LA OTRA SELECCIÓN · CURAZAO
Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.
Esta noche, Curazao se enfrenta a Costa de Marfil con su primer Mundial todavía abierto.
La selección del territorio menos poblado que ha disputado el torneo ya ha marcado su primer gol y ha conseguido su primer punto. Necesita ganar y mirar también hacia el Ecuador-Alemania para saber si puede prolongar su debut más allá de la fase de grupos.
Para los hombres, una victoria puede abrir esta noche la puerta de la siguiente ronda.
La selección femenina conoce una ecuación bastante más extraña.
En 2023 ganó todos sus partidos.
No se clasificó para ninguna copa.
Ascendió a una liga que nunca llegó a disputar.
Cuatro de cuatro
La primera Copa Oro femenina de la Concacaf estrenó un sistema clasificatorio dividido en tres niveles.
Curazao comenzó en la Liga C, el último de ellos. Su grupo lo completaban las Islas Caimán y Anguila, dos selecciones situadas también en la parte baja del fútbol internacional.
Solo había cuatro partidos.
Curazao ganó los cuatro.
Comenzó con un 2-0 como visitante ante las Islas Caimán. Después recibió a Anguila y se impuso por 5-2. En noviembre volvió a enfrentarse a las mismas rivales y confirmó que aquellos primeros resultados no habían sido un accidente.
Venció 5-1 a Anguila fuera de casa.
Cerró la fase con un 6-1 ante las Islas Caimán en Willemstad.
Doce puntos de doce posibles. Dieciocho goles marcados y cuatro recibidos.
No dejó nada por hacer.
La noche de Kadisha Martina
La promoción quedó resuelta el 30 de noviembre de 2023, en Anguila.
Curazao ganó 1-5 y Kadisha Martina marcó cuatro goles. Taïsha Hansen completó el resultado.
Martina ya había abierto el marcador en el 5-2 del partido anterior contra la misma selección. Cuatro días después de asegurar el primer puesto volvió a marcar dos veces en la goleada final frente a las Islas Caimán.
Siete goles en los tres últimos encuentros del grupo.
Curazao no había necesitado proteger ventajas mínimas ni calcular diferencias. Había ganado con autoridad y convertido a Martina en la figura de una campaña perfecta.
La federación presentó la promoción como un momento histórico. Las jugadoras regresaron a la isla con una invitación pública para acudir al aeropuerto a recibirlas.
Todavía quedaba un último partido, pero ya habían conseguido el objetivo.
El problema era entender cuál había sido realmente el premio.
Ganar sin clasificarse
La competición se llamaba Camino a la Copa Oro, pero no todos los caminos alcanzaban el torneo.
Los tres campeones de grupo de la Liga A obtenían una plaza directa en la fase final. Los tres subcampeones de la Liga A y los tres campeones de la Liga B avanzaban a una ronda preliminar.
Los ganadores de la Liga C no accedían a ninguna de las dos.
Curazao podía ganar cuatro partidos, sumar doce puntos y marcar dieciocho goles. Nada de eso le permitía disputar la Copa Oro de 2024.
El resultado de su campaña era otro: la promoción a la Liga B.
No era una vía inmediata hacia el torneo. Tampoco una plaza para competir contra alguna de las selecciones que ya estaban a un paso de alcanzarlo.
Era el derecho a abandonar el último escalón.
La siguiente vez, en teoría, Curazao comenzaría desde una categoría superior. Ya no tendría que enfrentarse a Anguila y las Islas Caimán para demostrar que estaba por encima de ellas. La Liga B le ofrecería rivales más exigentes y, si conseguía ganarla, una ruta hacia la ronda preliminar de la Copa Oro.
Había ganado todo lo que podía ganar.
No se había clasificado.
Pero había conseguido subir.
La categoría que desapareció
La oportunidad de competir en aquella Liga B nunca llegó.
En septiembre de 2024, Concacaf presentó una nueva estructura para sus competiciones femeninas. Las siguientes clasificatorias ya no repetirían el modelo de Liga A, Liga B y Liga C utilizado en el camino hacia la Copa Oro.
El sistema por el que Curazao había ascendido desapareció antes del siguiente ciclo.
La promoción seguía formando parte de la historia oficial de aquella campaña. Las jugadoras habían ganado su grupo y abandonado formalmente el último nivel.
Pero nunca pudieron disputar la categoría que habían conquistado.
Cuando Curazao volvió a competir por un gran torneo, el punto de partida ya no dependía de aquella clasificación. No comenzó en una Liga B protegida frente a selecciones de un nivel parecido.
Fue incluida en un grupo único junto a Panamá, Cuba, Aruba y San Cristóbal y Nieves.
El premio obtenido con cuatro victorias no condicionó el nuevo camino.
Concacaf había cambiado el mapa antes de que Curazao pudiera llegar a su destino.
Una selección intermitente
Después de la disolución de las Antillas Neerlandesas, Curazao heredó una historia internacional femenina que se remontaba a 2006.
Sin embargo, la actividad de la selección fue muy irregular. El equipo pasó largos periodos sin disputar partidos oficiales, no participó en el camino hacia el Mundial de 2015 y acumuló pequeños ciclos competitivos separados por años con muy pocos encuentros.
La propia Federación de Curazao reconocía que el equipo absoluto comenzaba a participar con mayor regularidad y que todavía necesitaba construir una infraestructura en la que niñas y mujeres pudieran avanzar dentro del fútbol.
La campaña de 2023 había ofrecido una primera medida de su crecimiento.
Curazao podía imponerse a las selecciones de su entorno inmediato. Tenía una goleadora capaz de decidir partidos, futbolistas jóvenes entrando en el equipo y una base suficiente para completar una fase sin perder.
