LA OTRA SELECCIÓN · COLOMBIA
Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.
Colombia ya está fuera del Mundial. Suiza resistió durante 120 minutos sin goles y se impuso por 4-3 en la tanda de penaltis, dejando a la selección masculina a las puertas de los cuartos de final.
La otra selección colombiana también conoce esa forma de perder.
Pero su historia reciente no termina en una tanda.
Dos días antes de que comenzara el Mundial masculino, Colombia derrotó por 4-3 a Paraguay y conquistó la primera Liga de Naciones Femenina de la CONMEBOL. Fue el primer título de su selección absoluta en una competición de la confederación y la recompensa para un equipo que llevaba quince años llegando a finales sin poder superar a Brasil.
Ana María Guzmán abrió el marcador a los ocho minutos. Paraguay reaccionó y Colombia se marchó al descanso por detrás. Marcela Restrepo, Linda Caicedo y de nuevo Guzmán, esta vez en el minuto 89, completaron una victoria que dejó a la selección en lo alto de la clasificación. Seis triunfos, dos empates y 20 puntos de 24 posibles: campeona invicta y clasificada para el Mundial de Brasil 2027.
No fue una Copa América. Brasil, ya clasificada como anfitriona del próximo Mundial, no participó. Pero tampoco fue un torneo amistoso inventado para llenar el calendario. La primera Liga de Naciones sudamericana reunió a las otras nueve selecciones de la confederación en una clasificación de ocho partidos, con dos plazas directas para Brasil 2027. Colombia fue el equipo más regular durante ocho meses.
Quince años llegando después de Brasil
Colombia no apareció de repente.
Su historia reciente puede contarse a través de los segundos puestos. Fue subcampeona de la Copa América en 2010, 2014, 2022 y 2025. Cuatro finales perdidas, todas frente a Brasil, en quince años. Cada una confirmó que Colombia ya pertenecía a la parte alta de Sudamérica; ninguna consiguió colocar un trofeo junto a ese crecimiento.
La última derrota fue también la que dejó el margen más pequeño entre ambas selecciones. En la final de 2025, Colombia y Brasil empataron 4-4 después de 120 minutos. La campeona se decidió en los penaltis y volvió a ser Brasil. Colombia regresó a casa como subcampeona por cuarta vez, después de haber estado a un lanzamiento de cambiar la jerarquía del continente.
Diez meses después no tuvo que derrotar a Brasil para proclamarse campeona. Tuvo que hacer algo diferente: sostenerse durante ocho jornadas, ganar en casa y fuera, resistir la presión de Argentina y llegar a Paraguay sabiendo que solo la victoria garantizaba el título.
La Liga de Naciones no borró las cuatro finales anteriores. Les dio un desenlace.
La selección llegó antes que la estructura
El crecimiento colombiano tampoco siguió el orden habitual.
Primero apareció una selección capaz de competir. Después llegó la competición nacional que debía alimentarla.
Colombia fue subcampeona de Sudamérica en 2010, se clasificó por primera vez para un Mundial en 2011 y debutó en los Juegos Olímpicos en Londres 2012. Sin embargo, la primera liga profesional femenina del país no comenzó hasta 2017. La propia FIFA reconoció que su creación respondió, en parte, a la necesidad de proporcionar una estructura a unas futbolistas que ya estaban disputando Mundiales, Juegos Olímpicos y Copas América.
Esa contradicción explica parte de la historia colombiana. Las futbolistas no fueron el resultado final de un sistema profesional consolidado. Durante años tuvieron que avanzar antes que él.
La liga permitió que Santa Fe, América de Cali, Deportivo Cali y otros clubes ofrecieran un primer espacio profesional, pero su recorrido ha estado marcado por calendarios cortos, proyectos intermitentes y condiciones laborales desiguales. La competición de 2026 reúne a 16 equipos y contempla una primera fase de 16 jornadas, pero todavía continúa buscando la estabilidad que sus mejores jugadoras han encontrado fuera del país.
Por eso la selección también funciona como punto de encuentro entre varias generaciones y varios destinos. Leicy Santos y Daniela Montoya pertenecen al grupo que aprendió a competir contra Brasil cuando todavía no existía la liga profesional. Linda Caicedo, Mayra Ramírez, Jorelyn Carabalí, Ilana Izquierdo y Ana María Guzmán representan una etapa en la que las colombianas ya llegan a clubes poderosos del extranjero sin dejar de pasar por los torneos y procesos juveniles del país.
No es únicamente la selección de Linda Caicedo. Pero resulta imposible contarla sin ella.
La generación que dejó de sorprender
Caicedo tenía 17 años cuando condujo a Colombia hasta la final del Mundial sub-17 de 2022. Aquel equipo se convirtió en la primera selección colombiana, masculina o femenina y de cualquier categoría, en disputar la final de una Copa del Mundo. España ganó 1-0, pero Colombia descubrió que su generación más prometedora podía competir por algo más que el reconocimiento.
Un año después, varias de esas futbolistas se encontraron con la generación anterior en el Mundial absoluto.
Colombia derrotó a Corea del Sur y a Alemania, terminó primera de su grupo, eliminó a Jamaica y alcanzó por primera vez los cuartos de final. Inglaterra necesitó remontar para imponerse por 2-1. Lo que desde fuera fue presentado como una sorpresa era, dentro del país, la continuación de un proceso que ya había llevado a la selección a los Mundiales de 2011 y 2015.
En los Juegos Olímpicos de París volvió a alcanzar los cuartos. Colombia llegó a colocarse 2-0 ante España, permitió el empate y quedó eliminada en los penaltis. En la Copa América de 2025 volvió a acercarse al título y volvió a caer desde el punto penal.
Era posible describirlo como mala suerte.
También era posible verlo como un equipo que se presentaba una y otra vez en los partidos que deciden algo.
En Paraguay, durante la última jornada de la Liga de Naciones, Colombia volvió a encontrarse con uno de esos momentos. Esta vez no dejó que se escapara.
Brasil 2027 ya no será un descubrimiento
La clasificación para Brasil será la cuarta participación mundialista de Colombia, después de Alemania 2011, Canadá 2015 y Australia y Nueva Zelanda 2023. Ya no viajará para comprobar si puede superar la fase de grupos. Lo hizo en 2015. Tampoco para demostrar que puede competir con una potencia. Derrotó a Francia en aquel Mundial, a Alemania en 2023 y obligó a España a sobrevivir a una tanda olímpica.
El reto será confirmar que los cuartos de final de 2023 no fueron el techo de una generación, sino el principio de una presencia estable entre las grandes selecciones.
Para conseguirlo necesitará que la liga continúe creciendo, que los clubes mantengan sus proyectos y que las jugadoras jóvenes encuentren algo más que unos pocos meses de competición. La selección ha demostrado que Colombia produce talento suficiente. La estructura aún debe demostrar que puede conservarlo, desarrollarlo y convertirlo en una ventaja permanente.
La masculina se marcha del Mundial después de otra tanda de penaltis. La otra selección del país conoce bien esa sensación. Perdió así contra España en París y contra Brasil en la última Copa América.
Su respuesta no fue proclamarse eternamente desafortunada.
Regresó, disputó ocho partidos sin perder y levantó una copa.
Cuando Colombia se pregunte qué debe hacer después de caer desde el punto de penalti, sus mujeres ya han dejado una respuesta.
