LA OTRA SELECCIÓN · CHEQUIA
Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.
Esta madrugada, Chequia se enfrenta a México en el estadio Azteca.
La selección masculina necesita ganar. Después de perder contra Corea del Sur y empatar ante Sudáfrica, solo una victoria le garantiza continuar en el Mundial.
Las mujeres checas conocen bien esa sensación de tener el torneo delante y una última frontera por cruzar.
Nunca han disputado un Mundial. Tampoco una Eurocopa. Han llegado varias veces a las eliminatorias decisivas, han competido contra algunas de las mejores selecciones de Europa y han construido generaciones capaces de acercarse.
Pero la primera vez que estuvieron a punto de jugar un Mundial no perdieron una eliminatoria.
Tenían la invitación. Tenían rival. Tenían fecha, ciudad y hora.
Los carteles del partido ya estaban impresos.
Lo que no tuvieron fue permiso para viajar.
Treinta y cuatro equipos nacidos de una revista
En 1966, la revista checoslovaca Mladý svět publicó un artículo titulado Holky, do toho!: «¡Chicas, adelante!».
La propuesta era sencilla: animar a las mujeres a formar equipos y participar en un torneo de fútbol.
La respuesta superó cualquier previsión.
En apenas un mes se inscribieron treinta y cuatro conjuntos femeninos. Veintiséis terminaron participando los días 22 y 23 de octubre en el torneo O srdce Mladého světa.
Entre ellos estaba un equipo recién creado alrededor del Slavia de Praga. Su entrenador, Vilém Marzin, había reunido a jugadoras procedentes del balonmano, el atletismo, el tenis y otros deportes. Una de ellas era Marie Ševčíková, una joven tenista que había llegado a Praga para trabajar.
El Slavia venció al Sparta por 1-0 en la final.
No era todavía una liga. Tampoco existía una federación femenina consolidada. Pero aquella convocatoria pública había demostrado algo que las instituciones no habían previsto: no faltaban mujeres interesadas en jugar. Faltaba un lugar donde encontrarse.
El equipo femenino del Slavia quedó constituido oficialmente en febrero de 1967 y comenzó a entrenarse tres veces por semana. Aquel mismo año viajó a Italia y ganó un torneo internacional en Riccione después de vencer a equipos de Bolonia, Milán y Florencia.
En poco tiempo, un conjunto nacido alrededor de un artículo de revista se había convertido en uno de los equipos femeninos más fuertes de Europa.
La primera selección
El 23 de febrero de 1968, Checoslovaquia e Italia se enfrentaron en Viareggio.
Fue el primer encuentro internacional femenino reconocido en la historia de las dos selecciones.
Checoslovaquia se adelantó en el minuto seis con un gol de Michlerová. Italia acabó remontando y ganó 2-1, pero el resultado era casi secundario. Ya existía una selección. Las futbolistas checoslovacas podían competir fuera del país, enfrentarse a rivales internacionales y aspirar a algo más grande que aquellos primeros torneos organizados sin una estructura oficial.
Durante el verano, el Slavia viajó a Dinamarca. Allí se enfrentó al Femina BK, uno de los equipos más importantes del fútbol femenino europeo. Ganó el primer partido y perdió el segundo. También nació una relación entre los dos clubes.
Pocas semanas después, esa relación cambiaría la vida de dos jugadoras.
El viaje que no terminó
El 21 de agosto de 1968, las tropas del Pacto de Varsovia invadieron Checoslovaquia y pusieron fin al intento reformista de la Primavera de Praga.
En octubre, Marie Ševčíková, su hermano Petr y su compañera del Slavia Jana Mandíková salieron del país con autorización para realizar un viaje breve a Alemania Occidental.
No regresaron.
Ševčíková y Mandíková acudieron a la embajada danesa en Bonn, consiguieron visados y viajaron a Dinamarca. Allí las recibió el Femina BK, el mismo equipo contra el que habían jugado unos meses antes.
Las dos comenzaron una vida nueva lejos de casa y continuaron jugando al fútbol.
Ševčíková tardaría catorce años en poder volver a ver personalmente a sus padres.
Mientras tanto, en Checoslovaquia, el equipo del que habían salido seguía creciendo. Sus futbolistas eran ya conocidas fuera del país y figuraban entre las mejores de una disciplina que todavía no tenía competiciones internacionales reconocidas por la FIFA o la UEFA.
Entonces llegó una invitación.
El Mundial que ya tenía carteles
En 1970, una organización privada vinculada al fútbol femenino italiano preparó la Coppa del Mondo femminile Trofeo Martini & Rossi.
No era una Copa Mundial reconocida por la FIFA. El organismo internacional todavía tardaría más de dos décadas en organizar su primer Mundial femenino oficial. Pero aquel torneo utilizó la denominación de campeonato del mundo, reunió a equipos de distintos continentes y fue uno de los mayores acontecimientos internacionales celebrados hasta entonces por el fútbol femenino.
Checoslovaquia fue invitada.
El equipo debía enfrentarse a Dinamarca el 8 de julio de 1970, a las 21:30, en el estadio municipal de Bolonia. El ganador accedería a las semifinales. La participación parecía cerrada. Los organizadores habían preparado el cuadro. La selección conocía su rival. Los carteles que anunciaban el Checoslovaquia-Dinamarca ya estaban impresos.
Entonces llegó la orden: el equipo no viajaría.
