Cuando España disputó en 1997 su primera Eurocopa femenina, el Añorga KKE ya había ganado seis títulos nacionales.
No era una sección perteneciente a uno de los grandes clubes del fútbol masculino. Era el equipo de una entidad cultural y deportiva de un barrio de San Sebastián.
Su palmarés, sin embargo, estaba a la altura de cualquiera: tres Copas de la Reina y tres Ligas conquistadas en apenas siete años.
La historia del fútbol femenino español también se escribió allí.
Cinco finales de Copa en siete años
La primera final de la Copa de la Reina reconocida con esa denominación por la Real Federación Española de Fútbol se disputó en 1989. El Parque Alcobendas venció al Añorga por 4-1 en Logroño.
La derrota no cerró una oportunidad. Abrió una época.
Entre 1989 y 1995, el Añorga disputó cinco de las siete finales de Copa y ganó tres de ellas. Se proclamó campeón en 1990, repitió en 1991 y recuperó el título en 1993.
La propia RFEF define ese periodo como una etapa marcada por el club vasco. Ningún otro equipo estuvo presente con tanta frecuencia en las finales de aquellos siete años.
El Añorga no había aparecido de repente. Ya había sido subcampeón nacional en 1984 y 1987, pero en los años noventa transformó la continuidad en títulos.
Y mientras dominaba la Copa, también empezó a ganar la Liga.
Una Liga sin derrotas
La temporada 1991/92 terminó con el primer campeonato liguero de la historia del Añorga.
La competición estaba formada por ocho equipos y cada uno disputó catorce encuentros. El conjunto donostiarra ganó trece y empató uno. Sumó 27 puntos, cuando las victorias todavía concedían dos, y se convirtió en el primer campeón invicto de la máxima categoría española.
El título llegó entre la segunda y la tercera Copa de la Reina. En cuatro temporadas, el club había levantado cuatro trofeos nacionales.
Después llegaron dos años de dominio liguero del Oroquieta Villaverde. El Añorga respondió recuperando el campeonato en 1994/95 y revalidándolo en 1995/96.
Esas dos Ligas consecutivas completaron la cuenta: tres Copas y tres campeonatos de Liga entre 1990 y 1996.
España todavía no había participado en la fase final de una Eurocopa ni de un Mundial.
Arantza del Puerto, el hilo de toda la historia
Una futbolista conecta las seis celebraciones.
Arantza del Puerto comenzó a jugar en el Añorga con nueve años y permaneció en el club durante 25 temporadas. Fue la referencia defensiva del equipo que ganó las tres Copas y las tres Ligas.
También fue una de las internacionales españolas más importantes de su generación. Disputó 71 partidos con la selección entre 1990 y 2005.
En 1997 formó parte del equipo que viajó a Noruega y Suecia para disputar la primera fase final europea de España. La selección superó la fase de grupos y alcanzó las semifinales.
Para entonces, Del Puerto ya había participado en toda la etapa dorada de su club.
Su trayectoria ayuda a medir lo que significaba el Añorga. Antes de que el fútbol femenino español tuviera una liga profesional, antes de su primer Mundial y antes incluso de que la selección llegara a una Eurocopa, una jugadora pudo crecer, competir y completar 25 temporadas en la misma entidad de barrio.
Un club que siguió formando futbolistas
Los títulos de los años noventa no son la única huella del Añorga.
Su cantera continuó apareciendo en las trayectorias de nuevas internacionales. Nahikari García jugó allí entre 2008 y 2014. Nerea Eizagirre llegó a la Real Sociedad procedente del Añorga. Amaiur Sarriegi también se formó en el club y ha recordado que, de niña, bajaba a ver jugar a sus equipos de mayores.
Son generaciones distintas, pero pertenecen a la misma línea.
El Añorga fue campeón cuando la élite femenina todavía estaba compuesta por entidades pequeñas, equipos independientes y secciones que trabajaban lejos del foco. Después siguió proporcionando a las futbolistas un lugar en el que empezar.
Por eso sus seis títulos no son una nota al pie del relato construido alrededor de los grandes clubes. Son parte de la historia principal.
Cuando España llegó por primera vez a una Eurocopa, aquel equipo de un barrio donostiarra ya había ganado todo lo que podía ganar en su país.