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LA OTRA SELECCIÓN

Senegal también juega: aún no ruge, pero ya no pide permiso

Hoy los Leones de la Teranga se miden a Francia bajo todos los focos del Mundial masculino. A la sombra de ese estruendo, las Leonas juegan otro partido más lento y más terco: el de existir, repetirse y acercarse hasta que acercarse deje de ser noticia.

Las Leonas de la Teranga buscan irrumpir con fuerza en el panorama continental africano.
Las Leonas de la Teranga buscan irrumpir con fuerza en el panorama continental africano.Cody Pope, CC BY-SA 3.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0>, via Wikimedia Commons

LA OTRA SELECCIÓN · SENEGAL

Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.


Hay una frase de Mama Diop, delantera y capitana, que ordena mejor que ninguna estadística el momento de Senegal. Después de que la selección masculina conquistara la Copa de África, dijo que aquel título de los hombres las empujaba a apuntar más alto. No lo planteó como envidia ni como agravio. Lo dijo como quien señala un techo y avisa de que piensa tocarlo. Esa es, quizá, la mejor forma de entender a las Leonas de la Teranga: una selección que ya no se mira por contraste con los chicos, sino que usa su sombra como trampolín.

Porque la historia fácil sería la otra. La de siempre. La de unas futbolistas que solo aparecen cuando juegan ellos, mencionadas como reverso, como deuda pendiente, como nota a pie de página del partido importante. Hoy Senegal vuelve al mapa por los Leones y su duelo con Francia, una camiseta reconocible, una identidad rotunda, una generación respetada. Y sería cómodo despachar a las Leonas en una línea, como apéndice de esa fiesta.

Pero una selección no se construye en el margen de otra. Se construye jugando, perdiendo, volviendo y volviendo a perder un poco más cerca. Y eso es exactamente lo que Senegal lleva años haciendo, a un ritmo que no cabe en titulares pero sí en una trayectoria.

Las Leonas no son una potencia. Conviene decirlo pronto y sin adornos: no han ganado una Copa de África, no han jugado un Mundial, no están en el centro de ninguna conversación global. Venderlas como lo que todavía no son sería faltarles al respeto. Pero mirarlas como si no estuvieran haciendo nada sería faltárselo aún más.

Escrito desde los once metros

Su biografía reciente se lee mejor desde el punto de penalti, porque ahí es donde Senegal ha aprendido quién es. En la Copa de África de 2022 llegaron a cuartos y se midieron a Zambia. Nguenar N’Diaye las adelantó en el minuto 61; Avell Chitundu empató para las Copper Queens, y el partido se fue a la tanda, donde Zambia las eliminó. No fue una derrota cualquiera: fue la primera vez en mucho tiempo que Senegal obligaba a una rival con billete mundialista a sudar hasta el último disparo. Habían dejado de estar de paso.

Tres años después, en la Copa de África jugada en 2025, las Leonas volvieron a colarse entre las ocho mejores, y esta vez su entrada fue un portazo. En el estreno barrieron a la República Democrática del Congo por 4-0, con sendos dobletes de Mama Diop y Nguenar Ndiaye en una primera parte demoledora: a la media hora el partido ya estaba resuelto. La CAF lo describió como un golpe sobre la mesa, y lo era.

Después llegó lo difícil, que en el fútbol africano es casi todo lo demás. Zambia, Marruecos, Sudáfrica: el continente entero apretando, cada vez más físico, más técnico, más hondo. Senegal no desfiló por el torneo, lo peleó metro a metro, sufrió, se agarró a la clasificación y acabó cruzándose en cuartos con Sudáfrica, la vigente campeona. Aguantó los 120 minutos a cero. Y otra vez la frontera apareció donde aparece siempre: en los once metros. Sudáfrica ganó la tanda por 4-1 y avanzó. Senegal volvió a casa sin pasar, pero habiendo forzado a una campeona continental a resolver el partido desde el punto fatídico.

El patrón se repitió, con final feliz, en el camino hacia la Copa de África de 2026. El billete se ganó en una eliminatoria asfixiante contra Costa de Marfil: dos empates sin goles, ida y vuelta, y una tanda resuelta por 5-4. Ni festival ofensivo ni fuegos artificiales. Orden, nervio y una portera esperando el disparo correcto. A veces el crecimiento no suena como una goleada; suena como un equipo que no se rompe cuando el marcador no le regala nada.

Cuatro citas decisivas, cuatro tandas de penaltis. Hay algo casi poético en que una selección que pelea por entrar en la conversación tenga su historia escrita desde el lugar más cruel del fútbol, ese en el que no hay término medio: o se pasa o se cae, o se manda o se espera. Senegal ha perdido algunas y ha ganado otras. Pero en todas ha estado, y estar es justamente lo que durante años se le negó.

El mapa del fútbol africano

Conviene poner el termómetro en contexto, porque el fútbol femenino africano se mueve rápido y no espera a nadie. Nigeria sigue siendo la referencia histórica. Sudáfrica ya sabe lo que es levantar el trofeo. Zambia ha convertido su pólvora en presencia internacional. Marruecos ha hecho de la inversión y la estructura una autopista de crecimiento. En ese mapa, Senegal todavía no se sienta en el trono. Pero ya no camina como una invitada que pide permiso para entrar.

Y por eso una selección como esta no se puede medir solo por su palmarés. Hay países en los que una fase final no es un resultado, sino una señal de que el proyecto sigue vivo. Hay camisetas que, cuando aparecen varias veces seguidas en el mismo torneo, empiezan a decirle algo distinto a las niñas que las miran desde el sofá: que ese fútbol también puede ser suyo, que la camiseta nacional no termina donde terminan los Leones, que la Teranga —esa palabra que Senegal ha hecho identidad, hospitalidad y orgullo— también puede calzar botas de mujer.

Dos mundos, dos batallas

La distancia con Francia, rival de hoy de los Leones, ayuda a entender que aquí se habla de dos mundos. La selección francesa vive desde hace tiempo en otra escala: clubes de élite, jugadoras reconocibles, una liga con tradición y la obligación cotidiana de ganar. Senegal está en otro tramo del viaje. No pelea todavía contra el techo de cristal de las candidatas eternas; pelea por ensanchar el suelo que pisa. Pero hay algo poderoso en ese lugar, porque desde ahí cada paso pesa el doble: cada clasificación cuenta, cada tanda deja memoria, cada partido contra una campeona sirve para comprobar si el cuerpo aguanta y si el equipo puede mirar un poco más arriba sin perder el equilibrio.

En la selva, las leonas mandan. En el fútbol, todavía no.

Pero ese “todavía” es la palabra que sostiene la frase. No habla de una derrota definitiva, sino de una construcción a medias, de un espacio que aún no se ha conquistado del todo. Las Leonas de la Teranga no rugen todavía sobre el continente. A veces solo aguantan, a veces solo esperan, a veces sobreviven a un partido que no se abre o a un foco que se apaga demasiado pronto. Pero siguen ahí, repitiéndose, acercándose, apuntando al techo que les marcó su capitana.

Y en el fútbol femenino, seguir ahí nunca es poca cosa.

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Redacción · FemGol

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