LA OTRA SELECCIÓN · PARAGUAY
Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.
Hoy Paraguay vuelve a disputar una eliminatoria de la Copa del Mundo.
La selección masculina, tercera del Grupo D y clasificada como una de las mejores terceras bajo la dirección de Gustavo Alfaro, se enfrenta a Alemania, cuatro veces campeona mundial, en la ronda de 32. El encuentro se disputa en el Boston Stadium —el Gillette Stadium de Foxborough— y es su primer partido eliminatorio en un Mundial desde 2010.
En Paraguay se habla de la Albirroja, de volver después de dieciséis años y de prolongar un torneo que ya ha devuelto al país a un lugar del que llevaba demasiado tiempo ausente.
La otra Albirroja también quería llegar a algún sitio.
Y hace apenas veinte días supo que, una vez más, no iba a poder.
El 9 de junio de 2026, Paraguay recibió a Colombia en el Defensores del Chaco durante la última jornada de la Liga de Naciones Femenina de la CONMEBOL. La competición concedía dos plazas directas y otras dos para el repechaje intercontinental del Mundial de Brasil 2027.
Paraguay llegó a ponerse tres veces por delante.
Dulce Quintana marcó de penalti en el minuto 3. Después del primer empate colombiano, Claudia Martínez hizo el 2-1 en el 9. Lice Chamorro envió el partido al descanso con 3-2.
Durante un rato pareció posible.
Linda Caicedo empató en la segunda parte. Ana María Guzmán marcó el 3-4 en el minuto 89. Paraguay terminó la competición con diez puntos, en la sexta posición, fuera de las plazas directas y también del repechaje.
Fuera, otra vez.
Claudia estuvo allí desde el principio. Tenía dieciocho años y ya representaba como ninguna otra futbolista la posibilidad de que el futuro fuese diferente.
Jugó. Marcó.
Tampoco bastó.
Rubia contra Morena
Para entender por qué duele tanto hay que viajar a Sapucái, una localidad ferroviaria del departamento de Paraguarí.
El tren había llevado hasta allí a ingenieros y trabajadores ingleses. Junto a ellos había crecido un pueblo alrededor de los talleres del Paraguay Central Railway.
La investigación del historiador Andrew Nickson sitúa allí, el 14 de mayo de 1926, el primer partido de fútbol femenino documentado en Paraguay. El centenario se había cumplido apenas mes y medio antes.
Los dos equipos se llamaban Rubia y Morena.
Rubia estaba compuesto por hijas de trabajadores británicos. Morena, por hijas de obreros paraguayos de los talleres ferroviarios. Jugaron durante el festivo nacional del 14 de mayo, fuera de cualquier estructura federativa y décadas antes de que el fútbol femenino dispusiese de una competición reconocida en el país.
Jugaron porque querían jugar.
Después llegaron quienes pretendían explicarles que no debían hacerlo.
En abril de 1960, durante la dictadura de Alfredo Stroessner, el artículo 50 del Decreto 9553 estableció que no se permitiría a las mujeres practicar deportes considerados incompatibles «con las condiciones de su naturaleza».
El fútbol quedó incluido en esa interpretación.
Veinte años después, dos equipos decidieron desafiarla delante de todos.
El 13 de julio de 1980, un conjunto femenino de Olimpia y otro de Ciudad Presidente Stroessner —la actual Ciudad del Este— saltaron al campo durante el descanso de un partido masculino entre Olimpia y Guaraní.
Al día siguiente, el presidente de Olimpia, Osvaldo Domínguez Dibb, recibió un telegrama del Consejo Nacional de Deportes. El mensaje le recordaba que el fútbol estaba reservado para los hombres.
Las mujeres siguieron jugando.
Un comienzo con 163 entradas
El 16 de agosto de 1997, ocho años después de la caída de la dictadura, la entonces Liga Paraguaya puso en marcha su primer torneo femenino organizado. La competición todavía fue presentada como experimental.
Atlético Colegiales y Deportivo Encarnación disputaron el primer encuentro en el estadio Bernabé Pedrozo del club Silvio Pettirossi. Colegiales ganó 5-1.
Se vendieron 163 entradas.
La recaudación fue de 815.000 guaraníes.
Entre las futbolistas que participaron durante aquellos primeros años estaba Irma Cuevas. Jugó con Nacional, representó a Paraguay en los comienzos de la selección absoluta y continuó compitiendo después de cumplir los cuarenta. En 2020 aseguraba haber superado los 630 goles a lo largo de su carrera.
Era un fútbol que casi nadie veía, pero que alguien continuaba jugando.
Casi veinte años después, un club paraguayo consiguió algo que la selección absoluta todavía persigue.
Sportivo Limpeño llegó a la final de la Copa Libertadores Femenina de 2016 frente al Estudiantes de Guárico venezolano. Empezó perdiendo, empató por medio de Liz Peña y completó la remontada con un disparo de Damia Cortaza en el minuto 89.
Paraguay tenía una campeona de América antes de tener una selección en el Mundial.
A un solo partido
La absoluta se ha acercado.
Su oportunidad más clara llegó en febrero de 2023, después del cuarto puesto obtenido en la Copa América del año anterior.
Paraguay accedió al torneo intercontinental que repartía las últimas plazas para el Mundial de Australia y Nueva Zelanda. En el primer encuentro perdía 2-0 contra China Taipéi cuando solo quedaban quince minutos.
Rebeca Fernández recortó distancias. Dulce Quintana empató en el tiempo añadido. Paraguay sobrevivió en la tanda de penaltis.
