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LA OTRA SELECCIÓN

Sudáfrica también juega: Banyana Banyana, la resistencia hecha equipo

Nacieron mientras el país salía del apartheid, perdieron cinco finales continentales antes de conquistar África y tuvieron que pelear por cobrar antes de un Mundial. La historia de Banyana Banyana no consiste en no caer, sino en no aceptar nunca que el suelo sea su lugar.

Sudáfrica también juega: Banyana Banyana, la resistencia hecha equipo

LA OTRA SELECCIÓN · SUDÁFRICA

Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.


Este jueves, mientras la selección masculina de Sudáfrica se enfrenta a Chequia en el Mundial, otra historia del fútbol del país merece salir del segundo plano.

A comienzos de junio, Japón derrotó por 5-0 a la selección femenina sudafricana. No fue una derrota estrecha ni un accidente que pudiera explicarse con una decisión arbitral. Japón desarmó a Banyana Banyana y convirtió el primero de sus dos amistosos en una exhibición.

Tres días después volvieron a encontrarse.

Esta vez Sudáfrica resistió, corrigió sus errores y ganó 1-0 con un remate de Linda Motlhalo. El resultado no entregaba un título ni una clasificación, pero explicaba bastante bien a la selección: Banyana Banyana no se hizo grande porque dejara de perder. Se hizo grande porque aprendió a no quedarse dentro de sus derrotas.

Ahora se prepara para regresar a Marruecos. Allí disputará entre julio y agosto de 2026 una Copa Africana que también servirá como camino hacia el Mundial de Brasil 2027.

Sudáfrica ya no busca que la inviten a la historia.

Busca seguir escribiéndola.

Una selección nacida durante la transformación de un país

La selección femenina sudafricana disputó su primer encuentro oficial el 30 de mayo de 1993 frente a la entonces Suazilandia, hoy Esuatini.

Sudáfrica todavía no había celebrado las elecciones de 1994 que llevarían a Nelson Mandela a la presidencia. El país trataba de abandonar el apartheid y de reconstruir unas instituciones deportivas que durante décadas habían estado condicionadas por la segregación racial y el aislamiento internacional.

El equipo femenino nació dentro de aquel proceso.

Su apodo, Banyana Banyana, suele traducirse literalmente como «las chicas, las chicas», aunque dentro del lenguaje deportivo funciona también como una forma de aliento: «vamos, chicas». Era la versión femenina de Bafana Bafana, el nombre popular de la selección masculina.

Entre las jugadoras de aquel primer equipo estaba Desiree Ellis.

Entonces era centrocampista y vicecapitana. Más de tres décadas después continúa dentro de la misma historia, ahora como seleccionadora y como la entrenadora que condujo al país a sus mayores logros.

Hay pocas selecciones en el mundo cuya evolución pueda seguirse casi por completo a través de una sola persona.

Ellis conoció el nacimiento, las primeras derrotas y los años de invisibilidad. También dirigió la primera participación mundialista, levantó la primera Copa de África y llevó al equipo hasta las eliminatorias de un Mundial.

No heredó Banyana Banyana.

Ayudó a construirla.

Cinco finales para aprender a ganar una

Sudáfrica alcanzó la final africana en su primera participación, en 1995. Después regresó al partido por el título en 2000, 2008, 2012 y 2018.

Perdió las cinco.

Durante más de dos décadas, Banyana Banyana vivió cerca del lugar que quería ocupar sin llegar nunca a conquistarlo. Nigeria dominaba el continente y Guinea Ecuatorial también consiguió interrumpir ese dominio, mientras Sudáfrica acumulaba medallas que demostraban su regularidad y recordaban todo aquello que aún no había ganado.

La final de 2018 fue especialmente dolorosa.

Sudáfrica había derrotado a Nigeria en la fase de grupos y alcanzó el partido decisivo sin haber perdido un solo encuentro. La final terminó sin goles y las nigerianas volvieron a imponerse en la tanda de penaltis.

La derrota, al menos, abrió una puerta nueva: como finalista, Sudáfrica consiguió la primera clasificación mundialista de su historia.

Banyana Banyana había perdido otra final, pero ya no regresaba al mismo punto de partida.

De los Juegos Olímpicos al Mundial

La primera gran aparición internacional había llegado unos años antes, en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Sudáfrica no superó la fase de grupos, pero Portia Modise dejó una de las imágenes del torneo al marcar desde cerca del centro del campo contra Suecia. Modise terminó su carrera con 101 goles internacionales y se convirtió en 2014 en la primera futbolista africana que alcanzaba el centenar con su selección.

