LA OTRA SELECCIÓN · COSTA DE MARFIL
Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.
Un marcador puede contar lo que sucedió durante noventa minutos. El problema empieza cuando se utiliza para contar todo lo que vino después.
El 7 de junio de 2015, Costa de Marfil disputó el primer partido mundialista de su historia. Delante estaba Alemania, campeona del mundo en 2003 y 2007 y número uno del ranking de la FIFA al comenzar el torneo. Célia Šašić marcó a los tres minutos. Cuando terminó el encuentro, el marcador del estadio de Ottawa mostraba un 10-0.
Para una gran parte del planeta, aquella fue la primera imagen de la selección femenina marfileña. Durante demasiado tiempo, también fue la última.
No habían llegado allí por accidente
Costa de Marfil no apareció en Canadá porque alguien hubiera decidido completar un grupo.
Siete meses antes había terminado tercera en el Campeonato Africano de 2014. En el partido por el bronce derrotó a Sudáfrica y consiguió la última de las tres plazas africanas para el Mundial. Por delante quedaron Nigeria y Camerún; por detrás, una selección sudafricana que años después se proclamaría campeona continental. Era la primera gran hazaña de las Éléphantes.
La diferencia entre aquel equipo y las grandes potencias no desapareció por haber conseguido un billete. Costa de Marfil llegó a Canadá como la selección número 67 del mundo y quedó encuadrada con Alemania y Noruega, dos antiguas campeonas mundiales, además de otra debutante como Tailandia.
El 10-0 fue real. También fue real todo lo necesario para estar allí.
Pero las goleadas poseen una extraña capacidad para borrar el camino anterior. Se recuerdan los goles recibidos, no los obstáculos superados para tener derecho a recibirlos. Se convierte un debut en una sentencia y una diferencia deportiva en una supuesta explicación de todo un país.
Costa de Marfil perdió sus tres partidos y se marchó de Canadá en la fase de grupos. Después del golpe ante Alemania, cayó 3-2 frente a Tailandia y 3-1 contra Noruega. No consiguió puntuar, pero marcó tres goles y mostró una imagen muy distinta a la de aquella primera tarde en Ottawa.
El mundo, sin embargo, ya había elegido su recuerdo. Diez goles pesan más que tres.
Después del Mundial llegó el silencio
Lo más duro no fue perder 10-0. Lo más duro fue desaparecer.
Costa de Marfil no volvió a disputar la fase final de la Copa de África durante doce años. En la clasificación para la edición de 2018 empató 2-2 contra Malí en Abiyán y 0-0 en el partido de vuelta. Quedó eliminada por la regla de los goles como visitante y perdió también la posibilidad de luchar por una plaza para el Mundial de Francia 2019.
La primera participación mundialista no había sido el comienzo de una presencia estable. Había sido una ventana breve.
Mientras otras selecciones africanas crecían, profesionalizaban estructuras o encontraban generaciones capaces de competir internacionalmente, las Éléphantes dejaron de aparecer en las grandes citas. El 10-0 seguía disponible en los archivos. El trabajo diario, las jugadoras que continuaban intentándolo y los clubes que sostenían el fútbol femenino marfileño eran mucho menos visibles.
Hasta que el país comenzó a regresar por otro camino.
El club llegó antes que la selección
En noviembre de 2025, el ASEC Mimosas alcanzó la final de la Liga de Campeones femenina africana.
El equipo marfileño se enfrentó al AS FAR de Marruecos, uno de los grandes proyectos del continente. Empezó perdiendo, empató en la segunda parte mediante Ami Prisca Diallo y solo cedió por 2-1 después de un penalti transformado por Zineb Redouani en el minuto 85.
El ASEC no levantó el trofeo, pero su recorrido demostró algo importante: en Costa de Marfil volvía a existir una base capaz de competir con la élite africana.
Varias de aquellas futbolistas pasaron a formar parte del núcleo de la selección. Entre ellas, Ami Diallo, goleadora en la final continental y finalista del premio CAF a la Mejor Jugadora Interclubes de 2025. La experiencia acumulada por el ASEC ofrecía a la selección algo que no se construye únicamente con concentraciones: futbolistas acostumbradas a jugar partidos internacionales, gestionar eliminatorias y convivir con la presión.
El renacimiento de una selección casi nunca empieza el día en que vuelve a un gran torneo. Empieza mucho antes, en los clubes que permiten que sus jugadoras lleguen preparadas.
Una clasificación que necesita ser explicada
Costa de Marfil tampoco consiguió inicialmente su plaza para la Copa de África de 2026.
En la última eliminatoria se enfrentó a Senegal. Los dos partidos terminaron 0-0 y la clasificación se decidió en los penaltis. Las senegalesas ganaron la tanda por 5-4. Después de doce años esperando el regreso, las Éléphantes se habían quedado fuera por un solo lanzamiento.
