LA OTRA SELECCIÓN · JORDANIA
Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.
Jordania despedirá ante Argentina el primer Mundial masculino de su historia. La selección de Jamal Sellami llegó a Norteamérica después de cuatro décadas intentando encontrar una puerta. Perdió ante Austria en su debut, volvió a caer frente a Argelia y afrontará la última jornada ya eliminada, pero con algo que ninguna generación anterior había conseguido: haber llevado la camiseta jordana hasta el mayor escenario del fútbol. Al otro lado del mismo escudo existe otra selección. Nunca ha disputado un Mundial absoluto. Pero diez años antes de que los hombres viajaran por primera vez al torneo, fueron las mujeres quienes consiguieron que el Mundial viajara hasta Jordania. En 2016, Amán, Irbid y Zarqa acogieron la Copa del Mundo femenina sub-17. Fue el primer torneo femenino de la FIFA celebrado en Oriente Medio y la culminación de un proyecto que había comenzado apenas once años antes, cuando Jordania reunió a su primera selección femenina. No llegaron al mundo. Hicieron que el mundo llegara hasta ellas.
Nacer ganando
La selección femenina de Jordania se creó en 2005. El fútbol organizado para mujeres apenas tenía recorrido en el país. Había pocos equipos, pocas futbolistas y todavía menos lugares en los que una niña pudiera imaginar que aquello que hacía con un balón podía convertirse en una carrera. Las primeras internacionales tuvieron que aprender mientras construían el camino. Stephanie Al-Naber jugaba en las calles de Amán con su hermano. Maysa Jbarah comenzó en una época en la que formar una convocatoria nacional ya exigía buscar prácticamente entre todas las futbolistas disponibles. Shahnaz Jebreen, Yasmeen Khair, Aya Al-Majali y el resto de aquella generación no heredaron una selección. Tuvieron que inventarla. Lo hicieron deprisa. Jordania disputó su primer partido internacional en septiembre de 2005 y ganó 6-1 a Baréin. Poco después conquistó la primera edición del Campeonato femenino de Asia occidental. En 2007 volvió a levantar el título. La selección nació y casi inmediatamente se convirtió en la mejor de su entorno. Aquellos triunfos no significaban que las barreras hubieran desaparecido. Las jugadoras seguían encontrándose con familias que no consideraban el fútbol un lugar apropiado para una mujer, dificultades para entrenar y una estructura demasiado pequeña para garantizar la continuidad. Pero ganar ofrecía una respuesta que no necesitaba demasiadas explicaciones. Jordania estaba formando una selección porque ya tenía una selección capaz de competir. Y en medio de aquel comienzo apareció una futbolista que terminaría atravesando toda su historia. Maysa Jbarah debutó en el primer partido de 2005. Marcó el primer gol jordano en una Copa Asiática, decidió una Copa Árabe y continuó jugando con la selección en junio de 2026, más de veinte años después. El archivo de la Federación Jordana —que incluye también partidos no reconocidos como internacionales A por la FIFA— le atribuye 153 encuentros y 147 goles. En algunos países, la historia de una selección necesita generaciones. En Jordania, una parte enorme cabe dentro de la carrera de una sola futbolista.
Una victoria que nadie jugó
El 3 de junio de 2011, Jordania debía enfrentarse a Irán en Amán durante la clasificación asiática para los Juegos Olímpicos de Londres. El partido no llegó a celebrarse. Las jugadoras iraníes aparecieron con una equipación que cubría la cabeza y el cuello. La FIFA consideró que infringía las reglas sobre la vestimenta y les impidió disputar el encuentro. Irán recibió una derrota administrativa por 3-0 que terminó con sus aspiraciones olímpicas. Las imágenes mostraron a sus futbolistas llorando sobre el césped. Jordania figuró como vencedora, pero tampoco había salido indemne de aquella norma. Antes del encuentro había dejado fuera de la convocatoria a varias jugadoras para evitar el mismo problema. La prohibición no enfrentaba simplemente a dos selecciones. Colocaba a mujeres musulmanas ante una elección que nunca debió existir: renunciar a una parte de sus convicciones o renunciar al fútbol. El príncipe Ali bin Al Hussein, presidente de la Federación Jordana y entonces vicepresidente de la FIFA, encabezó después la campaña para modificar la normativa. Defendió que la prohibición estaba alejando del deporte a miles de mujeres y presentó modelos diseñados específicamente para competir, sin alfileres y con sistemas que se soltaban si alguien tiraba de ellos. El argumento de la seguridad empezó a quedarse sin refugio. En julio de 2012, la International Football Association Board autorizó el uso de protectores para la cabeza después de estudiar los informes médicos y técnicos. Dos años después incorporó de forma definitiva a las Reglas de Juego la posibilidad de utilizarlos por motivos religiosos. El cambio regresó después al lugar desde el que había sido impulsado. Jordania se enfrentó a España en el partido inaugural del Mundial sub-17 de 2016. Algunas jugadoras saltaron al campo con la cabeza cubierta. Fue la primera vez que sucedió en una competición de la FIFA. El resultado fue un 0-6. La imagen fue mucho más grande que el marcador.
