LA OTRA SELECCIÓN · NORUEGA
Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.
Esta noche, Noruega se enfrenta a Inglaterra por un puesto en las semifinales del Mundial. Ha tardado 28 años en regresar y ya ha llegado más lejos que nunca. Después de eliminar a Brasil, Erling Haaland encabeza una generación que ha conseguido que el país deje de seguir los grandes torneos desde fuera.
Para esa selección, casi todo lo que está sucediendo es nuevo.
Para el fútbol noruego, no.
Mucho antes de que Haaland pudiera marcar en un Mundial, la otra selección noruega ya había aprendido a competir contra los países más poderosos, derrotarlos y regresar a casa con un trofeo. Fueron las mujeres quienes entregaron al país su primer gran título internacional. Después llegaron otro Europeo, un Mundial y un oro olímpico.
El primer gran título del país
El 14 de junio de 1987, Noruega se enfrentó a Suecia en la final del Europeo femenino disputada en el Ullevaal Stadion de Oslo.
Trude Stendal marcó los dos goles noruegos. Suecia recortó la diferencia en los minutos finales, pero el 2-1 convirtió a Noruega en campeona de Europa. No fue solamente el primer título de aquella selección. Fue el primer gran torneo internacional conquistado por un equipo noruego, masculino o femenino, desde la fundación de la federación en 1902.
La victoria no abrió un dominio inmediato. Noruega perdió las finales europeas de 1989 y 1991 contra Alemania y, ese mismo año, cayó ante Estados Unidos en la final del primer Mundial femenino de la FIFA.
Estaba cerca de todo, pero todavía no gobernaba nada.
La espera terminó en 1993. Un gol de Birthe Hegstad contra Italia le dio su segundo Europeo. En seis años, Noruega había disputado cuatro finales continentales y ganado dos. Ya no era una selección que había aprovechado una oportunidad en casa. Era una potencia.
El equipo que llegó a la cima
El Mundial de Suecia de 1995 confirmó hasta dónde podía llegar.
Noruega marcó 21 goles y solo recibió uno en los cinco partidos anteriores a la final. Superó a Dinamarca en cuartos, derrotó a Estados Unidos en semifinales y volvió a encontrarse con Alemania en el partido por el título.
La final se jugó bajo la lluvia en el estadio Råsunda. Hege Riise abrió el marcador con una conducción desde fuera del área y un disparo colocado. Marianne Pettersen añadió el segundo apenas unos minutos después. Noruega ganó 2-0 y se convirtió en campeona del mundo. Riise fue elegida mejor jugadora del torneo.
Aquella victoria no fue la aparición fugaz de un país pequeño. Noruega había alcanzado las dos primeras finales mundialistas y acababa de destronar a Estados Unidos antes de vencer a Alemania. En un fútbol femenino que todavía estaba definiendo sus jerarquías, era una de las selecciones que obligaban al resto a perseguirlas.
El ciclo aún tuvo un último gran título.
En los Juegos Olímpicos de Sídney 2000, Noruega volvió a encontrarse con Estados Unidos. Las estadounidenses eran las campeonas del mundo y defendían el oro conquistado cuatro años antes. El partido llegó empatado a la prórroga hasta que Dagny Mellgren aprovechó un balón suelto y marcó el 3-2. La norma del gol de oro terminó la final en ese instante.
En trece años, Noruega había ganado dos Eurocopas, un Mundial y unos Juegos Olímpicos.
No necesitaba presentarse como una sorpresa. Era una referencia.
El mundo dejó de perseguirla
No existe una fecha exacta en la que aquella potencia desapareciera.
Noruega siguió compitiendo. Fue subcampeona de Europa en 2005 y 2013, alcanzó las semifinales continentales en 2009 y llegó a los cuartos del Mundial de 2019. Lo que perdió no fue su capacidad para producir buenas futbolistas, sino la ventaja que había construido frente a otros países.
Alemania consolidó su dominio. Estados Unidos amplió una base que ya era enorme. Inglaterra, Francia, España, Países Bajos y otras federaciones aumentaron su inversión mientras los grandes clubes trasladaban estructuras, academias y recursos al fútbol femenino. Noruega había llegado antes, pero el crecimiento internacional hizo que eso dejara de ser suficiente.
Su propia federación reconoce ahora el problema. Un informe presentado en 2025 advirtió de que las grandes naciones europeas estaban invirtiendo con fuerza, que el desarrollo internacional avanzaba más rápido que el noruego y que la liga tenía dificultades para retener a las mejores futbolistas que formaba. Entre sus objetivos figuran convertir la Toppserien en una competición completamente profesional y situarla entre las seis mejores ligas europeas antes de 2030.
Los resultados de la selección mostraron la misma pérdida de terreno. Noruega quedó eliminada en la fase de grupos de los Europeos de 2017 y 2022. En el segundo sufrió un 8-0 contra Inglaterra, la derrota más amplia de la historia de la fase final del torneo. En el Mundial de 2023, Japón la apartó en octavos.
Noruega no había desaparecido. Simplemente, ya no decidía hacia dónde avanzaba el fútbol femenino.
Las estrellas no bastaron
La paradoja es que el país continuó produciendo algunas de las mejores futbolistas del mundo.
Ada Hegerberg fue la primera ganadora del Balón de Oro femenino y es la máxima goleadora histórica de la Champions femenina. Caroline Graham Hansen se consolidó como una de las atacantes más determinantes del Barcelona, mientras Guro Reiten y Frida Maanum compitieron en algunos de los equipos más fuertes de Europa.
Noruega podía reunir nombres capaces de hacerla parecer candidata. El problema era conseguir que todos ellos formasen una selección a la misma altura.
La relación de Hegerberg con el equipo nacional reveló que las dificultades no se limitaban al campo. La delantera renunció a jugar con Noruega en 2017 por su desacuerdo con el tratamiento que la federación daba al fútbol femenino. Permaneció casi cinco años fuera y regresó en 2022. La ausencia de una de las mejores futbolistas del país mostraba que la estructura no estaba a la altura de lo que exigía a sus jugadoras.
En el Europeo de 2025, Noruega ganó sus tres encuentros de la fase de grupos y recuperó una parte de la unidad perdida en torneos anteriores. Su recorrido terminó en cuartos, cuando Cristiana Girelli marcó en el minuto 90 el gol que dio a Italia una victoria por 2-1. El equipo había vuelto a competir. Todavía no había recuperado el lugar que ocupó.
Una historia que no empezó con Haaland
La selección masculina sale ahora al campo rodeada de una atención que ese equipo llevaba décadas esperando.
Haaland puede conducirla hasta una semifinal mundialista y abrir una etapa completamente nueva. Pero la historia internacional del fútbol noruego no comienza con él. Mucho antes, sus mujeres ganaron el primer gran título de la federación, se proclamaron campeonas del mundo y derrotaron a Estados Unidos para conquistar unos Juegos Olímpicos.
Noruega puede celebrar que sus hombres hayan llegado por fin sin convertir aquellos triunfos en el prólogo de esta generación.
No necesita que Haaland le enseñe que es posible ganar.
Necesita recordar quién se lo enseñó primero.
