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LA OTRA SELECCIÓN

Escocia también juega: el único país europeo que votó contra ellas

En 1971, cuando Europa decidió integrar el fútbol femenino en sus federaciones, hubo un único voto en contra: el de Escocia. Un año después, seis clubes y una secretaria que pidió dinero prestado para comprar las camisetas organizaron igualmente la primera selección. Esta noche, mientras los hombres juegan contra Brasil, conviene recordar quiénes llegaron primero.

La selección femenina escocesa antes de su amistoso en el estadio de San Siro, Milán, 25 de septiembre de 1974. En la fila de atrás, primera por la derecha: Elsie Cook, la secretaria que dos años antes había pedido dinero prestado para comprar las camisetas. En la fila delantera, segunda por la derecha: Mary Carr, la que abrió el marcador en Ravenscraig.
La selección femenina escocesa antes de su amistoso en el estadio de San Siro, Milán, 25 de septiembre de 1974. En la fila de atrás, primera por la derecha: Elsie Cook, la secretaria que dos años antes había pedido dinero prestado para comprar las camisetas. En la fila delantera, segunda por la derecha: Mary Carr, la que abrió el marcador en Ravenscraig.Fotógrafo desconocido / Wikimedia Commons · Dominio público

LA OTRA SELECCIÓN · ESCOCIA

Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.


Esta noche, Escocia se enfrenta a Brasil en Miami. Para la selección masculina es su primera Copa del Mundo desde Francia 1998, veintiocho años después. El fútbol escocés sabe lo que es esperar.

La selección femenina también. Aunque lo suyo empezó mucho antes, y con el país en contra.

El partido de las municioneras

El 2 de marzo de 1918, mientras la Gran Guerra todavía consumía Europa, Celtic Park acogió un encuentro anunciado como un partido entre Escocia e Inglaterra. En realidad, sobre el césped estaban los equipos de trabajadoras de dos grandes fábricas vinculadas al esfuerzo de guerra: Beardmore’s, en Clydeside, y Vickers-Maxim, en Barrow-in-Furness.

El partido reunió a alrededor de 15.000 personas. Vickers ganó 4-0.

El marcador importaba menos que lo otro: en uno de los estadios más conocidos de Gran Bretaña, miles de personas habían ido a ver jugar al fútbol a mujeres que trabajaban en las industrias de guerra.

No sirvió de mucho. Cuando terminó la guerra y los hombres volvieron a los campos, las instituciones se apresuraron a recuperar el territorio. La Scottish Football Association prohibió en 1948 que los clubes afiliados cediesen sus instalaciones a equipos femeninos y que los árbitros y oficiales reconocidos participasen en sus partidos. No era una prohibición de jugar. Era la eliminación sistemática de todo lo que hacía posible jugar de manera organizada.

El único no de Europa

En 1971, la UEFA sometió a votación una propuesta para integrar las organizaciones femeninas existentes en las federaciones nacionales de cada país.

La votación fue 31-1.

Treinta y un países votaron a favor. Escocia fue el único que votó en contra.

No se abstuvo. Dijo que no.

Seis clubes, un préstamo y la nieve de Greenock

Las futbolistas escocesas no esperaron a que la federación cambiase de opinión.

En septiembre de 1972, seis clubes fundaron la Scottish Women’s Football Association. Su primera secretaria, Elsie Cook —entrenadora del Stewarton Thistle— asumió de inmediato la tarea de organizar un partido internacional contra Inglaterra. Negoció el estadio, el desplazamiento, la logística. Cuando llegó el momento de pagar las camisetas, no había dinero. Cook recurrió a un préstamo. El Rangers cedió los pantalones.

El 18 de noviembre de 1972, con el campo de Ravenscraig Stadium cubierto de hielo y nieve cayendo durante la segunda parte, Escocia e Inglaterra jugaron el que hoy se reconoce como el primer internacional de la selección femenina escocesa.

Escocia se adelantó 2-0. Mary Carr abrió el marcador. Luego vino Rose Reilly, de 17 años, que marcó de córner directo. Inglaterra remontó en la segunda mitad y ganó 3-2.

El partido demostró que la selección existía porque sus jugadoras la habían construido solas. Sin permiso, sin presupuesto, con nieve.

