LA OTRA SELECCIÓN · MÉXICO
Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.
Durante unas horas, todo el fútbol mundial hablará con acento mexicano. El Mundial masculino comienza este jueves en Ciudad de México con un México–Sudáfrica y convierte al país anfitrión en el centro del escaparate más grande del deporte. Habrá ceremonia inaugural, memoria de 1970 y 1986 y una selección obligada a sostener el peso de una noche que llevaba años esperando.
Pero México también juega otro partido.
No será esta noche y no tendrá todas las cámaras delante. Se disputará en noviembre, cuando su selección femenina afronte el tramo decisivo de la clasificación para el Mundial de Brasil 2027. Para la Tri no se trata solamente de buscar una plaza más. Se trata de regresar a un lugar del que lleva demasiado tiempo fuera.
México ha disputado tres Mundiales femeninos: Estados Unidos 1999, Alemania 2011 y Canadá 2015. En ninguno consiguió superar la fase de grupos. Tampoco logró clasificarse para Francia 2019 ni para Australia y Nueva Zelanda 2023. Si alcanza Brasil 2027, volverá a una Copa del Mundo doce años después de su última aparición.
Doce años son suficientes para que cambie casi todo. La última vez que México acudió a un Mundial femenino, la Liga MX Femenil todavía no existía.
Una puerta abierta, no un billete asegurado
La selección mexicana ha superado sin errores la primera parte del camino hacia Brasil. En abril derrotó 6-0 a Puerto Rico en el estadio Nemesio Díez de Toluca y cerró el grupo A de las eliminatorias de la Concacaf con cuatro victorias en cuatro partidos.
Aquel encuentro dejó también una imagen que sirve para entender el momento del equipo. Charlyn Corral entró desde el banquillo y necesitó dos minutos para marcar de media tijera. Todavía anotaría un segundo gol antes del final. No era un tanto decisivo en un partido apretado, pero sí una forma de recordar que algunas futbolistas sobreviven a todos los cambios de época.
La victoria clasificó a México para el Campeonato W de la Concacaf, que se disputará en noviembre. Allí se encontrará con Estados Unidos, Canadá y las otras cinco selecciones que han superado sus grupos. El formato no permite relajarse: los cuatro equipos que ganen sus cuartos de final obtendrán una plaza directa para el Mundial; los derrotados deberán buscar una segunda oportunidad mediante una repesca.
México todavía no está en Brasil. Pero ha llegado a la puerta.
Charlyn Corral, antes y después de la liga
Para el público español, Charlyn Corral no necesita demasiada presentación. Jugó cuatro temporadas en el Levante y posteriormente fichó por el Atlético de Madrid. En la campaña 2017/18 fue la máxima goleadora del campeonato español con 24 tantos.
Su trayectoria explica una parte importante de la historia del fútbol femenino mexicano. Corral tuvo que salir del país para construir una carrera profesional. Cuando llegó al Levante en 2015, México acababa de disputar su último Mundial; cuando regresó en 2021 para jugar en Pachuca, la Liga MX Femenil ya había cambiado el paisaje.
Ahora, con 34 años, sigue marcando la diferencia. Terminó las eliminatorias de la Concacaf como máxima goleadora, con 13 tantos, después de anotar siete en un solo partido ante San Vicente y las Granadinas. No es solamente una superviviente de la etapa anterior. También puede ser una de las futbolistas que acompañen a México hacia la siguiente.
La liga que no existía en 2015
El punto de inflexión llegó en 2017. Ese año nació la Liga MX Femenil, una competición impulsada para construir una estructura estable de clubes y desarrollar talento nacional. Antes de su estreno liguero hubo una Copa MX Femenil que funcionó como ensayo general. Pachuca ganó aquel torneo y Daniela Espinosa, jugadora del América, marcó el primer gol de la competición.
Nueve años después, el crecimiento ya no puede medirse únicamente por la existencia de una liga. También comienza a medirse fuera de México.
El Club América acaba de protagonizar la demostración más contundente. El 17 de mayo conquistó el Clausura 2026 de la Liga MX Femenil tras remontar la final ante Rayadas de Monterrey: perdió la ida por 1-0 y resolvió la vuelta con un 3-0 firmado por Irene Guerrero, Geyse Ferreira y Scarlett Camberos.
Seis días más tarde, el América volvió a levantar un trofeo. Esta vez derrotó 5-3 al Washington Spirit en la final de la Concacaf W Champions Cup y se convirtió en el primer club mexicano que gana la principal competición continental femenina. El partido tuvo de todo: el América se adelantó 2-0, el Spirit remontó hasta el 2-3 y el equipo mexicano respondió con otros tres goles. La española Irene Guerrero salió desde el banquillo y marcó el 4-3 en el minuto 79.
Scarlett Camberos, que también había anotado con la selección ante Puerto Rico, fue elegida mejor jugadora del torneo.
El título concede al América una plaza en la FIFA Women’s Champions Cup de 2027 y la posibilidad de alcanzar el Mundial de Clubes femenino de 2028. Pero su significado va más allá de un calendario futuro. Durante años, el fútbol femenino mexicano miró hacia Estados Unidos como referencia inevitable. Ganar una final continental ante un club de la NWSL no elimina las distancias ni resuelve todos los problemas. Sí demuestra que la conversación ha cambiado.
Convertir el crecimiento en selección
Una liga competitiva no garantiza una gran selección. Tampoco basta con atraer nombres importantes, llenar estadios en los grandes partidos o exportar alguna futbolista. El siguiente paso es más difícil: conseguir que el crecimiento de los clubes se traduzca en resultados internacionales sostenidos.
México todavía no pertenece al grupo de las grandes potencias mundiales. Su historial lo deja claro. Tres participaciones en la Copa del Mundo sin pasar nunca de la fase de grupos y dos ausencias consecutivas pesan más que cualquier discurso optimista.
Pero el país que intenta regresar a un Mundial ya no es el mismo que se despidió de Canadá en 2015.
Entonces no tenía una liga profesional consolidada. Ahora tiene clubes capaces de competir con los mejores equipos de su confederación. Entonces Charlyn Corral tuvo que marcharse para encontrar una estructura a la altura de su talento. Ahora comparte selección con futbolistas que han crecido viendo que una carrera profesional dentro de México también es posible.
Esta noche, mientras el balón empiece a rodar ante Sudáfrica, el país mirará hacia su selección masculina. Es lógico. Comienza un Mundial en casa y hay momentos que merecen ocupar todo el espacio.
Pero existe otra selección mexicana que también está jugando algo importante.
No inaugura hoy su Mundial. Está intentando volver a él.