El entrenador Vilém Marzin culpó directamente a los responsables del fútbol femenino checoslovaco. La prensa del país se limitó a informar de que Checoslovaquia había renunciado al campeonato. Algunos periódicos italianos hablaron de visados no concedidos y relacionaron la ausencia con el clima político posterior a la Primavera de Praga.
Nunca quedó establecida públicamente una explicación única y completa.
Lo que sí quedó claro fue el resultado. La participación checoslovaca quedó cancelada en el último momento y aquella generación perdió la oportunidad de disputar el mayor torneo internacional disponible. Dinamarca se quedó sin rival. Los organizadores tuvieron que recuperar para el cuadro a Alemania Occidental, que ya había sido eliminada por Inglaterra.
Las futbolistas checoslovacas se quedaron en casa.
No todas.
Campeonas con otra camiseta
Dinamarca estaba representada en el torneo por el Femina BK.
En su plantilla estaban Marie Ševčíková y Jana Mandíková.
El partido que debía enfrentar a las dos emigradas con sus antiguas compañeras del Slavia nunca se disputó. En su lugar, Dinamarca derrotó por 6-1 a Alemania Occidental. Después venció 2-0 a Inglaterra en semifinales.
El 15 de julio, unas 40.000 personas acudieron al estadio Comunale de Turín para presenciar la final entre Italia y Dinamarca. La afluencia fue tan grande que los organizadores no disponían de entradas suficientes para todo el público.
Dinamarca se adelantó en el minuto 18. Ševčíková envió el centro desde la derecha y Helene Østergaard Hansen marcó el 0-1. Italia buscó el empate durante la segunda parte y dispuso incluso de un penalti, pero su capitana mandó el balón fuera.
Entonces apareció de nuevo Ševčíková.
Cerca del final, recibió lejos de la portería y lanzó un disparo que entró junto al larguero. 2-0.
Dinamarca se convirtió en campeona de aquel primer Mundial femenino no oficial.
Dos futbolistas formadas en el Slavia de Praga levantaron el trofeo con el equipo danés mientras la selección de su país, que había sido invitada a competir, seguía en Checoslovaquia.
Marie Ševčíková había salido del país después de una invasión y había terminado marcando en una final mundialista.
Sigue siendo una de las futbolistas checas más exitosas de la historia. También una de las menos recordadas.
Un país nuevo, la misma puerta
Checoslovaquia dejó de existir al terminar 1992. Desde 1993, la República Checa comenzó a competir como selección independiente.
El nombre del país cambió. La frontera que separaba a sus futbolistas de una gran fase final permaneció.
Chequia nunca ha disputado un Mundial femenino ni una Eurocopa absoluta. No ha sido por falta de acercarse. La selección ha alcanzado varias eliminatorias y partidos decisivos. Ha tenido generaciones lideradas por jugadoras como Lucie Martínková, Kateřina Svitková o la actual capitana, Klára Cahynová. El 7 de marzo de 2026, Cahynová alcanzó las 126 internacionalidades y se convirtió en la futbolista con más partidos de la historia de las selecciones absolutas checas, por delante de Lucie Martínková, que tenía 125, y de Petr Čech, que conserva el récord masculino con 124.
En 2024 volvió a llegar a la última ronda del play-off para la Eurocopa de 2025. El rival era Portugal. Chequia empató 1-1 en el estadio do Dragão y regresó con la eliminatoria abierta. En la vuelta llegó a igualar de nuevo el cruce, pero Portugal ganó 2-1 en Teplice y se clasificó con un resultado global de 3-2.
Otra vez, el torneo quedó al otro lado.
La entrenadora de la primera victoria
Desde comienzos de 2025, la selección está dirigida por Jitka Klimková.
No es una entrenadora ajena a las primeras veces. Klimková había dirigido anteriormente a Nueva Zelanda y estuvo en el banquillo cuando la selección oceánica derrotó a Noruega en el partido inaugural del Mundial de 2023. Fue la primera victoria mundialista de Nueva Zelanda, masculina o femenina.
Su misión con Chequia consiste ahora en conseguir otra primera vez.
La clasificación para Brasil 2027 empezó bien. La selección llegó a las dos últimas jornadas como líder de su grupo, igualada con Gales y dependiendo de sí misma para conseguir una posición favorable en los play-offs. Pero empató 1-1 en Praga contra Albania y perdió 3-1 en Cardiff. Terminó segunda. La puerta sigue abierta, aunque el camino se ha vuelto mucho más complicado.
Escocia y después otra frontera
Chequia se enfrentará a Escocia en la primera ronda del play-off. La ida se disputará en territorio checo el 9 de octubre. La vuelta será cuatro días después en Escocia.
Quien gane todavía no estará en el Mundial.
En la segunda y última eliminatoria esperará el vencedor del cruce entre Suecia y Lituania. Salvo una enorme sorpresa, eso significa que Chequia o Escocia tendrán que superar después a una de las grandes potencias del fútbol femenino europeo.
Dos eliminatorias. Cuatro partidos.
Más de medio siglo después de que la selección tuviese preparados los carteles para viajar a Italia, las mujeres checas siguen intentando jugar su primer Mundial.
Esta madrugada, los hombres saltarán al césped del Azteca intentando no abandonar uno. Solo una victoria les garantiza el pase.
Las mujeres todavía tienen unos meses antes de volver a encontrarse con su propia frontera. Primero Escocia. Después, probablemente, Suecia.
La primera vez no necesitaron ganar una eliminatoria.
Ya tenían la invitación, el rival, la fecha y los carteles.
Solo les faltó que las dejaran ir.
