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LA OTRA SELECCIÓN

Haití también juega: las Grenadières que aprendieron a ser locales lejos de casa

Haití debutó en un Mundial femenino en 2023 y ya pelea por volver en Brasil 2027. Melchie Dumornay es su rostro más reconocible, pero detrás de ella existe una generación que ha aprendido a competir, crecer y representar a su país sin poder jugar realmente en casa.

El estadio de Brisbane (Suncorp Stadium / Lang Park) durante el histórico debut de Haití en el Mundial de 2023 ante Inglaterra.
El estadio de Brisbane (Suncorp Stadium / Lang Park) durante el histórico debut de Haití en el Mundial de 2023 ante Inglaterra.U.S. Army 8TSC / Wikimedia Commons (Dominio Público)

LA OTRA SELECCIÓN · HAITÍ

Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.


Cuando la selección masculina de Haití salte al campo para enfrentarse a Brasil, la tentación será volver a contar la historia del pequeño contra el gigante. Del país que regresa a un Mundial 52 años después frente a la selección que más veces lo ha ganado. Del debut amargo ante Escocia —0-1, solitario gol de John McGinn— y del partido que llega ahora como prueba de fuego. De la posibilidad remota, la hazaña y el milagro.

Pero Haití no necesita que el fútbol femenino le invente un milagro.

Ya tuvo uno. O, mejor dicho, construyó algo que desde fuera se parecía mucho a uno.

En febrero de 2023, la selección femenina derrotó a Chile por 2-1 y consiguió la primera clasificación de su historia para un Mundial absoluto. Los dos goles los marcó Melchie Dumornay, una futbolista que entonces todavía no había cumplido los veinte años. Pero reducir aquella noche a su talento sería contar solo la parte más visible.

Detrás de Dumornay había una generación que llevaba años creciendo junta, marchándose al extranjero y aprendiendo a representar a un país al que muchas veces no podía regresar para jugar.

Las llamaban las Grenadières. Y por primera vez iban a estar en el escenario más grande.

Dos goles para cruzar el mundo

Haití tuvo que llegar hasta Nueva Zelanda para ganarse el derecho a regresar allí unos meses después.

La selección caribeña había quedado fuera de las plazas directas de la Concacaf y debía superar el repechaje intercontinental. Primero venció por 4-0 a Senegal: Roselord Borgella firmó dos de los goles. Después apareció Chile, con una selección más experimentada y una de las mejores porteras del mundo, Christiane Endler.

Dumornay marcó antes del descanso y repitió en el tiempo añadido. Chile recortó la diferencia cuando el encuentro prácticamente se había terminado, pero Haití resistió.

El pitido final no clasificaba únicamente a una selección. También completaba el recorrido de una generación que ya había avisado cinco años antes, cuando Haití disputó el Mundial sub-20 de 2018 en Francia. Fue la primera participación de cualquier selección caribeña en un gran torneo femenino FIFA. Sherly Jeudy marcó el gol que las clasificó, Nérilia Mondésir era la capitana y Kerly Théus defendía la portería. El equipo perdió sus tres partidos, pero dejó algo más importante que los resultados: la demostración de que existía una base.

El éxito de 2023 no apareció de la nada. Había empezado mucho antes.

Un Mundial sin puntos, pero no sin huella

El sorteo no reservó ninguna bienvenida amable para la debutante.

Haití quedó encuadrada con Inglaterra, campeona de Europa; Dinamarca, una selección consolidada en la élite; y China. Tres rivales con más experiencia, más recursos y estructuras mucho más desarrolladas.

Perdió los tres partidos. Inglaterra ganó 1-0. China también se impuso por la mínima. Dinamarca cerró el grupo con un 2-0. Haití terminó sin puntos y sin haber marcado, pero encajó solo cuatro goles en todo el torneo y llegó con vida a la última jornada. Compitió contra la campeona de Europa hasta el final y obligó a cada rival a tomarse en serio a una selección que acudía por primera vez a un Mundial absoluto.

No hubo clasificación para los octavos ni una victoria que pudiera resumirse en un vídeo de celebración. Hubo algo menos espectacular, pero quizá más importante: la certeza de que Haití podía estar allí sin limitarse a ocupar una plaza.

El Mundial no fue el final de una historia. Fue la primera comprobación.

Mucho más que Melchie Dumornay

Hablar de Haití obliga a hablar de Melchie Dumornay.

La centrocampista se ha convertido en una de las futbolistas más importantes de su generación. Su potencia, su capacidad para conducir, su llegada al área y su manera de aparecer en los grandes partidos la han llevado hasta el Lyon, el club de las siete Champions. Ha sido elegida Jugadora del Año de la Concacaf en las dos últimas temporadas —2023/24 y 2024/25—, convirtiéndose en la primera haitiana en ganar ese galardón y en la primera en revalidarlo.

