Saltar al contenido
LA OTRA SELECCIÓN

Uruguay también juega: la Celeste que se plantó antes de hacer historia

Mientras los hombres se juegan la clasificación ante España, la otra Celeste sale del relato: la selección femenina que nunca jugó un Mundial, que pasó 24 años sin volver al Centenario y que, seis días antes de su mejor Copa América, se plantó para exigir condiciones.

La selección femenina de fútbol de Uruguay.
La selección femenina de fútbol de Uruguay.Intendencia de Montevideo / Agustín Fernández · Wikimedia Commons · CC BY-SA 4.0

LA OTRA SELECCIÓN · URUGUAY

Durante el Mundial masculino, FemGol recorre la historia de algunas de las selecciones femeninas de los países que saltan al campo. Porque el fútbol de un país no cabe en un solo equipo.


Uruguay llega a la última jornada del Mundial masculino sin haber ganado. Después de empatar ante Arabia Saudí y Cabo Verde, la selección de Marcelo Bielsa necesita vencer a España para asegurarse la continuidad y evitar una eliminación que resultaría difícil de explicar en un país acostumbrado a medir su fútbol en estrellas, títulos y gestas imposibles.

Al otro lado del mismo escudo existe otra Celeste.

Comparte las cuatro estrellas, pero ninguna cuenta su historia. Nunca ha disputado un Mundial y acaba de quedarse fuera del que se celebrará en Brasil en 2027. Sin embargo, hace menos de un año consiguió una de las mejores actuaciones de su historia después de hacer algo que en Uruguay debería entenderse perfectamente: plantarse.

Seis días antes de comenzar la Copa América de 2025, las jugadoras se negaron a entrenar.

No pedían premios por ganar. Pedían condiciones para poder intentarlo.

Antes de que la AUF las reconociera

La selección femenina uruguaya no comenzó cuando la Asociación Uruguaya de Fútbol decidió organizarla.

Hay constancia periodística de un partido entre equipos representativos de Uruguay y Argentina disputado en el estadio Belvedere en 1962. Ocho años después, Zulma Palavecino, vinculada a Nacional, impulsó junto a otros dirigentes la creación de la Asociación Amateur de Fútbol Femenino. Aquella AAFA organizó desde 1971 una competición en la que participaron equipos de Montevideo y del interior del país. Nacional ganó las cinco primeras ediciones.

Jugaban Las Águilas Negras, Las Amazonas, Las Charrúas, Las Rebeldes de Florida y Las Estrellas de Santa Lucía. Había también equipos de San José, Tacuarembó y Sarandí.

Había fútbol femenino en Uruguay. Lo que todavía no había era una estructura que quisiera conservarlo.

La AUF tardó hasta 1996 en crear un consejo específico y registrar oficialmente a sus primeras futbolistas. El 27 de octubre de ese año comenzó un campeonato experimental de fútbol cinco. En 1997 llegó la primera liga de once contra once.

También en enero de 1997, Uruguay disputó ante Canadá el primer encuentro oficial de su selección femenina reconocido por la federación. Perdió 1-3 en el estadio Centenario, como preliminar del partido masculino entre Uruguay y Argentina correspondiente a la clasificación para Francia 1998.

Ellas jugaron mientras el público esperaba verlos a ellos.

Después tuvieron que esperar 24 años para regresar.

Veinticuatro años fuera del Centenario

La siguiente aparición de la selección femenina en el Centenario no llegó hasta junio de 2021.

Entre el partido contra Canadá y el regreso frente a Puerto Rico transcurrieron casi dos décadas y media. Uruguay ganó aquel día por 5-1, pero el resultado explicaba menos que el escenario: la selección de un país que construyó buena parte de su identidad alrededor de aquel estadio había pasado 24 años sin que sus futbolistas regresaran a él.

Durante ese tiempo, la Celeste compitió sin llegar a asentarse entre las principales selecciones sudamericanas. Su mejor clasificación continental fue el tercer puesto de la Copa América de 2006, que le permitió acudir a los Juegos Panamericanos del año siguiente. Nunca consiguió entrar en una Copa del Mundo ni en unos Juegos Olímpicos.

Hubo generaciones capaces de acercarse. La selección sub-17 fue subcampeona de Sudamérica en 2012 y disputó el Mundial de la categoría. Belén Aquino y Esperanza Pizarro, dos de las referentes actuales de la absoluta, crecieron dentro de una estructura juvenil que comenzó a competir con mayor continuidad.

El problema ya no era demostrar que en Uruguay había futbolistas.

Era conseguir que pudieran desarrollarse como tales.

Jugar sin ambulancia

En junio de 2024, las jugadoras de la selección aprovecharon un amistoso frente a Rusia para respaldar públicamente las reclamaciones de las futbolistas del campeonato local.

