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LA OTRA SELECCIÓN

Suecia también juega: campeona antes que nadie, camino del Mundial por la puerta estrecha

Mientras la selección masculina se enfrenta esta noche a Francia en los dieciseisavos del Mundial, la femenina intenta conservar un registro que mantiene desde 1991: no ha faltado a ninguna Copa del Mundo. Ganó el primer Europeo de la historia, perdió seis grandes finales y convirtió la permanencia entre las mejores en una costumbre. Ahora deberá superar dos eliminatorias para estar en Brasil 2027.

LA OTRA SELECCIÓN · SUECIA

Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.


Esta noche, Suecia se enfrenta a Francia en el New York New Jersey Stadium con una plaza en los octavos de final del Mundial en juego. El conjunto dirigido por Graham Potter llegó a las eliminatorias como uno de los mejores terceros de la fase de grupos, después de que el empate ante Japón asegurase una clasificación que ni siquiera todos sus futbolistas sabían que habían conseguido. Francia, primera de su grupo y una de las favoritas al título, parte por delante.

Para la otra selección sueca, presentarse en las rondas decisivas nunca ha sido una sorpresa.

Suecia ha participado en las nueve ediciones disputadas del Mundial femenino. Fue subcampeona en 2003, terminó tercera en 1991, 2011, 2019 y 2023 y alcanzó dos finales olímpicas consecutivas. Durante más de tres décadas, las camisetas amarillas han aparecido una y otra vez cuando los grandes torneos se quedaban sin margen para el error.

La paradoja es que la primera selección campeona de Europa lleva 42 años buscando su segundo gran título. Y que, antes de poder intentarlo otra vez, tendrá que asegurarse de llegar al próximo Mundial.

Antes de que ser una potencia pareciera normal

El fútbol femenino sueco no nació de una decisión tomada desde arriba. Creció desde los clubes, las pequeñas localidades y las competiciones regionales.

Öxabäck, una pequeña población del oeste del país, se convirtió en uno de sus primeros centros. Su equipo femenino empezó a jugar en 1966, la sección quedó formalmente constituida al año siguiente y en 1968 comenzó a competir en la liga de Västergötland, cuando buena parte de Europa todavía discutía si las mujeres debían jugar al fútbol.

Ese desarrollo local produjo equipos, referentes y una estructura competitiva antes de que la federación nacional terminase de reconocer lo que ya estaba ocurriendo.

La selección disputó su primer partido oficial el 25 de agosto de 1973. Fue un empate sin goles ante Finlandia en Mariehamn, en las islas Åland. Ese mismo año, Öxabäck se convirtió en el primer campeón nacional oficial de Suecia.

La capitana de aquel estreno internacional fue Ebba Andersson. Tenía 37 años, había participado en la creación de la sección femenina de Öxabäck y solo jugó aquel partido con la selección. Su carrera internacional duró 90 minutos. Su trabajo para que otras pudieran tener una carrera duró mucho más.

Once años después de aquel empate ante Finlandia, Suecia ya era campeona de Europa.

El título que empezó en Gotemburgo y terminó en el barro

La competición ganada en 1984 todavía no se llamaba oficialmente Eurocopa. Era la primera competición europea de selecciones femeninas organizada por la UEFA y su final se disputó a doble partido.

Suecia recibió a Inglaterra en Gotemburgo el 12 de mayo. Pia Sundhage marcó el único gol del encuentro con un remate de cabeza. Quince días después, Inglaterra igualó la eliminatoria en Luton y obligó a disputar una prórroga sobre un campo convertido en barro por la lluvia.

No hubo más goles. El primer título europeo femenino se decidió en una tanda de penaltis.

El último lanzamiento sueco lo convirtió Sundhage. Suecia ganó 4-3 y se convirtió en la primera campeona de Europa de la historia. El país que apenas once años antes había reunido a su primera selección oficial ya estaba en la cima del continente.

Aquel trofeo sigue siendo el único gran título de la selección femenina sueca.

No porque desapareciera de la élite, sino porque nunca dejó de quedarse cerca.

Seis finales y un último escalón

Suecia regresó a la final europea en 1987, 1995 y 2001. Perdió las tres. Después llegaron la final del Mundial de 2003 y las de los Juegos Olímpicos de Río 2016 y Tokio 2020.

Seis finales después de 1984. Seis derrotas.

La de 2003 quedó detenida en una regla que ya ni siquiera existe. Suecia se adelantó ante Alemania con un gol de Hanna Ljungberg, recibió el empate al comienzo de la segunda parte y llegó a la prórroga. En el minuto 98, Nia Künzer cabeceó una falta y marcó el último gol de oro de la historia de los Mundiales femeninos. El partido terminó en el instante en que el balón entró.

Dieciocho años después, Suecia volvió a tener el oro a ese mismo punto de distancia.