Lo que todavía no sabía era cuánto resistiría esa selección cuando el nivel aumentase.
La respuesta llegó en el siguiente ciclo.
No en la Liga B que había ganado el derecho a disputar.
En un grupo completamente nuevo.
Dieciséis goles en contra
Las clasificatorias de la Concacaf de 2025 y 2026 abandonaron la división entre ligas.
Curazao quedó encuadrada con Panamá, Cuba, Aruba y San Cristóbal y Nieves. Solo la primera selección del grupo avanzaba al Campeonato de la Concacaf, torneo que también formaba parte del camino hacia el Mundial de Brasil 2027.
La diferencia con 2023 apareció inmediatamente.
Panamá ganó 6-1 en Willemstad.
Cuba se impuso después por 3-0.
El tercer partido debía ofrecer una referencia más cercana. Aruba comparte con Curazao historia, geografía y una rivalidad natural dentro de las antiguas Antillas Neerlandesas.
También terminó en derrota.
Aruba ganó 6-1 en el estadio Rignaal Jean Francisca. Amazia Burnet marcó el único gol local, pero las visitantes anotaron cuatro veces durante la última media hora.
Curazao acumulaba cuatro derrotas consecutivas en clasificatorios, contando el último encuentro de su ciclo mundialista anterior. Era la peor racha de resultados de su historia en esa competición.
El nuevo formato no confirmó el dominio de 2023.
Mostró de golpe su límite.
Curazao había sido demasiado fuerte para Anguila y las Islas Caimán. Todavía estaba muy lejos de Panamá y Cuba.
La derrota ante Aruba añadió una conclusión más incómoda: tampoco bastaba con mirar únicamente hacia las selecciones más poderosas del grupo.
Del primer minuto al 90+1
Curazao llegó al último encuentro sin opciones de terminar primera.
Visitaba a San Cristóbal y Nieves. Ambas selecciones ocupaban las dos últimas posiciones y buscaban cerrar la fase con su primera victoria.
El partido comenzó de la peor manera posible.
Sherema Blake adelantó a San Cristóbal y Nieves en el primer minuto.
Curazao tardó casi una hora en responder. Shi-Jona Martina empató en el 58 con un disparo desde el borde del área.
El 1-1 parecía destinado a cerrar la participación de las dos selecciones sin una victoria.
Entonces apareció Amazia Burnet.
La misma futbolista que había marcado contra Aruba recibió el balón lejos de la portería y disparó desde fuera del área. La pelota entró en el minuto 90+1.
Curazao ganó 2-1.
Terminó cuarta, con tres puntos, cuatro goles a favor y dieciséis en contra. Panamá avanzó con pleno de victorias; Cuba y Aruba también quedaron por delante.
No había clasificación, promoción ni trofeo.
Solo una victoria en el último minuto.
Pero aquel gol impedía que el ciclo terminase únicamente como una corrección. Curazao había descubierto la distancia que la separaba de Panamá, Cuba e incluso Aruba, y aun así consiguió salir del torneo avanzando unos centímetros.
En 2023, ganar cuatro veces había servido para conquistar una categoría que desapareció.
En 2026, una sola victoria no concedía nada.
Al menos esta vez el resultado sí pertenecía al mismo sistema en el que tendría que seguir creciendo.
Buscar más jugadoras
Pocos días después de terminar las clasificatorias, la federación organizó unas jornadas abiertas para la selección femenina.
La convocatoria resumía el momento del proyecto.
Curazao ya tenía un equipo absoluto, una goleadora reconocible y futbolistas capaces de competir internacionalmente. También necesitaba ampliar la base, encontrar nuevas jugadoras y evitar que cada ciclo dependiera de un grupo demasiado pequeño.
La isla cuenta con una ventaja y una dificultad que se parecen mucho.
Su tamaño permite localizar talento, conectar a las jugadoras y construir una identidad común. Pero reduce el número de clubes, partidos y futbolistas disponibles para elevar el nivel de los entrenamientos.
En 2023 bastó para dominar la Liga C.
En 2026 no bastó para competir de igual a igual con las mejores selecciones de su grupo.
El objetivo no puede consistir únicamente en repetir una campaña perfecta contra los mismos rivales. Debe conseguir que la selección juegue suficientes partidos como para que cada aumento de nivel no se convierta en una caída.
También necesita que el camino conserve su forma el tiempo suficiente para poder recorrerlo.
El premio de ganar
Esta noche, la selección masculina necesita derrotar a Costa de Marfil y mirar también hacia el Ecuador-Alemania para saber si puede conseguir algo que el país nunca ha vivido: entrar en las eliminatorias de un Mundial.
La femenina conoce una forma mucho más extraña de ganar sin avanzar.
En 2023 venció en sus cuatro partidos, marcó dieciocho goles y ascendió oficialmente a la Liga B.
No disputó la Copa Oro.
Tampoco llegó a jugar en la Liga B.
Cuando volvió a competir, aquella estructura ya no existía.
En 2026 perdió tres encuentros, encajó dieciséis goles y terminó cuarta. El nuevo formato le mostró la distancia que todavía la separaba de Panamá, Cuba y Aruba, pero al menos le permitió cerrar el ciclo con una victoria en el minuto 90+1.
Las dos campañas no se contradicen.
La primera demostró que Curazao era demasiado fuerte para permanecer en el último nivel.
La segunda comenzó después de que desapareciera el nivel al que había conseguido subir.
Los hombres juegan esta noche para alcanzar la siguiente ronda.
Las mujeres ganaron cuatro veces para alcanzar una categoría que nunca pudieron jugar.