Londres no fue una aparición aislada. Banyana Banyana también se clasificó para Río 2016 y, tras aquella final continental de 2018, llegó al Mundial de Francia 2019.

El estreno mundialista mostró la distancia que todavía separaba a Sudáfrica de las principales potencias. Perdió sus tres encuentros frente a España, China y Alemania. Thembi Kgatlana marcó contra la selección española el primer gol mundialista de la historia de su país, pero el equipo regresó a casa sin puntos.

Era fácil interpretar aquella participación como un techo.

Sudáfrica la utilizó como un primer peldaño.

Desiree Ellis y la generación que dejó de conformarse

Desiree Ellis había asumido el banquillo de forma interina en 2016 y fue confirmada como seleccionadora en 2018.

Su equipo creció alrededor de una generación extraordinariamente longeva. Janine van Wyk terminó su carrera internacional con 185 partidos, récord africano. Portia Modise había dejado los 101 goles. Noko Matlou pasó de ser una delantera premiada como la mejor futbolista africana a convertirse en central. Refiloe Jane, Jermaine Seoposenwe, Andile Dlamini y Bambanani Mbane fueron acumulando años y responsabilidades.

A su alrededor aparecieron el talento de Linda Motlhalo, la velocidad de Thembi Kgatlana y la capacidad de Hildah Magaia para aparecer en los partidos decisivos.

La mejor Sudáfrica no necesitaba tener el balón durante todo el encuentro. Se sentía cómoda defendiendo con orden, cerrando espacios por dentro y acelerando cuando recuperaba. Kgatlana podía convertir unos metros libres en una ocasión; Motlhalo aportaba pausa y claridad; Magaia atacaba el área, y Jane sostenía el centro del campo.

No era el equipo más poderoso económicamente ni el que disponía de más futbolistas en las grandes ligas europeas.

Pero había aprendido a reconocerse.

La noche en la que dejaron de perseguir a África

La Copa Africana de 2022 se disputó en Marruecos.

Sudáfrica comenzó derrotando por 2-1 a Nigeria, la gran referencia histórica del continente. Después venció a Burundi y Botsuana, eliminó a Túnez en cuartos y superó a Zambia en semifinales.

Llegó a la final con cinco victorias en cinco partidos.

En Rabat la esperaba Marruecos, anfitriona del torneo, respaldada por un estadio entregado y por el crecimiento de un proyecto que aspiraba a conquistar su primer título continental.

Hildah Magaia marcó dos veces.

Marruecos redujo la diferencia, pero Sudáfrica resistió y ganó 2-1. Después de cinco finales perdidas, Banyana Banyana era campeona de África.

No conquistó el torneo sobreviviendo hasta los penaltis ni beneficiándose de un cuadro favorable. Ganó sus seis encuentros y derrotó durante el camino a Nigeria, Zambia y Marruecos.

La celebración fue también una reclamación.

El presidente Cyril Ramaphosa recibió a las jugadoras en la sede del Gobierno, en Pretoria, y pidió públicamente igualdad salarial. «Sois las reinas de África. Merecéis el mismo salario por el mismo trabajo», les dijo, antes de comprometerse a eliminar toda forma de desigualdad en los sueldos. El título había demostrado el valor deportivo del equipo. Todavía quedaba por conseguir que ese valor se reflejara en sus condiciones.

La prueba llegó apenas un año después.

Tener que pelear antes de poder jugar

La preparación para el Mundial de 2023 terminó convertida en un conflicto público.

Las jugadoras se negaron a disputar el amistoso de despedida frente a Botsuana. Reclamaban garantías contractuales sobre las cantidades que recibirían por participar en el Mundial y cuestionaban las condiciones del estadio elegido para el encuentro. La federación presentó un equipo improvisado, formado por futbolistas que no irían al torneo, y Sudáfrica perdió 5-0.

El conflicto se resolvió pocos días después gracias a la mediación institucional y a una aportación de seis millones de rands de la Fundación Motsepe.

Banyana Banyana pudo viajar, pero el episodio dejó una pregunta incómoda: ¿cómo podía la campeona de África llegar a un Mundial sin tener resueltas sus condiciones económicas básicas?

Aquellas futbolistas tuvieron que negociar para ser tratadas como profesionales y, casi inmediatamente después, competir contra las mejores selecciones del mundo.

Hicieron ambas cosas.

El gol que encontró un lugar para toda una selección

Sudáfrica comenzó el Mundial de Australia y Nueva Zelanda perdiendo 2-1 contra Suecia por un gol encajado en el último minuto.