Pero Haití no llegó al Mundial con una sola futbolista.

Del ciclo de 2018 y 2023 forman parte Mondésir —capitana, referente ofensiva—, Borgella, Théus, Kethna Louis y Jeudy, que aparece en todos los capítulos de la historia: marcó el gol que clasificó a Haití para el sub-20 de 2018, estuvo en el Mundial absoluto de 2023 y en abril de 2026 anotó el tanto del 1-1 ante República Dominicana que selló el pase al Campeonato W. Jennyfer Limage, central del equipo de 2023, se lesionó en el primer partido del torneo ante Inglaterra, regresó y dio la asistencia decisiva a Jeudy tres años después.

Luego están quienes representan la continuidad: Claire Constant, que se perdió Australia y Nueva Zelanda por una rotura de ligamento pero marcó en la clasificación de 2026, y jugadoras más recientes como Roseline Éloissaint, Darlina Joseph o Chelsea Domond.

Dumornay puede decidir un partido. La existencia de Haití como selección competitiva depende de todo lo demás.

Jugar en casa sin estar en Haití

En abril de 2026, Haití disputó dos de los partidos decisivos de su clasificación regional en el Stade Roger Zami de Le Gosier, Guadalupe. Figuraba como local. No estaba en casa.

El desplazamiento resume una realidad que atraviesa al fútbol haitiano. La violencia y la inseguridad han obligado a sus selecciones a jugar fuera del país encuentros que deberían celebrarse ante su propia gente. La selección masculina también construyó lejos de Haití buena parte del camino que la devolvió al Mundial después de 52 años.

Las Grenadières han aprendido a vivir dentro de esa contradicción. Representan a Haití, pero se concentran fuera. Ejercen como locales en otros territorios. Muchas de sus futbolistas desarrollan toda su carrera en clubes extranjeros. La diáspora no es un complemento del equipo: es una parte esencial de su supervivencia.

Eso no convierte cada victoria en una solución para el país. El fútbol no puede reparar una crisis humanitaria ni devolver por sí solo la seguridad a las calles. Pero sí puede ofrecer un lugar común. Durante noventa minutos, futbolistas que crecieron dentro y fuera de Haití visten la misma camiseta. Y una afición dispersa encuentra una selección a la que seguir reconociendo como propia.

El camino hacia Brasil pasa por México

Haití ya ha completado la primera parte de su camino hacia el Mundial de 2027.

Terminó primera e invicta del Grupo D de la fase clasificatoria de la Concacaf: diez puntos, diecisiete goles a favor y uno en contra. Goleó a Belize por 9-0 y a Anguila por 5-0, ganó 2-0 en Surinam y selló la clasificación para el Campeonato W con el empate 1-1 ante República Dominicana —el gol de Jeudy, la asistencia de Limage.

En el banquillo ha comenzado también una etapa nueva. En febrero de 2026, la federación confió la selección a Pia Sundhage, una de las entrenadoras con mayor palmarés del fútbol internacional: dos oros olímpicos con Estados Unidos (2008 y 2012), elegida mejor entrenadora del año por la FIFA. Un nombramiento que dice mucho sobre las ambiciones del proyecto.

El siguiente obstáculo será enorme. Haití se medirá a México en los cuartos de final del Campeonato W de la Concacaf, el 28 de noviembre, en el Texas Health Mansfield Stadium. La vencedora se clasificará directamente para Brasil 2027. La perdedora pasará al play-in de la Concacaf, donde todavía podrá conservar una vía clasificatoria.

México llegará como favorita. También era favorita Chile en 2023.

Haití ya sabe que las distancias que parecen inmensas pueden reducirse en un partido.

Volver ya sería otra forma de avanzar

La clasificación para Australia y Nueva Zelanda fue histórica porque nunca había ocurrido. Llegar a Brasil significaría algo diferente: significaría continuidad. Confirmaría que aquella generación no apareció durante un verano para desaparecer después. Que Haití puede aspirar a disputar Mundiales consecutivos. Que Dumornay no es una excepción aislada, sino la futbolista más brillante de un equipo que continúa creciendo a su alrededor.

El gran reto de las Grenadières ya no consiste únicamente en conseguir que el mundo las descubra. Consiste en evitar que el mundo vuelva a olvidarlas.

Mientras la selección masculina se enfrenta a Brasil y busca prolongar su regreso al Mundial, la otra selección del país también prepara su propia batalla. No juega en casa. Muchas veces ni siquiera puede acercarse a ella.

Pero sigue jugando por volver.

Porque Haití también juega. Y las Grenadières ya demostraron que no necesitan que nadie les regale un lugar.

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Redacción · FemGol

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