Entonces cambió el torneo.
La Confederación Africana amplió la fase final de doce a dieciséis participantes y concedió las cuatro nuevas plazas a las selecciones eliminadas mejor situadas en el ranking de la FIFA. Costa de Marfil fue una de las recuperadas.
No conviene disfrazarlo: la clasificación no se consiguió sobre el campo.
Pero tampoco conviene presentarla como una elección arbitraria. Existía un criterio previo y objetivo, y la posición internacional construida por Costa de Marfil le permitió aprovechar la ampliación. Fue una segunda oportunidad, no una absolución.
Ami Diallo lo explicó con dos palabras que resumen bien la situación: humildad y determinación.
La selección sabe que llega después de haber sido eliminada. También sabe que nadie le devolverá los doce años perdidos si decide afrontar el torneo como una simple invitada.
Un entrenador que ya conoce el camino
La reconstrucción está dirigida por Reynald Pedros.
La Federación Marfileña lo nombró seleccionador en enero de 2025 para sustituir a Clémentine Touré, que había permanecido trece años al frente del equipo. Pedros había ganado dos Ligas de Campeones con el Olympique de Lyon y dirigido a Marruecos en su transformación reciente: subcampeona de África en 2022 y clasificada para los octavos de final del Mundial de 2023 en su primera participación.
Costa de Marfil no lo contrató únicamente para ordenar un equipo. Lo contrató porque ya había acompañado a una selección africana desde la reconstrucción hasta los grandes escenarios.
En abril, las Éléphantes organizaron en Abiyán uno de los grupos de las primeras FIFA Series femeninas. Ganaron 8-0 a Mauritania, 15-1 a las Islas Turcas y Caicos y 2-0 a Pakistán para terminar con tres victorias en tres partidos.
Esos resultados no permiten medir cómo responderá el equipo contra las mejores selecciones de África. Las diferencias con algunas de sus rivales eran demasiado amplias para extraer conclusiones definitivas.
Sí permiten comprobar otra cosa: Costa de Marfil vuelve a jugar, a reunirse, a competir ante su público y a ofrecer a las niñas del país una selección que existe en presente.
Durante años solo hubo un recuerdo. Ahora vuelve a haber partidos.
Marruecos como puerta hacia Brasil
La Copa de África se disputará en Marruecos entre el 25 de julio y el 16 de agosto de 2026. Costa de Marfil formará parte del grupo B junto a Sudáfrica, Burkina Faso y Tanzania. Las dos primeras selecciones avanzarán a cuartos de final.
El torneo también decidirá la representación africana en el Mundial de Brasil 2027. Las cuatro semifinalistas obtendrán la clasificación directa. Las selecciones derrotadas en cuartos disputarán dos eliminatorias adicionales para determinar qué dos países acceden al torneo intercontinental de repesca.
Para regresar al Mundial, las Éléphantes necesitan situarse entre las cuatro mejores selecciones de África o sobrevivir al camino de la repesca.
No es una tarea pequeña.
Sudáfrica representa uno de los proyectos más sólidos del continente. Burkina Faso y Tanzania llegan con la misma oportunidad de convertir la ampliación del torneo en un salto histórico. Y más allá del grupo esperan Nigeria, Marruecos, Zambia, Ghana o Camerún.
Costa de Marfil no parte como favorita. Tampoco partía como favorita cuando derrotó a Sudáfrica en 2014 y consiguió aquel primer billete mundialista.
Lo que queda después de un 10-0
Alemania y Costa de Marfil vuelven a encontrarse hoy en un Mundial, esta vez en su versión masculina.
La coincidencia recupera inevitablemente aquel marcador de Ottawa. El fútbol tiene memoria, pero no siempre decide bien qué conservar.
Debería recordar el 10-0. También debería recordar que Costa de Marfil había sido tercera de África para llegar hasta allí. Que después de recibir diez goles marcó dos en el siguiente partido. Que estuvo doce años fuera de la gran competición continental. Que perdió su eliminatoria de 2025 sin encajar un solo gol. Que un club marfileño alcanzó la final de la Liga de Campeones africana. Que una nueva generación se prepara ahora para disputar una plaza en Brasil.
Una goleada puede formar parte de la historia de una selección. Lo que no puede hacer es terminarla.
Once años después, Costa de Marfil todavía intenta cambiar la última imagen que el mundo conserva de ella. No pretende borrar aquel 10-0. Pretende colocar algo después.
Un regreso. Una Copa de África. Tal vez otro Mundial.
Porque el resultado fue el final de aquel partido. Nunca debió ser el final de las Éléphantes.