El Mundial que llegó a Amán
Jordania no organizó el Mundial sub-17 porque su selección perteneciera a la élite. Lo organizó porque quería utilizar un torneo mundial para construir aquello que todavía no tenía. Se renovaron estadios y se habilitaron catorce campos de entrenamiento. Se formó a entrenadoras, árbitras, organizadoras y trabajadoras vinculadas al torneo. El 75 % de los integrantes del comité organizador local eran mujeres. Antes de que comenzara la competición, 460 niñas de 44 colegios públicos participaron en un campeonato escolar. Muchas nunca habían jugado con una equipación completa, árbitros y un campo preparado para ellas. El Mundial debía demostrar que las niñas podían jugar. También que podían organizar, dirigir y ocupar espacios alrededor del fútbol que hasta entonces parecían reservados para los hombres. Sobre el césped, la distancia fue evidente. Jordania perdió 6-0 ante España, 4-1 frente a México y 5-0 contra Nueva Zelanda. Terminó su primera participación mundialista sub-17 con un gol a favor y quince en contra. Durante tres semanas el fútbol femenino ocupó estadios, escuelas, televisiones y conversaciones en un país de Oriente Medio. Niñas que nunca habían tenido una competición vieron a jugadoras de su edad representar a Jordania frente a algunas de las mejores selecciones del mundo. El equipo no pudo competir con ellas. El país ya no podía fingir que no las había visto.
Las primeras de Asia occidental
El Mundial de 2016 no fue la primera ocasión en la que las Nashmiyat cruzaron una frontera. Tres años antes habían superado la clasificación para la Copa Asiática de 2014. Ganaron sus tres partidos, marcaron treinta goles y no recibieron ninguno. Con aquella clasificación, Jordania se convirtió en la primera selección de Asia occidental que alcanzaba la fase final del torneo continental. La diferencia volvió a aparecer cuando llegó allí. Perdió 3-1 ante Vietnam, cayó por el mismo resultado frente a Australia y recibió un 7-0 de Japón, que terminaría proclamándose campeón. Maysa Jbarah marcó el primer gol jordano en una Copa Asiática. Stephanie Al-Naber hizo el segundo frente a Australia. Jordania no ganó ningún partido, pero había llegado a un lugar en el que ninguna selección de su región había estado. Cuatro años después no tuvo que viajar. La Copa Asiática de 2018 se disputó en Amán. Era la primera edición organizada en Asia occidental y repartía cinco plazas para el Mundial de Francia. Jordania había pasado de reunir a sus primeras internacionales en 2005 a recibir, trece años después, el torneo más importante del continente. La oportunidad parecía construida a la medida de aquella generación. Jbarah, Al-Naber y Jebreen habían llevado a la selección desde los primeros campeonatos regionales hasta la posibilidad real de disputar un Mundial absoluto. Jordania había ganado sus cinco partidos de la fase clasificatoria —aunque ya tenía asegurada la plaza como anfitriona— y había marcado 37 goles. Jbarah había anotado trece. En el partido inaugural contra Filipinas, Jordania se adelantó. Maysa Jbarah volvió a marcar. Después llegó la remontada filipina, el 1-2 y una derrota que cambió el torneo. Jordania cayó 6-1 frente a Tailandia y 8-1 ante China. Marcó en los tres encuentros, pero terminó última del grupo. El camino al Mundial exigía dos victorias. La primera se escapó aquella noche ante Filipinas. Después ya no hubo margen. Se marchó sin ellas.