Denunciaron la reducción del número de partidos, la utilización cada vez mayor de complejos deportivos en lugar de estadios y la ausencia de ambulancias, camillas, seguros médicos y otros servicios básicos. La protesta llegó, además, durante una fecha FIFA marcada por cambios de última hora en la organización de los amistosos.

No estaban reclamando que el fútbol femenino uruguayo se pareciese inmediatamente al masculino.

Estaban reclamando que se pareciese a una competición deportiva.

Un año después, el conflicto alcanzó directamente a la selección absoluta. Uruguay debía disputar la Copa América de 2025 en Ecuador, pero su preparación volvió a estar marcada por la improvisación. Las internacionales cuestionaron la planificación del viaje, las condiciones de entrenamiento, los viáticos y que ni siquiera pudieran utilizar con normalidad todas las instalaciones del Complejo Celeste mientras preparaban el torneo.

El 5 de julio decidieron no entrenar.

«Seguimos sin respuesta favorable a la mejora de nuestras condiciones», explicaron. La medida, añadieron, no iba contra su pasión, sino a favor de un derecho justo.

El equipo levantó la protesta después de alcanzar un acuerdo con la federación, apenas unos días antes del debut.

Entonces comenzó a jugar.

Con todo en contra

Uruguay empató 2-2 ante Ecuador en el partido inaugural después de ponerse dos goles por delante. Perdió por la mínima ante Argentina, venció 1-0 a Perú y llegó a la última jornada necesitando derrotar a Chile.

Lo hizo por 3-0.

Por primera vez, la Celeste accedió a una semifinal eliminatoria de la Copa América. El tercer puesto obtenido en 2006 había llegado mediante un cuadrangular final; en 2025, Uruguay tuvo que ganar un partido decisivo para entrar entre las cuatro últimas.

Pamela González, capitana y una de las futbolistas que había encabezado las reclamaciones, no permitió que el resultado borrase lo ocurrido antes del torneo.

«No hemos venido con una buena preparación», recordó después de eliminar a Chile. Aun así, concluyó, habían entrado en la historia «con todo en contra».

Brasil frenó la aventura en semifinales con un 5-1. En el partido por el tercer puesto, Uruguay volvió a enfrentarse a Argentina, empató 2-2 y cayó en la tanda de penaltis. Acabó cuarta, con Belén Aquino, Wendy Carballo y Pamela González como máximas goleadoras del equipo, con dos tantos cada una.

No superó la posición de 2006.

Pero demostró que aquella medalla no tenía por qué ser un recuerdo aislado.

Una generación que salió fuera

La Celeste actual también cuenta la lenta transformación del fútbol uruguayo a través de los destinos de sus jugadoras.

Pamela González desarrolló buena parte de su carrera en España antes de incorporarse al Racing Power portugués. Esperanza Pizarro llegó al Deportivo de La Coruña. Belén Aquino pasó del Internacional al Corinthians. Wendy Carballo juega en el Bahia.

La selección depende cada vez más de futbolistas que tuvieron que salir del campeonato nacional para encontrar estructuras más competitivas.

Ese talento no bastó para llegar a Brasil 2027.

Uruguay terminó octava en la primera Liga de Naciones femenina de la Conmebol, con una victoria, tres empates y cuatro derrotas. La derrota por 1-0 ante Colombia terminó de dejarla fuera de las plazas mundialistas y cerró el torneo con un empate frente a Venezuela en el Centenario.

La distancia con las mejores selecciones sudamericanas continúa siendo grande. También lo es la que separa una buena generación de una estructura capaz de sostenerla.

La otra manera de resistir

Uruguay ha convertido la resistencia en parte de su mitología futbolística.

La llama garra, la representa mediante cuatro estrellas y la utiliza para explicar cómo un país pequeño puede competir contra cualquiera.

Para las futbolistas, sin embargo, resistir nunca consistió únicamente en aguantar dentro del campo. También significó jugar durante décadas sin reconocimiento, pasar 24 años lejos del Centenario, competir sin condiciones elementales y detener un entrenamiento cuando continuar habría servido para normalizarlo todo.

La selección femenina uruguaya todavía no ha llegado a un Mundial.

Pero ya hizo algo que también forma parte de la historia de la Celeste: negarse a aceptar que su lugar estaba decidido de antemano.

★ BOLETÍN SEMANAL

Lo mejor de FemGol, cada semana

Recibe una selección de las noticias, historias y protagonistas que merece la pena leer sobre fútbol femenino, cada semana directo a tu buzón.

Gratis · Boletín semanal · cancela cuando quieras
Al suscribirte aceptas la política de privacidad.

Sigue leyendo

Añade FemGol a tus fuentes preferidas en Google →
RF

Redacción · FemGol

Equipo Editorial

Cobertura colectiva de la actualidad de la Liga F, fichajes, ruedas de prensa e información del día a día del fútbol femenino.

contacto@femgol.com