En su segundo encuentro se adelantó 2-0 ante Argentina, pero terminó empatando 2-2. Había jugado bien, había marcado cuatro goles y solo tenía un punto. Para alcanzar los octavos necesitaba derrotar a Italia.

El partido del 2 de agosto de 2023 fue caótico, emocionante y profundamente sudafricano.

Italia se adelantó de penalti. Un gol en propia puerta permitió empatar a Banyana Banyana. Hildah Magaia puso el 2-1 y Arianna Caruso devolvió la igualdad a las italianas.

En el tiempo añadido, Magaia recibió dentro del área y encontró a Thembi Kgatlana.

La delantera marcó el 3-2.

Sudáfrica consiguió su primera victoria mundialista y se clasificó por primera vez para los octavos de final. Allí fue eliminada por Países Bajos, pero el torneo ya había cambiado la dimensión del equipo.

La historia personal de Kgatlana convirtió aquel gol en algo todavía más difícil de explicar. Había llegado al Mundial después de recuperarse de una rotura del tendón de Aquiles sufrida durante la Copa de África. Además, perdió a tres familiares en las semanas que rodearon el torneo.

Pudo regresar a casa.

Eligió quedarse con sus compañeras y marcó el gol más importante de la historia de Banyana Banyana.

Las mujeres que pagaron el precio de ser visibles

La historia del fútbol femenino sudafricano tampoco puede contarse únicamente mediante resultados y trofeos.

Eudy Simelane, antigua internacional, entrenadora y activista LGTBI, fue violada y asesinada en 2008 en KwaThema. Era una de las primeras mujeres de su comunidad que vivía abiertamente como lesbiana, y su muerte quedó vinculada internacionalmente a la denuncia de la violencia contra las mujeres lesbianas y de las agresiones conocidas como «violaciones correctivas».

Simelane representa una parte mucho más dura de la historia.

Para muchas futbolistas sudafricanas, jugar no significaba solamente desafiar la idea de que el fútbol pertenecía a los hombres. También podía implicar enfrentarse a normas sobre cómo debía comportarse, vestir o amar una mujer.

Banyana Banyana creció dentro de esas contradicciones: reconocida como símbolo nacional cuando ganaba, pero obligada demasiadas veces a justificar su salario, sus condiciones y hasta su presencia.

Por eso sus victorias nunca han sido únicamente deportivas.

Perder la corona sin desaparecer

Sudáfrica llegó como campeona a la Copa Africana denominada oficialmente 2024, aunque disputada en julio de 2025.

Alcanzó nuevamente las semifinales, pero Nigeria recuperó el control de la rivalidad. Las Super Falcons ganaron 2-1 con un gol de Michelle Alozie en el tiempo añadido. Después, Ghana derrotó a las sudafricanas en la tanda de penaltis del partido por el tercer puesto.

Banyana Banyana regresó sin medalla.

El torneo confirmó que África ya no podía entenderse únicamente como una lucha entre Sudáfrica y Nigeria. Marruecos, Zambia, Ghana y otras selecciones estaban creciendo. El margen de error era cada vez menor y parte de la generación que había conquistado el continente se acercaba al final de su recorrido.

Sudáfrica debía renovarse sin perder aquello que la había hecho reconocible.

Esa tarea continúa en 2026.

Marruecos, otra vez

Banyana Banyana consiguió su clasificación para la Copa Africana de 2026 después de superar una eliminatoria muy ajustada frente a la República Democrática del Congo. Tras el 1-1 de la ida, Thembi Kgatlana marcó en el tiempo añadido del segundo partido y evitó una eliminación que habría resultado devastadora.

El torneo se celebrará en Marruecos del 25 de julio al 16 de agosto.

Sudáfrica compartirá grupo con Costa de Marfil, Burkina Faso y Tanzania. Alcanzar las semifinales supondrá obtener directamente un billete para el Mundial de Brasil 2027. Las selecciones eliminadas en cuartos todavía podrán pelear por dos plazas africanas en la repesca intercontinental.

El objetivo no es pequeño.

Sudáfrica quiere disputar su tercer Mundial consecutivo y demostrar que el título de 2022 y los octavos de 2023 no fueron el último destello de una generación irrepetible.

Para prepararse, Ellis llevó al equipo a Japón. Allí recibió cinco goles en el primer partido y encontró una victoria en el segundo.

Tal vez esa sea la mejor forma de llegar a Marruecos: recordando que nada de lo conseguido fue sencillo y que ninguna derrota tiene por qué ser definitiva.

Banyana Banyana no ha construido su historia prometiendo que nunca volverá a caer.

La ha construido demostrando que siempre puede levantarse.

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Redacción · FemGol

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