Reinas de una frontera
La historia de Jordania puede contarse a través de todo lo que ha conseguido antes que sus vecinas. Fue la primera selección de Asia occidental en una Copa Asiática. Organizó el primer Mundial femenino de Oriente Medio. Recibió la primera Copa Asiática disputada en esa parte del continente. Ayudó a modificar una regla que dejaba fuera a mujeres musulmanas. Creó una competición nacional presentada como la primera liga profesional femenina de la región. También ha ganado más que nadie a su alrededor. En diciembre de 2025, las Nashmiyat derrotaron 3-1 a Palestina en Yeda y conquistaron por séptima vez el Campeonato de Asia occidental. Han levantado siete de las nueve ediciones disputadas y encadenan cinco títulos consecutivos. En su región, Jordania es una dinastía. Fuera de ella, continúa buscando su sitio. Solo ha disputado dos Copas Asiáticas absolutas, las de 2014 y 2018. No volvió en 2022 después de empatar sin goles ante Irán y perder la tanda de penaltis que clasificó por primera vez a las iraníes. Cuatro años después, la historia volvió a concentrarse en un partido contra el mismo rival. Jordania comenzó la fase de clasificación para la Copa Asiática de 2026 venciendo 4-0 a Líbano, 5-0 a Singapur y 3-0 a Bután. Llegó a la última jornada con nueve puntos, doce goles a favor, ninguno en contra y una ventaja sencilla de explicar. Le bastaba con no perder ante Irán. Perdió 2-1. Por segunda vez consecutiva, la selección que había participado en abrir el fútbol internacional a las mujeres que cubrían su cabeza quedó fuera de la Copa Asiática a manos de Irán. La historia había cambiado. El resultado, no.
Todo lo construido
El dominio regional y las eliminaciones continentales no son una contradicción accidental. Dibujan con bastante precisión el lugar que ocupa Jordania. El país ha desarrollado una estructura femenina más amplia que la de buena parte de Asia occidental. Tiene competiciones de base, Primera División, Copa y una máxima categoría oficialmente profesional. Sus clubes han ganado torneos regionales y la federación ha aumentado las ayudas destinadas al fútbol femenino. Pero la pirámide continúa siendo estrecha. El último recuento público, incluido en el informe de asociaciones miembro de la FIFA de 2023, registraba 1.092 futbolistas federadas en Jordania. De ellas, 914 eran menores de veinte años. Solo 178 pertenecían a categorías adultas. La base existe. La dificultad aparece al convertirla en una carrera larga, una liga equilibrada y una selección capaz de competir de manera sostenida con los mejores equipos de Asia. Jordania puede derrotar a casi cualquiera dentro de su región. Cuando el recorrido la acerca a Japón, Australia, China, Corea del Norte o las nuevas selecciones que han acelerado su desarrollo, el escalón sigue siendo demasiado alto.
Volver sin invitación
En marzo de 2026, la Federación Jordana entregó el proyecto a Lamia Boumehdi. La entrenadora marroquí llegó después de proclamarse campeona de África con el TP Mazembe. No fue nombrada únicamente seleccionadora absoluta: también asumió funciones en la dirección técnica del fútbol femenino y la supervisión de todas las selecciones nacionales de mujeres. La misión no consiste solo en ganar el siguiente partido. Consiste en unir las partes. La niña que empieza a jugar, la adolescente que entra en una selección inferior, la futbolista que intenta continuar en categoría adulta y la internacional que debe competir fuera de Asia occidental forman parte del mismo problema. Boumehdi comenzó su etapa reuniendo a 31 jugadoras del campeonato nacional. Después redujo el grupo y disputó sus primeros amistosos. Jordania venció 4-3 a Malasia y 1-0 a Palestina. Entre las convocadas seguía Maysa Jbarah. La futbolista que estuvo en el comienzo continúa allí cuando la selección intenta comenzar otra vez. Jordania ocupa el puesto 76 del ranking FIFA, el más bajo de su historia. No disputa una Copa Asiática desde 2018 y deberá esperar un nuevo ciclo para intentar regresar. Mientras tanto, la selección masculina ha conseguido por fin lo que el país llevaba décadas esperando: jugar un Mundial absoluto. Los hombres viajaron hasta él. Las mujeres ya sabían lo que significaba verlo llegar. En 2016 recibieron al mundo, llenaron estadios, cambiaron imágenes y demostraron que una futbolista podía representar a Jordania sin dejar fuera una parte de sí misma. Antes habían abierto Asia occidental. Después construyeron una dinastía regional. Ahora persiguen algo diferente. No volver a organizar el camino. Recorrerlo.
