. Soy un hombre y trato de dirigir un medio de fútbol femenino. Javier Poga tiene que aprender a acompañar una historia que no es la suya. ¿Qué consejo darías a los hombres que quieren apoyar esta causa sin ocupar el espacio que intentan abrir?
—Yo te digo: primero, yo no soy nadie para dar consejos. Pero sí te digo que todos los hombres que quieren apoyar… Lo decía en otras entrevistas: «No avanzaremos cuanto más feministas seamos las mujeres; avanzaremos cuantos menos machistas sean los hombres». Hay un punto ahí.
Entonces, yo animaría y, al revés, aplaudiría que hombres como tú o como Rafael Muga no le dieran más vueltas más allá de que estas chicas tenían que jugar, jugaban bien y por qué no iban a jugar.
Hay una mirada un poco ingenua en él que a mí me parece superbonita, porque no formaba parte de los prejuicios de la época. Te hablo de la persona real. Del personaje que nosotros hemos creado también, porque al final hay una parte de ficción.
Pero lo que yo diría es lo que les digo a mis amigos y a la gente con la que hablo: obviamente, nosotras necesitamos a los hombres. Claro que hay muchos hombres que no son machistas. Nosotros nos hemos criado en unos años que no son los de ahora. Cada vez la mirada —bueno, depende del contexto— se está abriendo mucho más.
Entonces, que la evolución sea por parte de todos.
Reconectar con la infancia y las renuncias del pasado
—Después de convivir durante tres años con esta historia, ¿hay algo que hayas aprendido de aquellas mujeres que te vayas a llevar contigo mucho después del estreno? ¿Ha cambiado en algo la Marta que empezó la película?
—Sí, realmente sí. Cada película te hace evolucionar muchísimo profesionalmente y personalmente.
Profesionalmente, esta película me ha hecho avanzar mucho porque es una peli complicada, con muchos retos. Me enfrentaba a cosas muy diferentes de las que había hecho hasta el momento y me llevo un aprendizaje en cuanto a todo: a la manera de rodar, a la gente con la que he trabajado, a la película en sí. Creo que cada vez voy aprendiendo más.
Y luego, en lo personal, también me ha ayudado. A mí me gustaba mucho jugar al fútbol cuando era pequeña, como te he dicho, en el colegio. Pero dejé de jugar y dejé de ver fútbol. Casi como un poquito de trauma, lo abandoné totalmente.
La película me ha hecho reconectar muchísimo con esa niña y con todo lo que me gustaba en ese momento; y con cómo, por no poder hacerlo, fue como la primera cosa a la que tuve que renunciar siendo muy pequeña.
Entonces, es como si me hubiera quitado una chinita y, de alguna manera, hubiera creado con esta película la película que me habría gustado ver. Con doce o trece años me habría encantado poder ver una peli así.
Creo que eso ha sido muy importante para mí, a nivel personal y profesional.
Memoria histórica: de las salas de cine a las aulas
Cuando Marta termina de responder, aparece una posibilidad que trasciende la cartelera: que Pioneras. Solo querían jugar no se limite a recuperar una historia, sino que llegue también a quienes todavía están construyendo la suya.
Quizá la película que le habría gustado ver a Marta cuando tenía doce años sea también una película que merezca entrar hoy en los colegios.
«No estaría mal», responde la directora. «No eres el primero que me lo dice y la verdad es que seguramente podría ser interesante como iniciativa».
Este país ha evolucionado mucho y queda mucho por hacer, no solo en cuanto a igualdad. Pero hay algo fundamental: no olvidar la historia. Para quienes hemos nacido después del franquismo, a veces resulta difícil dimensionar de dónde venimos y lo que vivieron nuestras madres y nuestras abuelas. Las películas que honran a las pioneras y los pioneros que iniciaron en sus ámbitos los cambios que hoy disfrutamos no deberían olvidarse. Deberían enseñarse.
La película que Marta no pudo ver a los doce años se estrena este viernes.
Si quieres seguir reflexionando sobre la importancia de los referentes en la infancia, te invitamos a leer: Veinte pegatinas, ninguna niña.
