LA OTRA SELECCIÓN · FRANCIA
Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.
Francia se enfrenta esta noche a España por un puesto en la final del Mundial.
Para los Bleus, alcanzar las últimas rondas se ha convertido casi en una costumbre. Ganaron el torneo en 2018, disputaron la final de 2022 y llegan a Dallas con la posibilidad de jugar una tercera consecutiva. España busca disputar la segunda final de su historia. El premio es el mismo para las dos: estar el domingo en Nueva York/Nueva Jersey.
La otra selección francesa ya sabe dónde disputará su próximo Mundial.
El 9 de junio, Les Bleues derrotaron 1-0 a Irlanda con un gol de Melvine Malard, terminaron primeras de su grupo por delante de Países Bajos y consiguieron la clasificación directa para Brasil 2027. Volverán a llegar como una de las selecciones europeas con más talento y respaldadas por uno de los sistemas de clubes más poderosos del mundo.
El Olympique de Lyon ha ganado ocho Copas de Europa, más que ningún otro equipo. Francia lleva décadas produciendo algunas de las mejores futbolistas del continente y presentando a su selección entre las candidatas.
Pero esa potencia no nació en Lyon, en Clairefontaine ni cuando la federación decidió invertir en ella.
La historia comenzó antes de que las mujeres tuvieran permiso para jugar. Después desapareció casi por completo y tuvo que empezar otra vez.
Francia inventó dos veces su fútbol femenino.
La primera vez
El primer partido disputado en Francia entre dos equipos completamente femeninos se celebró el 30 de septiembre de 1917.
Las dos formaciones pertenecían al Fémina Sport, un club parisino creado pocos años antes para ofrecer a las mujeres un espacio en el deporte. El encuentro no formaba parte de ninguna competición reconocida por la Federación Francesa de Fútbol.
Las jugadoras habían comenzado sin ella.
Alrededor de Fémina Sport apareció Alice Milliat, deportista y dirigente que convirtió la exclusión en una estructura propia. En 1917 participó en la creación de la Federación de Sociedades Femeninas Deportivas de Francia y, cuando el movimiento olímpico se resistió a abrir sus competiciones a las mujeres, impulsó sus propios Juegos Mundiales Femeninos.
El fútbol también salió de Francia.
En 1920, un equipo francés organizado alrededor de Milliat y Fémina Sport viajó a Inglaterra para enfrentarse a las Dick, Kerr Ladies, el gran conjunto formado por trabajadoras de una fábrica de Preston. Jugaron en estadios como Deepdale y Stamford Bridge. Meses después, las inglesas devolvieron la visita y recorrieron varias ciudades francesas.
Ya existían partidos internacionales, giras y futbolistas capaces de atraer público.
Lo que no existía era el reconocimiento de las instituciones que dirigían el juego.
La actividad fue perdiendo espacio durante los años treinta. En 1941, el régimen de Vichy decretó que el fútbol era perjudicial para las mujeres. Francia había participado en el nacimiento del juego y después colaboró en su desaparición.
Durante casi tres décadas, el fútbol femenino dejó de tener un lugar organizado dentro del país.
Hasta que alguien necesitó animar una feria.
El partido que debía durar una tarde
En 1968, Pierre Geoffroy, periodista deportivo del diario L’Union, buscaba una atracción para una feria celebrada en Reims.
Publicó un pequeño anuncio en el periódico para encontrar mujeres dispuestas a disputar un partido de fútbol. La idea era sencilla: formar dos equipos, entretener al público y terminar cuando acabara la jornada.
Las jugadoras decidieron continuar.
Aquel conjunto improvisado se convirtió en el Football Club Féminin de Reims y terminó integrado en la estructura del Stade de Reims. Comenzó a enfrentarse a los pocos equipos que aparecían en Francia y a viajar por Europa en una época en la que el país todavía no tenía una selección femenina reconocida.
En algunos lugares no las presentaban como el Stade de Reims.
Las presentaban como Francia.
El club estaba ocupando el espacio que la federación aún no había creado.
La FFF reconoció oficialmente el fútbol femenino en marzo de 1970. Cuando Francia disputó su primer partido reconocido un año después, casi todas las jugadoras procedían del Reims. Pierre Geoffroy era también el seleccionador.
El 17 de abril de 1971, Francia derrotó 4-0 a Países Bajos en Hazebrouck. Jocelyne Ratignier marcó tres goles. Las propias futbolistas no sabían que aquel encuentro sería reconocido después como el primero de la selección.
Sí sabían qué habían conseguido al terminar.
La victoria les permitió viajar a México para disputar el Mundial oficioso de 1971. Las mujeres reclutadas para participar en una feria de Reims terminaron jugando en el estadio Azteca.
De Reims a la potencia europea
El primer campeonato francés organizado por la federación comenzó en la temporada 1974/75.
El Stade de Reims ganó sus tres primeras ediciones. Después aparecieron Étrœungt, Saint-Maur, Soyaux, Juvisy, Saint-Brieuc o el FC Lyon: clubes y asociaciones que sostuvieron la competición cuando los grandes nombres del fútbol masculino todavía permanecían lejos de ella.
Parte del poder actual nació dentro de aquellas estructuras.
En 2004, el Olympique de Lyon incorporó al equipo femenino del FC Lyon. La inversión, la profesionalización y la ambición del nuevo proyecto cambiaron la escala del fútbol europeo. Lyon ganó su primera Copa de Europa en 2011 y ha levantado ocho, además de disputar doce finales.
Francia ya no necesitaba improvisar equipos ni presentar a un club como si fuera la selección nacional.
Había construido una competición estable, una cantera capaz de producir generaciones de futbolistas y el equipo más laureado de Europa.
Pero la transformación dejó otra contradicción.
El Lyon ha dominado el continente. Les Bleues todavía no han conquistado un Mundial, una Eurocopa ni unos Juegos Olímpicos.
Han alcanzado semifinales, han ocupado durante años los primeros puestos del ranking y han reunido generaciones capaces de competir contra cualquiera. Siempre ha faltado el último paso.
Brasil 2027 ofrecerá otra oportunidad.
El presente de Francia se apoya en futbolistas como Sakina Karchaoui, Grace Geyoro, Kadidiatou Diani, Marie-Antoinette Katoto, Selma Bacha, Sandy Baltimore o Melvine Malard. Ya no tiene que demostrar que pertenece a la élite ni que el país puede producir jugadoras y equipos campeones.
Tiene que conseguir que toda esa fuerza termine funcionando bajo una misma camiseta.
Esta noche, las cámaras apuntarán a Dallas. Francia y España decidirán cuál de las dos selecciones masculinas disputa la final del Mundial.
La otra Francia ya tiene su lugar reservado en Brasil.
Su historia no comenzó cuando Lyon conquistó Europa ni cuando la federación decidió reconocerla. Comenzó con mujeres que jugaron sin permiso, desapareció cuando les dijeron que aquel deporte no era para ellas y volvió gracias a un partido que debía durar una sola tarde.
Francia no descubrió el fútbol femenino cuando comenzó a dominarlo.
Para entonces, sus mujeres ya lo habían inventado dos veces.
