LA OTRA SELECCIÓN · CANADÁ
Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.
Esta tarde, en el BMO Field de Toronto, la selección masculina de Canadá disputará ante Bosnia-Herzegovina el primer partido de un Mundial que se juega en su propio país. Es un momento histórico de verdad: la tercera participación de su historia, la primera como anfitriona, ante su público. Las cámaras, las portadas y la conversación serán suyas durante unas horas. Es comprensible.
Pero en Canadá la expresión “la otra selección” funciona al revés que en casi cualquier otro lugar.
Porque mientras el equipo masculino pasó treinta y seis años sin pisar una Copa del Mundo —entre México 1986 y Catar 2022—, la selección femenina disputó todos los Mundiales desde 1995, encadenó tres medallas olímpicas consecutivas y se colgó un oro. Durante décadas, cuando el fútbol canadiense ganaba algo, ganaban ellas.
El oro que llegó en los penaltis
La cima tiene fecha: 6 de agosto de 2021, Tokio. Canadá venció a Suecia en la tanda de penaltis de la final olímpica y completó la escalera que había empezado con los bronces de Londres 2012 y Río 2016. Por el camino dejó la victoria más simbólica posible: un 1-0 en semifinales contra Estados Unidos, su vecina y verdugo histórico, con gol de penalti de Jessie Fleming.
En aquel equipo estaba, como en todos los anteriores durante dos décadas, Christine Sinclair. Su cifra sigue siendo difícil de asimilar: 190 goles internacionales, más que ningún otro futbolista en la historia de las selecciones, hombres incluidos. Se retiró de la selección en diciembre de 2023 sin el Mundial que persiguió toda su carrera, pero con algo que casi ninguna leyenda consigue: cambiar el lugar que ocupaba su deporte en su país.
Hoy Sinclair ya no juega. Es copropietaria del Vancouver Rise, el club campeón de la nueva liga profesional canadiense. Su carrera terminó; su influencia, no.
La mancha del dron y la reconstrucción
No todo es epopeya. En los Juegos de París 2024, el cuerpo técnico canadiense fue sorprendido utilizando un dron para espiar los entrenamientos de Nueva Zelanda antes del debut. La FIFA sancionó a Canadá con la retirada de seis puntos en la fase de grupos y suspendió un año a la seleccionadora Bev Priestman y a dos miembros de su equipo.
Lo que ocurrió después dice mucho del carácter de aquel vestuario: con seis puntos menos, Canadá ganó sus tres partidos de grupo, se clasificó igualmente y solo cayó en cuartos ante Alemania, en los penaltis. Una defensa del título imposible que terminó convertida en una reivindicación.
La reconstrucción tiene nombre desde enero de 2025: Casey Stoney, exinternacional inglesa que había dirigido al Manchester United y al San Diego Wave. Su mandato es claro —renovar un equipo que envejecía— y su proceso ha tenido los altibajos esperables, con derrotas ante Suiza, Países Bajos o Japón en 2025 y señales de crecimiento en 2026. La más reciente, el martes: 6-0 a Costa Rica a domicilio, con un hat-trick de Janine Sonis, campeona olímpica en Tokio. Canadá es hoy novena del ranking FIFA.
La liga que faltaba
Si la historia mexicana de esta serie giraba en torno a una liga nacida en 2017, la canadiense gira en torno a una liga nacida anteayer. La Northern Super League, impulsada por la exinternacional Diana Matheson —autora del gol del bronce en Londres 2012—, echó a andar en abril de 2025. Fue la respuesta a una anomalía que duró demasiado: el país campeón olímpico no tenía una sola liga profesional femenina, y todas sus futbolistas estaban obligadas a emigrar.
La NSL disputa ya su segunda temporada, con seis clubes de costa a costa —de Halifax a Vancouver— y un calendario ampliado de 80 encuentros entre abril y noviembre. Todos pueden seguirse en Canadá, repartidos entre televisión y plataformas digitales como TSN, CBC, RDS, Radio-Canada y el canal oficial de YouTube de la competición. El Vancouver Rise es el vigente campeón; el AFC Toronto ganó la primera temporada regular. Nadie espera que compita mañana con la NWSL o con Europa. Pero su sola existencia cambia la pregunta que se hace una niña canadiense: ya no es si podrá ser profesional, sino dónde.
El talento exportado, mientras tanto, marca registros. En julio de 2025, el Arsenal pagó al Liverpool un millón de libras por Olivia Smith, delantera canadiense de 20 años: fue el primer traspaso de siete cifras de la historia del fútbol femenino. El récord apenas duró un mes —la mexicana Lizbeth Ovalle lo superó después con su fichaje por Orlando Pride—, pero la frontera ya había caído. Una canadiense fue la primera futbolista por la que alguien pagó un millón de libras.
Cobrar lo mismo por jugar lo mismo
Hay otro terreno en el que Canadá ha terminado por convertirse en referencia, aunque el camino fuera áspero. Tras años de conflicto laboral —incluido un paro breve antes de la SheBelieves Cup de 2023, desconvocado ante la amenaza de acciones legales de la federación—, Canada Soccer y las asociaciones de sus dos selecciones ratificaron en marzo un convenio vigente hasta finales de 2027.
El acuerdo establece un marco equitativo de compensación y beneficios. En el dato más visible, fija la misma prima base de 25.000 dólares canadienses por partido para la fase de grupos del Mundial masculino de 2026 y para la del Mundial femenino de 2027.
Los hombres que hoy saltan al BMO Field reciben por cada partido de su fase de grupos lo mismo que recibirán ellas el año que viene. En Concacaf, eso todavía es noticia.
Noviembre, el mes que importa
Porque ese es el matiz que lo ordena todo: Canadá también tiene un Mundial que jugarse. A finales de noviembre disputará en Estados Unidos el Campeonato W de la Concacaf, el torneo que reparte los billetes directos para Brasil 2027. El formato no perdona: ganar los cuartos de final significa plaza directa; perderlos, una repesca. Allí estarán Estados Unidos, México y las otras cinco selecciones clasificadas.
Y no solo estará en juego el Mundial. El mismo torneo repartirá también las plazas de Concacaf para los Juegos de Los Ángeles 2028. Para una selección cuya cima llegó precisamente en unos Juegos, noviembre servirá para medir algo más que el relevo generacional: dirá si Canadá conserva el lugar olímpico que tardó años en conquistar.
Canadá llega con una cuenta pendiente de las grandes: ocho Mundiales disputados y un techo que sigue siendo el cuarto puesto de 2003. En el último, en 2023, ni siquiera superó la fase de grupos, su peor resultado desde 2011. La generación del oro se retira por partes; la de Olivia Smith empuja desde abajo. Noviembre dirá si el relevo ha llegado a tiempo.
Esta tarde, Toronto será una fiesta y el país entero mirará hacia su selección masculina. Es justo: hay esperas de treinta y seis años que merecen celebrarse sin matices.
Pero cuando termine el Mundial y las cámaras se apaguen, el palmarés del fútbol canadiense seguirá diciendo lo mismo que dice desde hace años.
Que en Canadá, la selección que sabe lo que es ganar lleva todo este tiempo siendo la otra.