Después esperaba Panamá.
Un gol de Lineth Cedeño decidió el último partido. Panamá consiguió la primera clasificación mundialista de su historia. Paraguay regresó a casa después de haberse quedado a noventa minutos de la suya.
Un partido.
Aquel fue el punto más cercano a la puerta.
La casa antes que la llave
Unos meses antes de aquel repechaje, en octubre de 2022, la Asociación Paraguaya de Fútbol había inaugurado en Ypané el Centro de Alto Rendimiento del Fútbol Femenino.
El CARFEM fue construido con la participación de la APF, FIFA Forward y el programa Evolución de la CONMEBOL. Incluye alojamientos diferenciados para la absoluta y las selecciones juveniles, siete campos, gimnasio, gradas e instalaciones para los medios.
No es habitual que una federación disponga de un centro concebido específicamente para sus selecciones femeninas.
Paraguay construyó la casa antes de disputar su primer Mundial.
Faltaba encontrar la llave.
Campeonas antes de ser adultas
En mayo de 2025, algo cambió de escala.
La selección sub-17 llegó al último partido de la fase final del Campeonato Sudamericano con posibilidades de conseguir el primer título de su historia. El encuentro ante Ecuador continuaba sin goles cuando el reloj superó el minuto 90.
En el cuarto minuto del añadido marcó Claudia Martínez.
Paraguay ganó 1-0, terminó primero en la fase final y se proclamó campeón de Sudamérica. Claudia cerró el torneo como máxima goleadora con diez tantos.
Unos meses después, en el Mundial sub-17 de Marruecos, Paraguay volvió a cruzar una frontera. Ganó dos partidos, empató otro y superó por primera vez la fase de grupos de la competición.
Claudia marcó un triplete ante Nueva Zelanda. México detuvo el recorrido paraguayo en los octavos de final con un 1-0.
La generación había llegado.
Pero las grandes generaciones juveniles no se convierten automáticamente en grandes selecciones absolutas.
En febrero de 2026, Paraguay organizó el Campeonato Sudamericano sub-20. Alcanzó el hexagonal final, pero terminó quinto, justo por detrás de las cuatro selecciones que obtuvieron el billete para el Mundial de Polonia.
El progreso no es lineal.
Nunca lo es.
Claudia no puede abrirla sola
Claudia Martínez nació en Capitán Bado en 2008. Comenzó su carrera en Sportivo Ameliano, pasó después a Olimpia y debutó con la selección absoluta en julio de 2024, cuando tenía dieciséis años.
Un año más tarde fue la gran aparición de la Copa América Femenina.
Marcó seis goles y compartió el primer puesto de la tabla de anotadoras con la brasileña Amanda Gutierres. Su temporada también le permitió ser nominada al primer Trofeo Kopa femenino, destinado a reconocer a la mejor joven del mundo.
Terminó quinta.
En enero de 2026, Washington Spirit anunció su fichaje desde Olimpia con un contrato de tres temporadas y una opción para 2029. El club confirmó que había pagado un traspaso, pero no publicó la cantidad.
ESPN situó la operación en 950.000 dólares. De ser correcta, se trataría del traspaso más alto conocido de una futbolista paraguaya y de una de las operaciones más elevadas realizadas hasta entonces en el fútbol femenino.
Claudia se convirtió también en la primera paraguaya que disputaba la NWSL.
Su llegada a Estados Unidos no fue únicamente una apuesta de futuro. Antes del parón internacional de junio había participado en los trece partidos de Washington Spirit y marcado cuatro goles, tres de ellos decisivos para conseguir victorias.
Después volvió con Paraguay.
El 5 de junio hizo cuatro goles en la victoria por 0-8 ante Bolivia. Cuatro días más tarde marcó contra Colombia en el partido que debía mantener abierto el camino hacia Brasil 2027.
Paraguay anotó tres tantos en casa. Llegó al descanso por delante. Tuvo sobre el césped a la futbolista que mejor representa todo lo que puede llegar después.
No alcanzó.
La derrota también mostró los límites de cualquier historia construida alrededor de una sola jugadora.
El futuro de Paraguay no dependerá únicamente de los goles que pueda marcar Claudia. Dependerá de la liga que encuentre detrás, de la continuidad de las categorías juveniles, de cuántas futbolistas accedan a entornos profesionales y de si la absoluta consigue convertir el talento aislado en un equipo capaz de sostener una clasificación completa.
La puerta sigue allí
Hoy los hombres juegan contra Alemania. Paraguay vuelve a una eliminatoria mundialista por primera vez en dieciséis años.
La otra selección deberá esperar al siguiente ciclo.
Llegará con una historia que empezó hace cien años, cuando las hijas de trabajadores británicos y paraguayos formaron dos equipos junto a las vías del tren. Continuó cuando un decreto quiso decidir qué deportes eran compatibles con la naturaleza de una mujer. Reapareció durante el descanso de un partido masculino, sobrevivió a un telegrama, vendió 163 entradas en su primera tarde organizada y terminó levantando una Copa Libertadores.
Ahora tiene un centro de alto rendimiento, una generación juvenil que ya sabe lo que significa ganar Sudamérica y una delantera capaz de marcar en el continente, en un Mundial y en una de las mejores ligas del mundo.
Lo que todavía no tiene es un Mundial absoluto.
Paraguay ya sabe dónde está la puerta.
El siguiente desafío no consiste en esperar que Claudia la abra sola, sino en conseguir que todo lo construido llegue con ella.