En la final olímpica de Tokio, Caroline Seger dispuso de un penalti que habría dado el título a su país. Lo envió por encima del larguero. Canadá sobrevivió, ganó la tanda y dejó de nuevo a las suecas con la plata.

Seger disputó 240 partidos internacionales y se convirtió en la futbolista con más apariciones de la historia de su selección, pero aquella imagen quedó unida para siempre a su trayectoria.

Suecia respondió como suele hacerlo: regresando.

Dos años más tarde eliminó a Estados Unidos y Japón en el Mundial de 2023, cayó ante España en semifinales y derrotó a Australia para conquistar su cuarto bronce. No ganó el torneo, pero volvió a terminar entre las tres mejores selecciones del planeta.

La constancia se había convertido en su forma particular de grandeza.

Una potencia que no depende de una generación

Entre el equipo campeón de 1984 y el que subió al podio en 2023 pasaron Pia Sundhage, Lena Videkull, Hanna Ljungberg, Victoria Sandell Svensson, Lotta Schelin, Caroline Seger, Kosovare Asllani, Magdalena Eriksson, Fridolina Rolfö y Stina Blackstenius.

Las futbolistas cambiaron. La selección permaneció.

También lo hizo la estructura que la alimentaba. El campeonato nacional existe desde 1973 y la Damallsvenskan se convirtió durante décadas en una liga de referencia y en destino para algunas de las mejores jugadoras del mundo.

En 2026, Häcken y Hammarby disputaron una final completamente sueca en la primera edición de la UEFA Women’s Europa Cup. Häcken ganó el título con cuatro goles de la joven Felicia Schröder en la eliminatoria.

El dato no significa que el fútbol femenino sueco viva al margen de sus problemas. Sus clubes compiten económicamente con ligas que manejan presupuestos cada vez mayores y muchas de sus mejores jugadoras desarrollan sus carreras fuera del país.

Pero sigue existiendo una cadena reconocible entre los campos locales, la competición nacional y una selección acostumbrada a medirse con cualquiera. En 2025, más de 110.000 mujeres mayores de doce años figuraban como jugadoras registradas por la federación sueca.

Eso explica por qué Suecia casi nunca desaparece. No explica por qué, últimamente, tampoco termina de ganar.

Una ventaja de dos goles que volvió a escaparse

El Europeo de 2025 resumió esa contradicción.

Suecia completó una gran fase de grupos y llegó a los cuartos de final ante Inglaterra. Kosovare Asllani marcó en el minuto 2. Stina Blackstenius amplió la ventaja antes de la media hora. Ninguna selección había remontado nunca dos goles en una eliminatoria del Europeo femenino.

Inglaterra lo hizo.

Lucy Bronze y Michelle Agyemang empataron en apenas dos minutos durante el tramo final. La portera Jennifer Falk detuvo cuatro penaltis en la tanda y Suecia dispuso de dos lanzamientos para cerrar la clasificación. No convirtió ninguno.

Inglaterra terminó ganando 3-2 y avanzó hacia un segundo título europeo consecutivo.

Fue la última competición de Peter Gerhardsson como seleccionador. Después del torneo asumió el cargo Tony Gustavsson, antiguo técnico de Australia y asistente de Estados Unidos en dos Mundiales ganados. Su contrato se extiende hasta el Europeo de 2029.

La reconstrucción empezó mientras el calendario ya exigía resultados.

El Mundial que ya no está garantizado

Suecia comenzó la clasificación para Brasil 2027 ganando en Italia, pero después empató sin goles en Serbia y perdió sus dos partidos contra Dinamarca.

La victoria posterior ante Serbia y el empate final frente a Italia no bastaron: terminó tercera de grupo, con ocho puntos, por detrás de las italianas y de una selección danesa que obtuvo la plaza directa.

Por primera vez en el camino hacia un Mundial, la continuidad de uno de los grandes registros del fútbol femenino sueco dependerá de dos eliminatorias.

En octubre se enfrentará a Lituania, primero como visitante y después en casa. Si supera la ronda, deberá medirse entre finales de noviembre y comienzos de diciembre al vencedor del enfrentamiento entre Chequia y Escocia. Solo entonces podrá asegurar su presencia en Brasil.

Suecia nunca ha faltado a un Mundial femenino. Participó en el primero, disputado en 1991, y estuvo en todos los que vinieron después. Ha ganado medallas, perdido finales y producido generaciones capaces de reemplazar a las anteriores.

Durante décadas, clasificarse fue el comienzo de la historia.

Esta vez puede convertirse en la historia misma.

Esta noche, la selección masculina buscará sobrevivir ante Francia y prolongar su Mundial. Dentro de unos meses, la femenina tendrá que proteger una continuidad mucho más larga.

La primera campeona de Europa todavía persigue su segundo título. Pero antes deberá volver a demostrar que su lugar entre las mejores no pertenece al pasado.

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Redacción · FemGol

Equipo Editorial

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