La jugadora que tuvo que irse

Rose Reilly no era solamente una adolescente valiente que había marcado de córner en su debut. Era una de las mejores futbolistas de su generación.

Escocia no podía ofrecerle nada. Se marchó primero a Francia y después a Italia, donde pasó dos décadas ganando ligas, copas y títulos individuales. La Scottish Women’s FA le impuso una prohibición vitalicia en 1975, después de que ella y otras futbolistas reclamasen mejores condiciones.

En 1984, Rose Reilly marcó en la final del Mundialito Femminile, el torneo internacional más importante previo al nacimiento del Mundial femenino de la FIFA. Italia ganó 3-1 a Alemania Occidental.

Una futbolista escocesa levantó un título internacional con otra selección porque la suya la había expulsado.

El año que por fin llegaron

La Scottish FA asumió el control de la selección femenina en 1998. Desde entonces, la estructura creció: centros de desarrollo, una competición nacional de máximo nivel y un camino más reconocible para las jugadoras. Tardó casi veinte años en dar frutos en la élite.

En 2017, Escocia disputó su primera Eurocopa. En 2019 llegó su primer Mundial, en Francia, en el Grupo D junto a Inglaterra, Japón y Argentina.

Los dos primeros partidos terminaron en derrota: 2-1 ante Inglaterra, 2-1 ante Japón. En el tercero, frente a Argentina, el pase a octavos dependía de ganar.

Kim Little marcó en el minuto 19. Jen Beattie en el 49. Erin Cuthbert en el 69. Con veintiún minutos por jugar, Escocia ganaba 3-0. Los octavos de final estaban al alcance.

Lo que vino después forma parte de la historia más cruel del fútbol femenino moderno. Argentina marcó en el 74. En el 79, un disparo golpeó el larguero y rebotó en el cuerpo de la portera Lee Alexander: 3-2. En el 90+4, tras una larga revisión del VAR, se señaló penalti. Alexander detuvo el lanzamiento de Florencia Bonsegundo. El VAR intervino de nuevo: la portera se había movido ligeramente antes del disparo. Repetición. Bonsegundo marcó.

3-3. Escocia quedaba eliminada.

El primer Mundial en cuarenta y siete años de historia terminó con un penalti repetido en el tiempo añadido porque una portera no había mantenido el pie sobre la línea en el momento del lanzamiento.

Lo que queda

Escocia no se clasificó para el Mundial de 2023. Kim Little, que había abierto el marcador en París y que con 35 años sigue jugando en el Arsenal —el año pasado fue parte del equipo que conquistó la UEFA Women’s Champions League—, se retiró del equipo nacional en 2021 con 140 internacionalidades y 59 goles.

El testigo lo lleva Caroline Weir, centrocampista del Real Madrid y actual capitana. En la primera fase de la clasificación para Brasil 2027, Weir terminó como máxima goleadora de toda la ronda europea con diez tantos y tres hat-tricks. Escocia ganó su grupo y disputará contra Chequia una eliminatoria a doble partido entre el 7 y el 13 de octubre.

Si avanza, todavía tendrá que superar una segunda eliminatoria contra Lituania o Suecia entre finales de noviembre y comienzos de diciembre.

Más adelante aparece otra posibilidad. Escocia forma parte de la candidatura conjunta del Reino Unido para organizar el Mundial femenino de 2035 junto a Inglaterra, Gales e Irlanda del Norte. Es la única candidatura presentada, pero la adjudicación todavía debe ser ratificada oficialmente por la FIFA. Si lo hace en el Congreso extraordinario que celebrará antes de que termine 2026, Escocia participará por primera vez en la organización de un Mundial femenino y tendrá ante sí la posibilidad de volver al torneo en casa.

Esta noche, mientras la selección masculina busca en Miami su segunda victoria en este Mundial —ya ganaron a Haití, ya perdieron ante Marruecos, un empate podría no bastarles, y solo la victoria les garantizaría el pase—, conviene recordar que la otra selección escocesa lleva en esto desde mucho antes.

Construyeron una federación con seis clubes y un préstamo. Jugaron en la nieve sin permiso de nadie. Sobrevivieron al único no de Europa.

Y siguen diciéndole que sí.

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Redacción · FemGol

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